Sobre el rey, la falta de sorpresas y otros bemoles

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¿Cuánto más tendremos que pasar para que los tiempos tengan respuestas que darnos? El sismo de la abdicación del rey pone otra vez en escena el divorcio entre lo que importa a cada cual. Escribo la palabra abdicación y siento el anacronismo en el cuerpo. Pero más siento que el debate ronde viejos esquemas y no sea una oportunidad para poner en la mesa lo que piensa la gente.

En relación a lo que piensa la gente, me asombran las noticias y cómo la prensa aborda el tema con un «statu quo» que me recuerda a aquella frase de Il Gatopardo: «Que algo cambie para que nada cambie». El algo sería Felipe VI, el nada, seguir como estamos mientras podamos.

Me sumerjo en una abulia existencial escuchando las noticias, «el relato» de lo que sucede que dirían los expertos en comunicación, las historias, pero sobre todo las voces y los dichos de gente de la que espero ideas nuevas y lo que me sorprende es la falta de sorpresa.

Sí me sorprende escuchar a Luis María Ansón su análisis de la realidad. Dice que hay que escuchar a la generación que va de los 45 hacia abajo y que ha sido desatendida, no escuchada. Dice que no es el rey el que tiene que decir quién le sucederá. Dice que España tiene la gran oportunidad de reformar su constitución y llamar a un referéndum en el que sean los ciudadanos españoles quienes decidan qué España quieren.

Tenemos que mirar lo que pasa de frente. Tener algunas pocas pero importantes certezas y muchos interrogantes Sentido común del más puro. Sentido común que no encuentro en los debates en los que se repiten personajes e ideas.

Me llama una periodista que me hace preguntas varias sobre el liderazgo de las mujeres, la situación de las mujeres en  España y las directivas de la Unión Europea y una pregunta-reflexión sobre que la desigualdad que se da en tantos ámbitos, también es patente ahora con el escenario de la sucesión y dentro de la monarquía. Ese es el problema, el orden de los debates, identificar lo urgente de lo circunstancial y embarcarnos en lo que es prioritario.

Estoy a punto de salir para Barcelona donde participaré de una tertulia en TVE para hablar sobre liderazgo femenino, a mi vuelta participaré en el IE del Foro en el que se hablará de la importancia de las nuevas tecnologías como ariete para combatir la brecha que hay en este sector entre hombres y mujeres. El 11 seré ponente en el marco del Premio Aliter y seguiré hablando en torno a mujeres e innovación y el 25 haremos juntos un encuentro sectorial de empresarias y emprendedoras.

¿Pero avanzamos?

Dice mi gurú que le cansa verme. Y le digo que a mí también.

Una estupenda y altísima directiva del sector tecnológico me decía hace unas horas en una charla intima e intensa, que no está tan segura de recomendar a su hija, hoy todavía pequeña, que siga sus pasos. No mientras el mundo tenga estos tiempos y estos colores.

Es el riesgo que corremos si no cambiamos las cosas. Pensar que apearnos de este modelo es el camino para vivir más felices. Pensar que nada de lo que hagamos será suficiente.

Yo creo que estamos a tiempo. Que tenemos que mirar lo que pasa de frente. Tener algunas pocas pero importantes certezas y muchos interrogantes. Hacernos preguntas es una buena manera de caminar.

 

 

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