El liderazgo, en su forma más transformadora, consiste en servir, guiar e influir. En esencia, una persona líder es alguien que ejerce influencia positiva sobre quienes le rodean, inspirándoles a alcanzar su máximo potencial y desafiándoles a superar obstáculos.
El liderazgo puede manifestarse de diversas formas y contextos, desde el ámbito empresarial y político hasta el deportivo, educativo o comunitario. Se trata de crear y comunicar eficazmente una visión convincente, formar equipos fuertes, empoderarlos y garantizar que estos equipos conviertan la visión en objetivos compartidos más tangibles y, en última instancia, en una realidad.
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Un liderazgo efectivo no solo se centra en lograr resultados tangibles, sino también en cultivar relaciones sólidas y fomentar un ambiente de trabajo colaborativo y motivador. Esto implica escuchar activamente a los demás, reconocer y valorar sus contribuciones, y brindar orientación y apoyo cuando sea necesario.
Además, el liderazgo conlleva una responsabilidad ética y moral hacia aquellos a quienes se lidera, así como hacia la organización o comunidad en su conjunto. Los líderes deben actuar con integridad, transparencia y equidad, tomando decisiones que beneficien al grupo en su totalidad y no solo a intereses personales o de unos pocos.
La empatía: piedra angular del liderazgo
Para construir tal comprensión, los líderes deben cultivar relaciones genuinas con los miembros de su equipo y convertir esas relaciones en relaciones de confianza, la piedra angular de equipos fuertes y un liderazgo eficaz. Aquí es donde entra en juego la inteligencia emocional, particularmente la empatía. La empatía permite a los líderes ponerse en el lugar de los miembros de su equipo, ver el mundo a través de sus lentes y comprender sus desafíos y aspiraciones únicos.
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Sin embargo, la empatía en el liderazgo no está exenta de complejidades. Quienes lideran a menudo se encuentran con miembros del equipo que enfrentan una variedad de problemas, ya sean consecuencias de enfermedades, agotamiento, conflictos interpersonales o asuntos personales y familiares graves. Aquí, el concepto de empatía distanciada se vuelve vital.
¿Empatía a distancia?
Si bien la empatía es un requisito previo para liderar a las personas de manera eficaz, mantener una cierta distancia emocional es igualmente importante. Esta «empatía distanciada» permite a los líderes permanecer objetivos y tomar decisiones acertadas sin sentirse abrumados por el peso emocional de los problemas de los miembros de su equipo.
Algunos consejos de Patrick Flesner para aplicar la empatía distanciada:
- Fomentar una cultura de comunicación abierta: crear un entorno donde los miembros del equipo se sientan cómodos compartiendo sus inquietudes, sabiendo que su líder mantendrá una perspectiva profesional.
- Escuchar y observar activamente: los líderes deben escuchar y observar activamente, comprendiendo los matices de las comunicaciones de los miembros del equipo, tanto verbales como no verbales.
- Reconocer y respetar los límites: los líderes deben reconocer los límites personales y profesionales, tanto en ellos mismos como en los miembros de su equipo.
- Brindar apoyo sin identificarse demasiado: los líderes deben ofrecer apoyo y recursos, pero evitar enredarse emocionalmente tanto que obstaculice su capacidad para liderar de manera efectiva.
- Tomar decisiones con desapego compasivo: equilibrar la compasión con un nivel de desapego es clave para tomar decisiones que sean justas y beneficiosas tanto para el individuo como para el equipo.
La empatía distanciada es la piedra angular del liderazgo eficaz. Se trata de liderar con el corazón y la mente, garantizando una profunda empatía por los miembros del equipo y manteniendo al mismo tiempo la claridad y objetividad necesarias para una toma de decisiones eficaz. Los líderes que practican la empatía distanciada lideran de manera profesional y más efectiva, ya que garantizan que las conexiones personales coexistan con la excelencia profesional.