A Coruña se convirtió, por un día, en un territorio donde la política se miró en un espejo distinto. No el espejo del poder tradicional —masculino, vertical, distante— sino el de las mujeres que gobiernan desde la realidad, desde la calle, desde la cultura y desde el feminismo para cambiar también la política. El III Encontro de Alcaldesas fue una declaración de urgencia. Porque en un mundo donde el poder global sigue en manos de hombres, la presencia de mujeres en la política es más necesaria que nunca.
Laura Seara: la energía que no se apaga
Volver a encontrarme con Laura Seara fue cerrar un círculo y abrir otro. Laura fue la primera política en ser parte de la primera edición de Las Top 100 Mujeres Líderes, hace quince años, cuando hablar de liderazgo femenino todavía exigía coraje. Fueron ella -Directora de la Mujer en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero- y Miguel Lorente, Delegado del Gobierno para la Violencia de Género, los que dieron marco institucional y político al lanzamiento, en un momento en que defender el feminismo desde las instituciones era casi un acto de resistencia.
Quince años después, Laura sigue siendo la misma mujer, crecida. La misma energía, la misma claridad, la misma capacidad de decir lo que hay que decir cuando se defienden causas. Hoy lo hace desde la consultoría, el asesoramiento estratégico y la incidencia en igualdad desde RedTalento aportando su mirada feminista y reformulando los desafíos desde la claridad que le da su trayectoria.


Inés Rey: la alcaldesa que gobierna desde la claridad
Si hubo una presencia que marcó el encuentro, fue la de Inés Rey como anfitriona y alcaldesa de A Coruña. Yo sigo su trabajo desde hace años, quizá porque llevo siete viviendo entre Madrid y Santa Cruz, Oleiros, mi segundo hogar, y desde allí he observado su forma de gobernar: firme, directa, llana.
Conocerla en persona confirmó lo que intuía. Inés tiene esa mezcla gallega de ironía y contundencia que desarma. Hace alarde de su estatura “entre-pequeña”, pero su presencia alcanza la altura de sus ideas y batallas. Su estilo es franco, cercano, porque habla como gobierna: con claridad.
Rey entiende que la cultura involucra economía, cohesión, identidad y democracia. Y también que la igualdad no es un gesto, sino una infraestructura política. Su forma de estar —sin imposturas, grandilocuencia ni distancia— es una lección de liderazgo contemporáneo que me llevo para madurar sobre la importancia de ejercer el poder con otras armas.
Miriam Andrés fue para mi otro hallazgo: proyecta una energía directa y cercana, capaz de unir potencia política con una simpatía singular. Su trayectoria está marcada por el trabajo de base y una forma de gobernar vinculada a la escucha como método y el compromiso real con su ciudad.

Una mesa que trajo a Virginia Woolf al municipalismo
La mesa anterior a mi conversatorio me llenó de ideas. Mireia González trajo a Virginia Woolf al centro del municipalismo con una frase que atravesó la sala: “Las mujeres necesitamos una habitación propia, sí, pero también necesitamos una ciudad propia.”
Ese gesto fue mucho más que una cita literaria. Fue un descubrimiento sobre temas que pensamos poco: las ciudades siguen diseñadas desde una mirada masculina, y reconfigurarlas exige imaginación, valentía y memoria. Fue también un recordatorio de que la cultura no es un lujo: es un espacio donde se disputa quién cuenta la historia y quién queda fuera.

Mi mesa: cuatro mujeres, cuatro fuerzas
Antes de abordar mi mesa sobre feminismo, cultura y economía, sentí que lo que estaba por ocurrir no era un debate, sino un ejercicio de pensamiento colectivo. Antes de sentarme a conversar, hablé de la importancia el poder político y de la necesidad de defender lo conseguido. Cada una de las convocadas a este encuentro, desde su lugar, gracias a la pasión por cambiar las cosas con leyes y acciones, están dando a la política la oportunidad de ampliar la mirada y de reconducirla hacia un feminismo que ponga en igualdad los valores que las mujeres defienden y la sociedad debe sostener. Las mujeres que me acompañaron lo demostraron desde la primera palabra.

Esther Gutiérrez Morán –Vicepresidenta de la Diputación de Cáceres- entiende el poder como un puente entre el aula y la vida real, y a la educación como la posibilidad de transforma destinos. Su trayectoria puede pensarse como un tránsito entre la enseñanza y la política, pero también como un liderazgo a base de constancia y cercanía, puede sostener estructuras complejas sin perder humanidad. Representa a las mujeres que gobiernan desde el conocimiento directo del territorio y la convicción de que el talento se cultiva, se impulsa y se protege.
María José Blanco Gavieiro – Alcaldesa de Portugalete- es la prueba de que la serenidad también es una forma de fuerza política: la que escucha, ordena y sostiene. Su liderazgo nace del respeto profundo por su ciudad y de una mirada técnica que convierte la gestión en cuidado. Representa a las mujeres que gobiernan sin estridencias, pero con una firmeza que transforma silenciosamente el día a día de una comunidad.
Marian Ferreiro Díaz – Alcaldesa de Narón- demostró que conoce cada calle, cada necesidad y cada ritmo de su municipio. Su ascenso se forjó trabajando, con una construcción paciente que se hizo, por supuesto, andando. Y que nació del vínculo real con la gente. Quedó claro que gobierna desde la continuidad, la estabilidad y la convicción de que el territorio se transforma gracias al trabajo cotidiano con el foco en la gente.
Chelo Loureiro – Productora y directora cinematográfica especializada en animación con 5 merecidos Goyas- brilla en un ámbito en el que irrumpió a base de talento y creatividad. Ella convirtió la animación en un territorio de libertad, riesgo y afirmación cultural. Y todo lo que hizo, ratifica que la imaginación también es una forma de resistencia y que la cultura puede abrir caminos donde antes no los había. Loureiro no solo produce cine: rediseña el futuro, resignifica el lenguaje y se convierte en referente para quienes vienen detrás y necesitan inspiración y ver en acción un alternativa que creían lejana.

Lo que queda después de A Coruña
A Coruña fue el escenario; las alcaldesas, las protagonistas. Quienes estuvimos allí para articular las conversaciones sabemos que esto no termina aquí.
En un mundo donde el poder global sigue en manos de hombres, estos encuentros son estratégicos. Son el recordatorio de que la política necesita otra mirada -la de las mujeres- que ponga el acento en lo que debe ser vertebral, que no olvide la lucha por la que llegamos hasta aquí y -lo más importante- que todavía es necesario defender la trinchera, desde la política, las leyes, la cultura y el debate- para cambiar el rumbo. Para no retroceder. Para sostenerlo. Para avanzar.

