La Igualdad queda afuera de los nuevos planes Bolonia

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Fátima Arranz, explica cómo las Juntas de cada Facultad -compuestas en su mayoría por hombres, y responsables de hacer la adaptación del Plan Bolonia en las universidades españolas-, han dejado de lado las asignaturas de género en el plan de reducción de créditos en los grados universitarios.

No se han integrado como debería las asignaturas de género en los nuevos planes de estudio del Plan Bolonia. La Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación es responsable, según Fátima Arranz, del Departamento de Sociología IV de la Facultad Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. La profesora explica que este organismo “tendría que haber revisado y vigilado para que se cumplieran las recomendaciones de la Ley de Igualdad y la inclusión de las asignaturas de género en los nuevos planes de estudio, pero no lo ha hecho”.
Al no haber departamentos de género y quedando en manos de las juntas de facultad, fuertemente masculinizadas, la nueva configuración de los planes de estudios, en la que ha habido que reducir un curso, la igualdad se queda fuera, se olvida. 
Los ejemplos más avanzados en formación en género los encontramos en la Universidad de Valencia, que en 2008 logró que se aprobase su propuesta de integración de estudios de género en los títulos de grado, y en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC), que cuenta con el único Grado en Igualdad de Género que puede realizarse en España. En la URJC han conseguido algo que en el resto de universidades es, a día de hoy, impensable. Han implantado una asignatura transversal que se imparte en todos los grados: Deontología profesional, principios jurídicos básicos e igualdad.
Para Arranz “la transversalidad es hoy una ironía”. Asegura que no hay profesorado especializado en género, con lo que el temario específico de género “o se salta o se imparte inadecuadamente”. Y es que para que haya profesorado, “tiene que haber formación”.
Alguien tiene que ceder
El problema fundamental, según esta académica que ha participado en el proceso de adaptación de los planes de estudio de su facultad, es que no hay departamentos de específicos de género e igualdad. “No quieren transformarlo en departamento porque no quieren repartir el poder”, argumenta, señalando, una vez más, el trasfondo patriarcal que dirige los hilos de la injusticia: el orden social está manejado por hombres, y no quieren ceder.
Al no haber departamentos de género y quedando en manos de las juntas de facultad, fuertemente masculinizadas, la nueva configuración de los planes de estudios, en la que ha habido que reducir un curso, la igualdad se queda fuera, se olvida. En el caso de masters o seminarios, se han respetado más, “porque tenían otra lógica y cuentan con la financiación del Instituto de la Mujer”, matiza la profesora.
No se han integrado como debería las asignaturas de género en los nuevos planes de estudio del Plan Bolonia. Así, el ideal que marca la Ley de Igualdad no se cumple en nuestras universidades. Los estudios de género son aún un asunto desvalorizado, no se ve su importancia, su trascendencia y su necesidad. La formación en igualdad de las nuevas generaciones y la configuración de un ámbito de conocimiento plural, abierto y que tienda a la superación de lo establecido son prioridades que quedan postergadas, una vez más.

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