Sobre Emilia Pardo Bazán, Alexa y la inteligencia artificial

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Tras un año de confinamiento en el paraíso que es Galicia, el broche-gala de Top 100 me trajo a Madrid, y aquí sigo, porque la visita se fue prolongando en encuentros, personales primero y profesionales después.

El formato online de relaciones se extiende porque la tendencia se convierte en hábito, y, fundamentalmente, porque todavía dura esta incertidumbre cuyo sello, también se nota en las relaciones. Claro que, como siempre, depende de las experiencias de cada cual, de la personal lectura de lo que pasa y de lo que hay o corresponde hacer, del compromiso a asumir y, en definitiva, de la posibilidad de elegir de lo más profundo a lo más trivial y cotidiano.

Yo opto por cuidarme más que antes, no solo porque quiero llegar sana y salva a la 10ª edición del Top100, sino, y especialmente, por la gente que me quiere -hacia arriba, hacia abajo y hacia los costados. Bajo por Ponzano y la jungla de mesas y de jolgorio me hace temblar, no solo porque resulta difícil hacerse un hueco, sino porque las mascarillas parecen elementos del pasado. Solo por un rato, porque a los pocos días, me toca vacunarme en el Wizink Center y la dimensión cambia: me conmueve la entrega del personal sanitario y pienso que les debemos la responsabilidad de pensar en los otros.

Noto el cambio en la perspectiva que tienen hoy las cosas y los hechos para mí. Derivado de la incertidumbre y la obligación de reordenar nuestra propia vida, objetivos, prioridades.

Volviendo del encuentro con una gran amiga, y obligándome a caminar para recuperar el estatus perdido gracias a las permanentes conexiones sentada, paso por la Biblioteca Nacional y me detengo en las figuras de los grandes hombres que la presiden. La misma institución se refiere en su página web a “Las seis insignes figuras que ‘habitan’ en la entrada de la BNE: Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Alfonso X El Sabio, San Isidoro, Luis Vives y Antonio de Nebrija”.

Pienso en las escritoras en general y en particular en las elegidas en las sucesivas ediciones del ranking, y mientras hago el ejercicio de recordarlas a ellas y tantas otras, diviso la foto de Emilia Pardo Bazán. Es que Emilia Pardo Bazán. El reto de la modernidad es la exposición con la que del 9 de junio al 26 de septiembre se homenajea a la escritora. La tengo muy presente, porque desde mi ventanal que da al mar gallego, veo su castillo y pienso en que mujeres como ella, deberían ocupar ya el podio de las “insignes figuras”.

Leo en mi Flipboard un artículo de La información cuyo título es: “Alexa y Siri fomentan el estereotipo de mujeres sumisas y la cultura del acoso”.

Pongo a prueba a Alexa mientras busco algo que ver en Amazon, Netflix, HBO, Movistar o Filmin y la ayuda es colosal. Pero si me pongo en plan Joaquin Phoenix en “Her” preguntándole cosas y desafiándola, paso de reírme bastante, hasta comprobar que la inteligencia artificial tiene todavía mucho que aprender no solo a la hora de interpretar las emociones humanas, sino entre tantas otras cosas, “las cuestiones de género”.

Esto me lleva al gran tema de cuánto falta para que la brecha STEAM desaparezca y por qué todo lo hecho, no es bastante. Lo crucial que es que las mujeres sean productoras y no sólo consumidoras. Lo pendiente, lo urgente.

Nos debemos ese paso, además de todos los otros que nos obligamos a dar a diario, para que las cosas cambien. Para que nuestras vidas sean mejores, y para que las nuevas generaciones, tengan un espejo diferente en el que poder mirarse.

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Periodista y Empresaria, es fundadora y CEO de Mujeres&Cía y de Las Top 100 Mujeres Líderes en España. Su última iniciativa es engageMEN, una plataforma para comprometer a los hombres en el cambio de la sociedad. Diversidad y talento en las empresas, liderazgo, lobby femenino y poder, emprendimiento y networking son algunos de los temas que imparte en conferencias y talleres. Es autora de Seis mujeres, seis voces, otra mirada sobre la mujer y el poder.