¿Qué es normal y qué no?

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Toda construcción basada en la percepción humana es relativa y el concepto de “normal” mucho más.  Ya lo dijo René (a Descartes me refiero). No es nuevo el asunto.  Lo lamentable es que a estas alturas de la evolución de nuestra especie, todavía algunos mortales cierren su mente en la creencia de que “no hay más verdad que la suya”.

PARA GUSTOS COLORES
No se trata de gustos, evidentemente, pero me viene bien el dicho para identificar en pocas palabras lo que quiero decir.  Cada uno piensa según le conviene.  Porque todos, cada cual a nuestra manera, orientamos nuestros pareceres en la dirección que nos parece oportuno a tenor de nuestras prioridades e inquietudes.

Hay mucho trabajo por hacer y mañana es tarde para empezar.   Debemos caminar de lo individual a lo colectivo para transformarnos en uno solo desde el respeto, la convivencia y la no violencia.   ¡Eso sí debe ser  normal!. Vistas así las cosas no nos queda otra que, si queremos convivir,  desarrollar la aceptación y la tolerancia como premisa fundamental.  Lo primero en orden a entender que somos muchos y que cada uno puede pensar y ser como quiera; y lo segundo porque de lo contrario no hay manera de aceptar las diferencias.

RESPETO, CONVIVENCIA  Y NO VIOLENCIA
El “cesto” de la diversidad acoge miles de lenguas, costumbres y religiones.  Una paleta repleta de colores inimaginables; una partitura plagada de notas que articulan una sinfonía universal, la que nos habla de la riqueza de la vida y la de la gran capacidad que podemos desarrollar todos y cada uno de nosotros para fundirnos con lo que nos rodea, superando diferencias ancestrales para transformar la convivencia en el mundo en algo realmente hermoso.

Que si rituales religiosos, que si aficiones deportivas, que si ideas políticas, que si costumbres y familias ruidosas, ¿quieren más “que si”?. ¡No es necesario!.

Hay mucho trabajo por hacer y mañana es tarde para empezar.   Debemos caminar de lo individual a lo colectivo para transformarnos en uno solo desde el respeto, la convivencia y la no violencia.   ¡Eso sí debe ser  normal!.

SUPERAR PARA AVANZAR
Avanzar para evolucionar y acabar con la miseria humana; con el uso y abuso de los recursos de la tierra; con la basura que generamos y en la que nos convertimos.  Avanzar para conectar con la especie que somos de verdad: seres llenos de sabiduría y belleza que necesitan compartir y amar porque cuando conectan con eso son capaces de iluminar todo lo que les rodea.

Da igual el rostro y el cuerpo que se tenga, da igual la maldad y los vicios que se arrastren, todo ser humano con un cerebro normal contiene las mismas capacidades en lo esencial. Si en el desempeño de su existencia acaba eligiendo el rol del lado “oscuro” eso ya es otra cosa.  A veces, las heridas del alma (que son las peores), no se curan con los escasos ochenta años de una vida.

Hay que superar la historia, los mitos, las costumbres, los dogmas.   Y hay que cuidar el presente para mejorar el futuro.  Por eso nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos nos tienen que importar. No porque sean nuestros sino porque traen la energía que puede mejorar lo que hay y porque forman parte del todo.

¿CÓMO LO HACEMOS?
La fuerza regeneradora de los jóvenes necesita el alimento de la experiencia viva de los mayores y su ejemplo positivo y constructivo.

Nacen conectados al presente y lo ven y lo entienden desde sus mentes limpias y despejadas.  El aprendizaje en su primera edad debe orientarse para fomentar sus talentos innatos, no para anclarlos  ni frustrarlos.  Hay que observarlos, alimentar en ellos el pensamiento constructivo, conectarlos con valores universales y guiarlos en  el inicio de sus vidas para dejarlos fluir después hacia el mundo en el que han de integrarse.  Una realidad en constante cambio con la que hay que aprender a moverse.

Lo normal  debería ser que todos nos ocupáramos primero de conectar con quien somos de verdad (ser); para después hacer aquello que realmente nos llena (hacer) y de ahí llegar al tener como una consecuencia natural.  De esa manera,  ser humanos felices en un mundo feliz dejaría de ser una idea de ficción.

 

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Comunicadora por vocación y abogada por formación (UAM), además de Master en e-Business (IDE). Ha compaginado una intensa actividad profesional en diferentes ámbitos del terreno empresarial con el mundo de la comunicación, el ejercicio del derecho y la prestación de asesoramiento jurídico de orientación a la mujer. Actualmente trabaja en el sector de las telecomunicaciones.