Las personas son las verdaderas protagonistas

121

Hace tiempo que las empresas avanzadas se dieron cuenta de que necesitaban a las personas en cuerpo y alma. Y “necesitar” no quiere decir que sean lo más importante, sino que para los fines de competitividad, las personas son el elemento indispensable.

Por tanto, hacía falta construir historias donde las personas fueran protagonistas. Y un buen símil son las películas, ¿no? Las películas tienen “protagonistas”: son personajes que juegan un rol destacado, un rol que enseguida conecta con quien observa. Claro que una película es ficción y una empresa es ¿realidad? El management usa el lenguaje de ficción porque sabe que durante muchos años ha conectado con los sentimientos de la gente.

Es la empresa sin personas, un objetivo contradictorio pero manejable como tendencia. Productividad quiere decir hacer más con menos, donde “menos” se aplica, por supuesto, también a las personas.Sin embargo, la película dura dos horas. Y la empresa quiere más. Por eso necesita volverse camaleónica. Sabe que no va a poder ofrecer seguridad. Ya no constituye un eje vertebrador de la vida de las personas por su obsesión en los resultados de corto plazo. Lo que vale es lo de hoy. Considerado como “coste”, el “personal” (esa forma aséptica de agrupar al género humano) debe ser el mínimo posible. Es la empresa sin personas, un objetivo contradictorio pero manejable como tendencia. Productividad quiere decir hacer más con menos, donde “menos” se aplica, por supuesto, también a las personas.

Las empresas se mueven como serpientes para dar sentido a su obra colectiva. Alusiones épicas a grandes esfuerzos para grandes logros, luchas y sudor para ganar en competitividad. Porque en lo alto de la colina, al conquistar ese nuevo mercado, el ganador se lo lleva todo. Nada de win-win. A la competencia ni las migajas. A no ser que podamos llegar a un acuerdo por el que coloquemos los precios de forma pactada convirtiendo al cliente en enemigo al que, por fin, hemos logrado avasallar.

La película puede dejar unas secuelas, pero son dos horas. La empresa puede dejar otras secuelas, más profundas. Porque permanece durante mucho tiempo hurdiendo tramas en nuestras vidas. Nos desplaza de un lugar a otro en aras de la globalización, nos propone organizaciones y desorganizaciones, nos hace participar en la construcción del guión. Todo una retahíla en la que, sin embargo, no tenemos baza para hablar del final. La película parece interminable y nuestras emociones pasan por altibajos. Estamos atrapados por la trama y la empresa juega a que seamos felices ¿en la ficción?

En fin, escribir sobre la ficción y la realidad tiene que ver con mis últimas lecturas. Unes La corrosión del carácter, de Sennet, con Storytelling, de Christian Salmon, y Vida de Consumo, de Zymunt Bauman, y ya está: no sabes si habitas un mundo real o imaginario. Relájate y sé feliz.

También te pueden interesar…

¿Ya has visitado Proyecto yo en nuestra ZONA VIDA PERSONAL?