La esencia de las personas

152

Recuerdo claramente las palabras de mi madre cuando era pequeña y alguna amiga me invitaba a comer a su casa: “Da las gracias por todo”…, “Pide todo por favor” , “Di que todo esta buenísimo aunque no te guste” …e “intenta agradar y ayudar en todo lo que puedas”.

Siempre me decía lo importante que era la educación en las personas, y por lo tanto, rodearse de gente educada. Y yo siempre pensaba…¡¡¡ Que pesada con la educación!!!…. entonces asociaba la educación con las típicas niñas ñoñas, cursis, y repipis que siempre me ponían como un ejemplo a seguir.

Han tenido que pasar los años para entender a mi madre y apreciar lo agradable que es rodearse de gente bien educada. Y han tenido que pasar los años para que me diera cuenta de lo fácilmente que olvidamos la cortesía, la gentileza y la amabilidad.

En la vida cotidiana se repiten continuamente las faltas de respeto entre amigos, familia o compañeros. Abunda la falta de cortesía con los ancianos, los comportamientos despectivos con los más débiles y las groserías o vulgaridades en el lenguaje de muchos jóvenes.

Cada vez noto que hay menos compromiso…se reclaman los derechos pero se olvidan los deberes, cada vez somos más individualistas y egoístas, no cedemos y nos importa bastante poco si molestamos o herimos a los demás.Cada vez noto que hay menos compromiso…se reclaman los derechos pero se olvidan los deberes, cada vez somos más individualistas y egoístas, no cedemos y nos importa bastante poco si molestamos o herimos a los demás, provocando que cada vez las relaciones sociales sean más frágiles.

Creo que una de las frases que mejor define el concepto de educación es de Mark Twain y dice que la educación consiste en ocultar el mucho bien que pensamos de nosotros y el poco bien que pensamos del otro.

Según esta definición….¡¡¡Que poca gente educada circula por el mundo!!!
En el trabajo estamos rodeados de quienes critican sin piedad al de al lado con el afán de desprestigiarlo y sin embargo no paran de presumir de su supuesta valía. Nos creemos tan importantes que muchas veces no contestamos llamadas, ni correos, llegamos tarde a citas y reuniones y vemos normal que directivos usen su blackberry en reuniones aunque podrían fácilmente esperar a concluirlas para evitar la falta de respeto a su interlocutor.

Y, entre amigos siempre hay quien insiste en que es más guapo, más rico o más gracioso que los demás y no ve las cualidades de los otros, ni lo mal que sienta cuando contesta su móvil y te deja colgado 10 minutos, en lugar de posponer la llamada para otro momento. Tampoco se ve el desaire cuando ni se agradece o valora a quien obsequia un regalo. Incluso en casa ¿qué pasa cuando un miembro de la pareja piensa que tiene razón en todo? ¿Es más fácil utilizar los malos modos para defender los argumentos, que escuchar al otro? Esto resiente la convivencia.

Pero el problema de fondo es cuando esta mala educación escala a una espiral de crítica destructiva y malos modos que corroe la cultura organizacional de una empresa y llega a representar un coste importante en la productividad, desempeño, motivación, creatividad o colaboración en el entorno laboral.

Una de las frases que mejor define el concepto de educación es de Mark Twain
y dice que la educación consiste en ocultar el mucho bien que pensamos de nosotros y el poco bien que pensamos del otro.
Y cuando notamos que palabras como por favor, gracias, te importaría… o podrías… están en peligro de extinción en muchos hogares y sin embargo escuchamos cada vez con más frecuencia frases como… ¡¡¡Déjame en paz!!!, ¡¡¡Vete a la mierda!!!, ¡¡¡Coge a ese niño que llora!! ¡¡¡ No hagas ruido que me molestas!!!

La vida cotidiana nos pone a prueba y lo cierto es que no nos faltan ocasiones para perder los papeles. Pero es ahí precisamente donde se nota la buena educación: en el respeto a los demás, en la amabilidad, en la cortesía y el cariño.

Los buenos modales no nos hacen más cursis, nos hacen más humanos. Educar no es sólo el proceso multidireccional mediante el que se transmiten conocimientos, habilidades, valores y costumbres, también tiene que ver con la esencia misma de las personas: la bondad. La educación por lo tanto, nos hace mejores personas.

Sin embargo las modas, la vergüenza, la falta de seguridad y el miedo al ridículo anulan las acciones bondadosas que cada vez son más escasas. Ser bueno se sitúa muy cerca de ser tonto o ser débil. ¿Hay que ser malo y mal educado para parecer inteligente?

A mí personalmente ya no me llaman la atención las grandes manifestaciones de opulencia intelectual de los ejecutivos en las empresas, ni las manifestaciones de belleza o dinero de los amigos más populares, ni en las películas me emocionan ya las escenas de tristeza extrema o amor imposible.

Lo que de verdad me llama la atención y me emociona, son las sencillas y cotidianas manifestaciones de bondad, los pequeños detalles de educación. Porque la esencia de las personas es la educación, porque la esencia de las personas es la bondad.

Alguien dijo que el principal objeto de la educación no es enseñarnos a ganar el pan sino capacitarnos para hacer agradable cada bocado; no es enseñarnos a hacer lo que nos gusta sino capacitarnos para que nos guste lo que hacemos, no es sólo transmitir conocimientos es transmitir la esencia de las personas. Y las personas son esencialmente buenas.

Otros artículos de esta columnista…

*El precio de ser rico
*¿Seducción, persuasión o manipulación?
*Cultura del presentismo: ¿Optimizamos el tiempo?
*Maldito lunes (o La alegría de volver)
*Detrás del espejo de los sueños


¿Ya has visitado
Columnistas en nuestra ZONA OPINIÓN?

 

Artículo anteriorNochevieja en Sidney
Artículo siguienteCrear es crecer