Corrupción y RSE

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Es inevitable preguntarse cómo es posible que cuando la Responsabilidad Social Empresarial se ha convertido en un mantra, cuando empresas e instituciones proclaman a los cuatro vientos su adhesión incontestable a sus principios, sea precisamente cuando están aflorando más y más casos de presunta corrupción, que comprometen a entidades y agentes sociales relevantes.

La descomposición, por no decir putrefacción, de la sociedad,  se ha convertido en tema estrella de tertulias, debates, charlas de café y conversaciones familiares. La idea de que todo está corrompido está calando más y más en una colectividad harta de sufrir la resaca de una fiesta de la que han disfrutado otros, dejando la factura de los platos ratos a los colectivos más desfavorecidos.

No cabe duda que tenemos un problema no menor, cuya solución es difícil vislumbrar, si los encargados de encontrarla y aplicarla son los mismos que han creado el problema.Corresponda tal percepción a la situación real o se vea magnificada por el tratamiento que desde los medios se hace del tema, no cabe duda que tenemos un problema no menor, cuya solución es difícil vislumbrar, si los encargados de encontrarla y aplicarla son los mismos que han creado el problema.

La degradación y pérdida de valores parecen haberse incrementado, en una época en la que el dinero fácil corría por doquier, se apuntaban cifras de crecimiento de dos dígitos y “prestigiosos” economistas llegaron a decir que se habían acabado los ciclos económicos, porque las nuevas tecnologías habían traído consigo un nuevo paradigma.

 Es también a lo largo de dicho período cuando aflora y se fortalece el concepto de Responsabilidad Empresarial (RSE). Sus apóstoles la predican por doquier y sus discípulos proliferan. Sin embargo no parece que ello haya sido óbice para determinadas prácticas no ejemplares. Incluso entidades que hacen gala de su compromiso con la RSE nos sorprenden con actuaciones rechazables, poco éticas o incluso presuntamente delictivas.

La RSE: ¿un engaño?
¿Es la RSE una gran mentira? No lo creo. Basta profundizar un poco en su filosofía, para comprender que si se aplicase de verdad, no estaríamos en la situación en que nos encontramos. ¿Es entonces que su adopción por empresas instituciones no ha sido más que un maquillaje, una práctica más de marketing? A la vista de los resultados parece difícil pensar otra cosa.

Es cierto que los recursos dedicados a estudiar e implantar la RSE han ido al alza; son pocas las empresas de cierto tamaño que no cuentan con un área dedicada a este concepto. Pero a lo visto, esto no es suficiente. Una cosa es contar con un departamento RSE y hacer gala de su existencia y otra que la empresa en su conjunto actúe según lo que la RSE establece. El responsable de RSE se ve muchas veces en la encrucijada de defender con todos sus medios la RSE o complacer a quienes le han dado el cargo. Ello supone que a veces tendrá que mirar para otro lado ante determinadas prácticas.

Podemos concluir que sigue faltando una adopción y puesta en práctica generalizada de la RSE. Queda muy bien citarla en declaraciones institucionales y publicitar adhesión inquebrantable a sus principios. Pero si no se llega más allá, servirá de muy poco. Y a la luz de los hechos, esto solo ocurrirá si la RSE llega a convertirse en algo mandatorio por imperativo legal; ya sabemos a dónde nos ha llevado la autorregulación.

Para terminar, para quienes pudieran estar interesados en consultar diferentes aproximaciones al tema, quisiera dejar este enlace http://goo.gl/ztgfD, a los trabajos del Dr.,  Yusuke YAMASHITA, colega y experto en el tema, quien introduce un novedoso concepto: “La Corporética”

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