¿Cuál es el precio que debemos pagar?

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Dice Rossana Vitelli que las mujeres podemos y debemos ocupar cargos de responsabilidad y jerarquía. Estamos capacitadas y es nuestro derecho, y aunque es casi innecesario afirmarlo por obvio, parece que hay que recordarlo a algunos muchas veces. Lo que no está tan claro ni resulta tan evidente es el altísimo costo que a veces se debe pagar por ello.

Da  un poco de pena a veces ver una guerra desenfrenada entre nosotras mismas por acceder a esos lugares que nos pertenecen por legítimo derecho. Tanto que a veces copiamos las formas masculinas de ejercicio del poder, y tanto que también debemos renunciar a nuestros afectos y espacios familiares para demostrar que podemos ser tan buenas como los hombres para dirigir y gobernar otros espacios.

Da  un poco de pena a veces ver una guerra desenfrenada entre nosotras mismas por acceder a esos lugares que nos pertenecen por legítimo derecho. Tanto que a veces copiamos las formas masculinas de ejercicio del poder.¿Es necesario eso?  ¿Es obligatoriamente  el costo que debemos pagar con las pérdidas que eso implica, el stress y la culpa que nos genera?

Es como si hubiésemos caído en una trampa, pero ¿hay salida? No es fácil, pero pensamos que sí. Se trata de transformar las pesadas estructuras androcéntricas que aún persisten,  y que no nos permiten reconocer en nuestro interior esas formas menos autoritarias y más negociadoras en el ejercicio de nuestro poder. Un poder que  nos permite ir avanzando con paso lento pero seguro hacia formas de relacionamiento más equitativas.

Es un largo camino de aprendizaje, tanto para nosotras como para los hombres.

Primero para reconocer que el ámbito doméstico también puede ser un espacio compartido y donde los hombres pueden incursionar “sin peligro para nosotras”, y luego para demostrar y convencer de que podemos estar en lo público y en la conducción sin que ellos se sientan ofendidos pero –y esto es muy importante- SIN NECESIDAD DE PRIVARNOS DE NUESTROS MOMENTOS, NUESTROS AFECTOS Y NUESTROS AMORES. Porque tenemos la capacidad para las dos cosas sin necesidad de tener que elegir o renunciar a ellos.

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