Julia Gillard, revalida su liderazgo al frente del Partido Laborista

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Después de que se cuestionara la capacidad de Julia Gillard para llevar a su formación a la victoria en los próximos comicios legislativos, la primera ministra de Australia revalidó su liderazgo al frente del Partido Laborista en las elecciones internas. Gillard pasó la prueba sin encontrar rival, el ex primer ministro Kevin Rudd, considerado hasta entonces su máximo rival, reconoció pocos minutos antes del comienzo de la reunión que carecía del apoyo suficiente para deponer a Gillard. 

La votación fue anunciada horas antes por la jefa del Ejecutivo para intentar así poner fin a las tensiones en el seno del partido gobernante y cuando las agrupaciones políticas se preparan para pugnar en las elecciones generales del próximo 14 de septiembre.

De forma inesperada Gillard anunció en el Parlamento federal que había convocado a los miembros de la ejecutiva de su partido a una votación interna para elegir a la presidencia y vicepresidencia.

"No se ha celebrado votación puesto que no hubo rivales", apuntó Hayes, quien precisó que lo ocurrido "aleja cualquier duda que cuestione sobre quienes recae el actual liderazgo del partido".En una breve nota emitida tras el conato de rebelión, la primera ministra señaló que aceptaba el apoyo demostrado por su partido y que de esta manera se ponía fin a la "incertidumbre" de los últimos meses.

Tras la reunión, el portavoz de los laboristas, Chris Hayes, dijo a los periodistas que la votación no se llevó a cabo dado que no se presentó ningún candidato a la presidencia y vicepresidencia, por lo que Gillard y su ministro del Tesorero Wayne Swan, se mantenían en los cargos.

"No se ha celebrado votación puesto que no hubo rivales", apuntó Hayes, quien precisó que lo ocurrido "aleja cualquier duda que cuestione sobre quienes recae el actual liderazgo del partido".

La convocatoria se produjo después de que el destacado miembro del Partido Laborista, Simon Crean, pidiera públicamente renovar la cúpula de la formación y alentara a Rudd a hacerse con las riendas.

El conato de rebelión supuso para Cream su salida del Ejecutivo de Gillard, el que desempeñaba el cargo de ministro de las Artes y en el que era también de titular del Ministerio de Desarrollo Regional.

En 2010, Gillard desbancó a Rudd del cargo de líder del partido y de la jefatura del Ejecutivo a raíz de la revuelta que surgió en el seno de la formación.

"Algo se necesita hacer para romper con este punto muerto, para resolver este asunto de una vez por todas", dijo Crean a periodistas en Camberra, después de que el Ejecutivo fracasara en su intento para que se apruebe en el Parlamento una reforma a la prensa.

Cuando ya están a la vista los comicios generales del próximo 14 de septiembre, las encuestas apuntan que el partido gubernamental tiene un 48% de la intención de voto, mientras que a la coalición conservadora va un 52 por ciento.

Esta lucha por el liderazgo no es nueva ya que en febrero de 2012 Gillard se impuso a Rudd en la votación interna celebrada por los laboristas para zanjar la crisis de entonces.

Las pugnas por el poder en el seno del partido se han sucedido a pesar de que en el ámbito económico Australia ha evitado caer en la recesión y registra crecimiento continuo desde hace 21 años.

Gillard se convirtió el 24 de junio de 2010 en la primera mujer en dirigir el Ejecutivo australiano tras la renuncia al cargo de Rudd a causa de una repentina revuelta surgida por desacuerdos en el seno del Partido Laborista y a dos meses de los comicios generales.

Entonces, la popularidad de Rudd había caído en picado debido en gran parte a la campaña emprendida con él por la poderosa industria minera indignada por la decisión del gobierno de aumentar hasta el 40% el impuesto sobre el dividendo que genera el sector.

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