Hay un momento muy concreto en el que te das cuenta de que algo se nos ha ido de las manos. Ese momento en el que abres tu agenda y piensas:“A ver… hoy vino ‘con barba’, mañana viene ‘sin expectativas’, pasado mañana el que dice que no busca nada pero te escribe todos los días.”
¡Bienvenidas a la era de las multicitas! Porque claro, antes ligar era difícil. Ahora lo difícil es recordar con quién quedaste el martes. Las apps han multiplicado las posibilidades y, con ellas, una nueva normalidad: hablar con 6, 7, 10… incluso 15 personas a la vez. No por vicio (bueno, a veces sí), sino porque están ahí. Disponibles. A un swipe.
Y así empezamos a organizarnos como si esto fuera un festival: Hoy uno, mañana otro, el jueves una cerveza rápida sin expectativas, el domingo brunch con “a ver qué pasa”.
El problema no es quedar. El problema es la endogamia de citas. Porque cuando todo el mundo es posible, nadie es profundo, no profundizas en nadie, no te ilusionas demasiado con ninguno.
Y aun así, inviertes tiempo, energía, conversación, maquillaje y ganas en personas de las que no sabes si sí, si no, o si “mejor como amigo”. Lo que nos lleva al siguiente gran concepto moderno:
¿Amigos del otro sexo en apps de citas?
Pregunta seria.¿De verdad buscamos amigos ahí? ¿O es una forma elegante de no cerrar puertas? Porque amigas y amigos ya tenemos. Círculos mixtos, de toda la vida.
Lo que pasa es que en las apps el “amigo” suele ser ese comodín emocional que dice: “No quiero perder el contacto” pero tampoco quiere avanzar. Y ahí se queda. Orbitando. Ni cita, ni amistad real. Una especie de reserva emocional que ocupa espacio mental.
Mientras tanto, tú sigues citando, y citando, y citando. Hasta que un día te preguntas: ¿Cuándo fue la última vez que me dejé sorprender de verdad por alguien? ¿Cuándo fue la última vez que me quedé suficiente tiempo para saber si sí o si no?
Porque entre tanto plan alternativo, tanto “luego vemos” y tanto “fluimos”, lo que no fluye es la conexión real. Las multicitas no son inmorales, no son incorrectas. Pero sí son cansadas.
Y quizá —solo quizá— el verdadero lujo ahora mismo no es tener muchas opciones, sino atreverse a elegir una y ver qué pasa. Sin agenda rotativa. Sin backup emocional. Sin brunch de descarte.
Solo presencia. Y un poco menos de Google Calendar.
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- ¡¡Ya salió la novela homónima!! Un libro que completa este universo sobre los vínculos, la ironía y la búsqueda de autenticidad en tiempos de pantallas.


