¡Acepta todas las etapas de tu vida!

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En la sociedad actual donde prima la búsqueda de la eterna juventud cobra mayor valor el tomar conciencia sobre la estética del alma y aceptar todas las etapas de la vida como puertos necesarios en el recorrido y aprendizaje hacia uno mismo. ¿Dónde queda el rol de la familia, de la aportación de experiencia de cada cual en un contexto en que la competitividad es extrema y las etapas vitales se desconocen?

Al haber perdido la conexión con nuestros ancestros y olvidar la importancia de celebrar reuniones familiares, sinceras y deseadas para dialogar y pasar las enseñanzas de vida de padres a hijos, tíos y sobrinos, abuelos y nietos, el concepto de nutrirse de las enseñanzas familiares ha perdido sentido y dejado a la sociedad huérfana en medio de sus propios parientes.

Las comunidades indígenas de distintos lugares del planeta tienen en común el respeto hacia su linaje y la posibilidad de enriquecerse de la sabiduría grupal. Mientras que en occidente el creciente índice de divorcios, de madres solteras o madres adolescentes -cuando no lo han buscado- además del aumento de la violencia y de la delincuencia, la dependencia a adicciones, la pérdida de valores, entre otros problemas de nuestra sociedad, son en gran medida consecuencia de la desintegración de la comunidad y de la pérdida de la comunicación como herramienta de entendimiento en las familias. Y esto deja a muchas personas sin la posibilidad de madurar bajo el calor del seno familiar.

Sin darnos cuenta, con frecuencia, nos quedamos anclados en una etapa y no sabemos avanzar y crecer, sin dolor ni sufrimiento, permaneciendo estancados en las fases de la vida y tergiversando los roles familiares.En estas condiciones, y bajo las exigencias de una sociedad altamente competitiva, muchas personas han pasado de dejar de enriquecer a su familia con la aportación de su experiencia vital, a competir por tener un nivel de vida superior al de los miembros de su propia familia en la anhelada búsqueda de auto-aceptación.

Por tanto, en muchas ocasiones, nos encontramos con la responsabilidad de ganarnos el pan y de encontrar nuestro hueco en la sociedad, sin contar con referentes y teniendo que alcanzar las altas cumbres del éxito y del bienestar económico. En este proceso de madurez, en occidente, muchas veces crecemos y pasamos de una fase de vida a la siguiente sin tomar conciencia de lo que significa ser niño, adolescente, adulto y anciano. En general tendemos a vivir de una manera lineal pasando por alto lo que cada etapa conlleva y negándonos en muchos casos a aceptar sus aprendizajes, especialmente cuando tienen la connotación amarga de la vejez.

Sin darnos cuenta, con frecuencia, nos quedamos anclados en una etapa y no sabemos avanzar y crecer, sin dolor ni sufrimiento, permaneciendo estancados en las fases de la vida y tergiversando los roles familiares. En búsqueda de la protección de los padres, hay adultos que no se permiten madurar y a pesar de su edad mantienen un comportamiento infantil, buscando, en muchas ocasiones la figura paternal o maternal en su cónyuge. Mientras que en la tercera edad es muy común sentirse desarropado por la sociedad y tirar la toalla ante una vida ya sin sentido, debido al miedo a la enfermedad, al abandono y a la muerte.

Es por tanto fundamental responsabilizarse del cuidado y del crecimiento de los niños en valores positivos de vida. Acompañar a los adolescentes en ese periodo hacia la madurez en el que la incomprensión les hace sentir desvalidos. Aprender a escucharnos desde el cariño en la etapa adulta, en la que las responsabilidades parecen bombardearnos por el simple hecho de tener una determinada edad. Hay que tener en cuenta que enfrentarnos a la decisión de qué hacer con el resto de nuestras vidas suelen provocar importantes crisis existenciales.

Es evidente que es necesario recuperar valores familiares perdidos para mantener la cadena de aprendizaje en el seno familiar.Para quitarle hierro a esta etapa adulta, dicen algunos, con un gran sentido del humor, que cuando los hombres empiezan a ponerse camisas rosas y las mujeres pretenden parecer más jóvenes es porque el rechazo a la vejez ha empezado a surgir efecto. En una sociedad en la que se pre-jubila a los cincuenta años, si con un poco de suerte has podido mantener tu trabajo, esta fase también requiere de nuestra gran comprensión y auto-aceptación para mantener alta la auto-estima.

El camino hacia la tercera edad y qué hagamos de nuestra senectud, depende en alto grado de nosotros mismos ya que la actitud con la que hayamos vivido nuestra vida nos acompañará en esta etapa final.

Es evidente que es necesario recuperar valores familiares perdidos para mantener la cadena de aprendizaje en el seno familiar. El llamamiento a la sensatez para vivir la vida tal y como es, respetando las leyes de la naturaleza y las fases de nacimiento, crecimiento y senectud son fundamentales para la sanación de esta sociedad perdida que vaga sin rumbo y desconectado de lo esencial.

*María Cicuendez es Periodista, Maestra de Reiki (Usui Shiki Ryoho), Terapeuta de Sonido, Cristaloterapia y Esencias Florales (clases y terapias). www.mariacicuendez.webs.com

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