ARHOE: NO al cambio de hora en marzo

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Normal 0 21 false false false ES X-NONE X-NONE MicrosoftInternetExplorer4 ARHOE-Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, con motivo del adelanto de los relojes el próximo fin de semana, reivindica, un año más, que dicho cambio no debería efectuarse. Solo así conseguiremos que España se rija por el huso horario que le corresponde por situación geográfica, el del meridiano de Greenwich.

Responsables de ARHOE señalan que en el tema del cambio horario «llueve sobre mojado», ya que partimos de un desfase horario que se arrastra desde 1942, cuando se adaptó el horario español al de Berlín (Hora Europea Central) por simpatía al régimen nazi (otros países cambiaron por ocupación o por temas bélicos), y nunca se recuperó el horario en correspondencia con la hora solar. Con lo cual, «los horarios españoles continúan siendo una excepción en el entorno europeo; los españoles duermen menos que la mayoría de los europeos debido a unos horarios en los que se come y se cena más tarde», añaden.

ARHOE reivindica, un año más, que el cambio de hora que está previsto para el último fin de semana de marzo no debería efectuarse. Solo así conseguiremos que España se rija por el huso horario que le corresponde por situación geográfica, el del meridiano de Greenwich.

Por otra parte, la situación de pluriempleo que se originó después de la guerra civil española provocó el horario de «nueve a dos», con la pausa de ir a desayunar a media mañana –media hora–, y con un descanso –a menudo de dos horas– al mediodía para después continuar trabajando por la tarde. Esta situación, heredada de aquella época y que hoy ya no tiene razón de ser, se traduce en la pérdida de una hora y media diaria en el ámbito laboral, que se resta automáticamente de la vida privada.

Volver a la «normalidad» vivida antes de la guerra, significa que España tiene que adoptar la hora oficial del Reino Unido, Portugal, Marruecos y Canarias (Hora Europea Occidental), que es la que le corresponde geográficamente y abandonar la Hora Europea Central, que corresponde a países más al este. Para conseguirlo, el primer paso es obviar la adopción de la hora de verano el último fin de semana de marzo, es decir, no tocar el reloj en esta ocasión. El cambio quedaría definitivamente completo cuando el siguiente otoño se retrasase los relojes para regresar, junto con Inglaterra y Portugal, a la hora de invierno. Además, otra modificación significativa necesaria es adelantar una hora los horarios oficiales más relevantes, como telediarios o partidos de fútbol, a partir del mismo día que los países europeos adelantan.

En resumen, con el restablecimiento de la Hora Europea Occidental, se volvería a un horario más europeo, con todas las ventajas que ello conlleva:

  • Nos seguiríamos levantando a la misma hora de «reloj», pero en realidad una hora (solar) más tarde.
  • Comeríamos y cenaríamos en un horario más internacional: a la una y a las ocho de la tarde.
  • Se fomentaría la jornada continuada de nueve a seis, con una parada de una hora para comer a mitad de la jornada laboral. Al comer más temprano, no sería necesaria la parada para desayunar a media mañana.
  • Se dormiría una hora más, lo cual es beneficioso para la salud y provocaría una disminución de la siniestralidad laboral.
  • La mejor alineación del horario laboral con los colegios mejoraría el rendimiento escolar.
  • Una mejor alineación con horarios laborales de otros países.

Por otra parte, basándose en la teoría de que el cambio de horario se sustenta en que con el adelanto de los relojes se produce un mejor aprovechamiento de las horas de luz, con el consiguiente ahorro energético, los responsables de ARHOE-Comisión Nacional advierten que este cambio de hora no tendrá el efecto que se persigue, a menos que se acompañen de verdaderas medidas de racionalización horaria. Tal y como asegura José Luis Casero, presidente de ARHOE, «en la práctica ese ahorro energético no es significativo, puesto que las jornadas de trabajo siguen siendo maratonianas y se sale de trabajar a horas intempestivas, practicando más la cultura de la presencia que la de la eficiencia y menoscabando no solo la justa conciliación de la vida personal, familiar y laboral de las personas, sino también perdiendo eficacia y productividad en las empresas». Además, destaca que «el hecho de que España no se rija por la hora que le corresponde, la solar, provoca problemas de salud, sobre todo en el sueño, tal y como avalan muchos profesionales del sector sanitario».

Cabe señalar, por último, la receptividad de partidos políticos como PP, PSOE y Ciudadanos. En el caso de estas dos últimas fuerzas al haber incorporado en el Acuerdo para un Gobierno Reformista y de Progreso la necesidad de recuperar el huso horario GMT «que sirva de catalizador para el resto de medidas propuestas, en el marco de la campaña de concienciación sobre las ventajas económicas y sociales de racionalizar los horarios y flexibilizar la jornada laboral».

En palabras del presidente de ARHOE, «celebramos las medidas recogidas en el citado Acuerdo entre PSOE y Ciudadanos, pero estaremos muy atentos para que si culminan en un posible Gobierno, estas propuestas no queden en papel mojado y se conviertan en hechos reales». Además, informa que «a principios de año nos dirigimos al presidente del Gobierno en funciones y a los líderes de las mayores fuerzas políticas para sugerirles la constitución de un Consejo Asesor u Observatorio de la Reforma Horaria que represente una herramienta integradora en este ámbito». «Al dirigirnos a todos ellos, hicimos hincapié en que la reforma horaria, la promoción de horarios racionales, la optimización del tiempo, la defensa de la conciliación y la corresponsabilidad son puntos que, por fin, los principales partidos políticos han contemplado en sus programas electorales de manera concreta, y suponen un nexo de unión para todos los ciudadanos», subraya José Luis Casero.

Por unos horarios más racionales

La necesidad de unos horarios racionales tiene como objetivos prioritarios: conciliar nuestra vida personal, familiar y laboral; aumentar la productividad; apoyar el rendimiento escolar; favorecer la igualdad; disminuir la siniestralidad; facilitar la globalización;  mejorar nuestra calidad de vida; cuidar y mantener hábitos saludables; dormir el tiempo suficiente, y, en definitiva, dar mayor valor al tiempo. Todo esto pasa, ineludiblemente, por racionalizar nuestros horarios, para hacerlos convergentes con los países de  economías  más avanzadas.

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