Publicidad, estereotipos y discriminación

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Normal 0 21 false false false ES X-NONE X-NONE Si queremos cambiar el mundo, hay que invertir en educación, porque es invertir en progreso. Parafraseando a Jacques Delors: “La educación es un factor indispensable para que la humanidad pueda conseguir los ideales de paz, libertad y justicia social”.

En COMUNICACIÓN Y PUBLICIDAD, después de 20 años, muchos de los Objetivos Estratégicos de Beijing en 1995, siguen sin alcanzarse. Por ejemplo el J.1 (Aumentar la participación y acceso de las mujeres a la toma de decisiones y a la libertad de expresión a través de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías) y el J.2 (Fomentar una imagen equilibrada y no estereotipada de las mujeres en los medios de comunicación).

Las estadísticas nos dicen que 6 de cada 10 licenciada/os universitarios en la UE son mujeres, pero el 80% de los miembros de los Consejos de Administración de las empresas que cotizan en bolsa, son hombres. La invisibilidad de las mujeres es una característica constante y demostrable. Están ausentes en las noticias y cuando aparecen, suele ser por cosas cotidianas y efímeras sin ninguna trascendencia social.

Es una constante que los estereotipos se marcan, se distorsionan y se mantienen. Se apela una vez más a la responsabilidad social que tienen los medios, instándoles eliminar los anuncios de prostitución, recordando que los tabloides que insertan publicidad de sexo, son cómplices de las mafias de tráfico y trata de mujeres, siendo el proxenetismo un delito de explotación sexual contemplado en el Código Penal.

En cuanto a las empresas publicitarias vulneran de forma reiterada la ley de igualdad y los derechos fundamentales de las mujeres y niñas, lanzando mensajes atractivos a la juventud que hacen que anuncios  que reflejan un asesinato de una mujer o una violación, no sean vistos como tales. Las niñas utilizadas con aspecto y vestidos de adolescentes, utilizando relleno en los pechos y con posturas  eróticas.  La mujer en publicidad es tratada con absoluto menosprecio.

En cuanto a la DISCRIMINACIÓN LABORAL, la presencia de las mujeres en los puestos intermedios de las empresas está consolidada, pero a partir de ahí, los puestos superiores se les resisten. Las estadísticas nos dicen que 6 de cada 10 licenciada/os universitarios en la UE son mujeres, pero el 80% de los miembros de los Consejos de Administración de las empresas que cotizan en bolsa, son hombres. Concretamente, en España, solamente un 18,92% son consejeras en los consejos de las empresas del Ibex 35. Los comités de dirección cuentan con muchas menos mujeres de lo que debería ser hoy día un hecho, y en el nivel inmediatamente inferior del comité de dirección tampoco hay muchas directivas.

Lo cierto es que las mujeres tienen talento pero no llegan, entre otras cosas, no por falta de méritos sino por la falta de oportunidades, porque quienes las seleccionan son hombres. A pesar de que se ha demostrado ampliamente que las empresas en las que hay hombres y mujeres en los consejos son más rentables y han sido las que mejor han aguantado la crisis. Por ello debemos forzar el cumplimiento de la ley para que suceda como en política donde en las listas paritarias se están cumpliendo prácticamente los porcentajes de 40/60.

Si la participación de las mujeres en el trabajo, se equiparara a la de los hombres, el  PIB se elevaría de forma permanente un 22% en España (5% en  EE.UU, 12% en los  Emiratos Árabes, 34% en Egipto).

La OIT sostiene que casi la mitad de las mujeres en edad de trabajar, no son parte activa en la economía formal, lo que las convierte en la fuente de empleo más inutilizada. Por el contrario están sobrerrepresentadas en la economía sumergida, en los empleos temporales y en los contratos a tiempo parcial, muchos de los cuales con baja productividad, bajo salario con escasos beneficios sociales, y posibilidades limitadas de promoción.

Se han abordado temas como la Educación, la Comunicación y la Discriminación Laboral, pero hay muchos más puntos importantísimos que faltan por analizar. La Violencia de Género por su crueldad y pasividad de la sociedad, se merece un texto para ella sola.

Si estamos de acuerdo en que la igualdad es un valor social y democrático, hay que cambiar de estrategia urgentemente.

La movilización social, la educación, las medidas fiscales y tributarias y la toma de conciencia individual y colectiva, tanto de mujeres como de hombres, es lo que puede finalmente hacernos conseguir transformar la sociedad, para que sea más justa y equitativa. Finalizo esta reflexión con las esperanzadoras palabras de André Malraux: “La tradición no se hereda, se conquista”.

*Giovanna G. de Calderón es Presidenta de Mujeres para el Diálogo y la Educación

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