Cooperativas, un instrumento para la igualdad

"Con un espíritu igualitario, de participación en la adopción de decisiones, y de implicación y compromiso con los objetivos más allá del afán de lucro, las cooperativas están ampliando las oportunidades para las mujeres en las economías locales y las sociedades de todo el mundo". Ese fue el mensaje que lanzara el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, el pasado 3 de julio, con motivo del Día internacional de las Cooperativas, que este año se celebró bajo el lema "Las cooperativas empoderan a las mujeres". ¿Son las cooperativas un modelo que abre el futuro a la igualdad?

Las cooperativas representan, en su concepción, un intento de demostrar que es posible aspirar a la viabilidad económica junto a la responsabilidad social. Su desarrollo ha estado vinculado en muchos casos a una apuesta por la solidaridad y la unión para dar respuesta a las necesidades de grupos o colectivos que, eligiendo este modelo, han implementado estrategias de autoayuda y autogestión y han hecho frente a injusticias y aparentes determinismos.

A la par, el cooperativismo es una fórmula de autoempleo colectivo de probada validez y eficacia. Alrededor de un 17% de la población mundial participa de algún tipo de cooperativa. Según la Comisión Europea, aproximadamente uno de cada cinco nuevos puestos de trabajo que se crean pertenecen a este sector.

En España las cooperativas constituyen una fuerza empresarial del orden de 27.000 empresas en cuyo seno desarrollan su trabajo más de 280.000 personas. De éstas, aproximadamente 18.000 son Cooperativas de Trabajo Asociado (CTA) y en ellas se integra el 95% del Empleo Cooperativo, unos 266.000 empleos.

Presencia de las mujeres
Desde el año 90 se observa un constante aumento de la presencia de las mujeres en el cooperativismo, con una participación en el 20% de las cooperativas. La media de mujeres en las cooperativas mixtas o sólo de mujeres se sitúa en el 60,93%. De acuerdo con el último estudio publicado por Coceta (Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado) sobre Mujer y Cooperativismo, el porcentaje de mujeres en las Cooperativas de trabajo representa un 48% sobre el total de las plantillas.

Por sectores, las mujeres representan el 62% del total de la mano de obra del sector cooperativo de servicios, y el 36% del sector industrial. En este último sector, el 67% de las mujeres son socias y el 28% asalariadas, mientras que en el sector servicios las asalariadas son hasta el 59% y las socias sólo el 37%. La presencia de las mujeres es mayoritaria en el sector de la enseñanza, servicios, textil, sanidad y es marginal en construcción y en industrias como metal y gráficas.

Cuestión de estilo
No abundan los estudios sobre la gestión y estrategias que siguen las mujeres empresarias, el estilo de liderazgo, si existe un modelo propio independientemente del sexo o el comportamiento diferenciado entre mujeres y hombres en la dirección de los recursos humanos, por citar algunos de los aspectos que marcan el liderazgo en las empresas.

Sin embargo, las personas expertas coinciden en destacar que en las cooperativas hay diferencias importantes con respecto a otro tipo de empresas, que marcan aspectos propios en el liderazgo de las mujeres.

Mercedes empezó con tres amigas a fraguar la idea de poner en marcha su propio negocio (producción y distribución de productos ecológicos) en el 2003 y, eligiendo el modelo de cooperativa, se lanzaron a la piscina. "Mucha gente nos ayudó, nos animó", explica. Para ella, la cooperativa es "algo más que un negocio, es un proyecto común y compartido con otras personas y que ha posibilitado la construcción de una gran amistad entre nosotras. De otro modo, no sería posible".

Tal vez en ese enfoque encontremos algunas claves que hacen del cooperativismo, no simplemente un modelo sostenible económicamente, sino un sistema empresarial en el que advertimos algunos indicadores de igualdad entre hombres y mujeres superiores al resto de las fórmulas empresariales que conocemos.

En el Estudio sobre la realidad social y laboral de las mujeres en el Cooperativismo de trabajo asociado en España, publicado por Coceta en 2004, podemos destacar aspectos que no se dan en otras empresas, y que refuerzan el liderazgo de las mujeres, con una posición que puede servir de modelo para el resto de emprendedoras y empresarias españolas.

Mayor participación femenina en la dirección y gestión
La media de mujeres que ocupan cargos de dirección es superior en las cooperativas que en las demás fórmulas empresariales, situándose actualmente en un 36%. A este aspecto positivo de la presencia de mujeres en puestos de dirección o responsabilidad hay que añadir el perfil de las mujeres trabajadoras de las cooperativas: una edad media de 37 años, con mayor presencia entre los 30 y 35, el 47,1% con estudios universitarios, el 63% están casadas, tienen un hijo o hija de media y el 70,9% son socias indefinidas.

Directivas y no directivas, el 48,9% de las mujeres que trabajan en cooperativas consideran que tienen "bastante conciliadas la vida familiar y laboral".

A pesar de los datos positivos sobre la presencia de mujeres en las cooperativas, con respecto a otros sectores, esto no significa que las mujeres estén presentes en todos los espacios donde se toman decisiones. Es significativo que en los sectores fuertemente masculinizados por su actividad y en cooperativas mixtas la presencia de mujeres en puestos de dirección o representación societaria, es escasa, necesitando un cambio de tendencia, que "se espera se vaya produciendo con el cambio generacional y los avances sociales en materia de igualdad".

Al menos así piensan un grupo de mujeres madrileñas que forman parte de la Asociación de Mujeres Empresarias de Cooperativas (Amecoop). "Nosotras creemos en el proyecto cooperativo y en el papel de la mujer dentro de este movimiento", aseguran.

Amecoop aporta una visión de la economía, con perspectiva de género. Promociona las cooperativas de trabajo entre las mujeres, favoreciendo su autonomía y autogestión en el empleo y crea espacios de encuentro, comunicación y reflexión entre las mujeres socias de cooperativas, saltando incluso fronteras, para llegar a compartir con mujeres de distintas culturas y situaciones.

Otras latitudes
Es precisamente en esas latitudes en las que, muchas veces las cooperativas se convierten, de hecho, en la única opción que las mujeres han encontrado para hacer frente a la discriminación y la injusticia que sufren. Así, mientras la economía mundial va afrontando difíciles desafíos, las cooperativas prestan un valioso servicio a muchas mujeres, especialmente a las de comunidades vulnerables que carecen de servicios públicos o donde no existen las tradicionales iniciativas del sector privado.

AmecoPress tuvo la oportunidad de conocer a Lily, una mujer bengalí que decidió crear un proyecto que sacara a las mujeres de Gazipur de la pobreza y el analfabetismo, y les aportara confianza en sus posibilidad
es. Así surgió You Can I, la primera cooperativa textil de Gazipur en la que trabajan 65 mujeres. Para cobrar su primer sueldo, tuvieron que aprender a escribir su nombre y de este modo poder firmar el recibo a la par que Lily les entregaba su dinero con satisfacción. "Es una forma de obligarles a superarse", nos dice ella mientras sonríe.

De este algún modo, en este proceso, "las cooperativas desempeñan un papel destacado al promover el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio", afirmaba Ban Ki-moon en el Día internacional de las Cooperativas .

El filtro de la economía
El actual contexto de crisis económica se convierte en un reto, en un parámetro que parece sentenciar la validez de cualquier intento. Aquellas opciones, aún planteadas como alternativas completas y avanzadas en distintos aspectos, tan importantes como la igualdad de género o el respeto a los derechos humanos, tiemblan cuando se ven obligadas a pasar el filtro de la época: la eficacia.

La tasa de desempleo femenina en este periodo de crisis sigue siendo más alta que la masculina, aunque se hayan acortado las diferencias, que no se deben como sería deseable a una situación de evolución favorable del empleo femenino y de la igualdad de oportunidades, sino al hundimiento del trabajo masculino.

La desigualdad salarial de las mujeres con respecto a los hombres, sigue siendo en España, del 25,6% menor que el de un hombre. Como consecuencia de estas desigualdades las mujeres también en este periodo, tienen menor protección social, pues al ser menores sus cotizaciones, las prestaciones cuando se quedan en paro también son más bajas, y por lo tanto aunque hay menos mujeres en paro, están menos protegidas que los hombres.

Según datos de Coceta y del Ministerio de Trabajo e Inmigración del segundo semestre del 2009, a nivel de todo el estado español, la pérdida de empleo en la economía social supuso un 4,2% con respecto al mismo periodo del 2008 en cooperativas, frente al 14,6% en las S.A. Laborales y el 21,6% en las S.L. Laborales, siendo el empleo total de 301.000 personas que trabajan en 18.785 cooperativas de trabajo asociado: el número de cooperativas que han desaparecido y la pérdida de empleo son menores.

Mayor resistencia a la crisis
Así, todo parece indicar que el modelo empresarial cooperativo, frente a las sociedades mercantiles, cuenta con algunas características distintas que hacen que en una situación de crisis, resista mejor aunque con dificultades.

Entre las características y comportamientos diferenciadores, podemos rescatar que las cooperativas cuentan con "empleo estable" siendo el 85% de los empleos fijos y de calidad generado por la condición de socio o socia, más que por tener un contrato indefinido.

Si bien es cierto que la economía general está sufriendo un período de recesión que afecta a todos los sectores, que agudiza la histórica discriminación sufrida por las mujeres, y que pone en jaque un modelo que trasvasa la frontera de lo económico y se expresa en todas las áreas del quehacer humano, también ese momento puede interpretarse como reto, como una crisis que impulsa búsquedas y favorece el nacimiento de nuevos modelos.

El cooperativismo, en este contexto, puede presentarse como una alternativa viable de autoempleo en el que las mujeres desarrollen sus capacidades personales y laborales de una forma más justa. Un modelo que prima la persona por encima del capital y en el que el reparto de beneficios se hace con criterios colectivos.

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