La transición energética en España, en la voz de 4 mujeres del sector: ¿qué se ha hecho, qué falta y hacia dónde vamos?

La transición energética se ha convertido en uno de los grandes temas de nuestro tiempo. España avanza en la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes renovables, impulsada por los objetivos europeos y por una creciente conciencia social sobre el impacto ambiental. Sin embargo, el proceso no está exento de desafíos: requiere innovación tecnológica, inversión sostenida y, sobre todo, una visión común que combine sostenibilidad, competitividad y bienestar.

Persisten varias preguntas clave: ¿qué falta para acelerar el cambio?, ¿cómo se equilibra el desarrollo económico con la urgencia climática?, ¿y qué papel deben asumir las instituciones, las empresas y la ciudadanía?

En colaboración con EJE&CON, esta entrevista coral reúne a cuatro mujeres con trayectorias complementarias que analizan desde su experiencia cómo se está viviendo este cambio estructural: Mireia Vila Trunas, Global CIO en EDP Renovables; Ana Serrano Oñate, consejera independiente y especialista en transición energética; Esther Martínez Arroyo, directora del Sector de Energía y Utilities en PwC; y Maria Luisa Castaño, asesora de la Dirección General en CIEMAT. Todas ellas coinciden en que la transición no es opcional, sino imprescindible: afecta al clima, a la competitividad y a la sostenibilidad de nuestro modelo de vida.

A través de sus respuestas, se dibuja un panorama que combina realismo y visión: desde la urgencia de transformar un sistema aún dependiente de los combustibles fósiles hasta las oportunidades que ofrecen la digitalización, la innovación tecnológica y la colaboración público-privada. Este diálogo coral pone voz femenina a un debate que marcará el futuro energético —y social— de las próximas décadas.

Las entrevistadas

La transición energética en España, por 4 mujeres del sector: ¿qué se ha hecho, qué falta y hacia dónde vamos?
Mireia Vila Trunas, Global CIO en EDP Renovables

Lidera proyectos de transformación digital e innovación tecnológica, con especial foco en la integración de energías renovables, eficiencia y nuevas soluciones digitales aplicadas al sector. Es vicepresidenta del grupo de trabajo de Digitalización en SolarPower Europe y es miembro activo del Harvard Business Review Advisory Council.

La transición energética en España, por 4 mujeres del sector: ¿qué se ha hecho, qué falta y hacia dónde vamos?
Ana Serrano Oñate, consejera independiente en Lleidanetworks Serveis Telematics SA y en la empresa de hidrógeno verde H2PLT.

Es asesora independiente en el sector energético, con más de 40 años de experiencia internacional en proyectos de petróleo, gas y transición energética. Ha ocupado altos puestos ejecutivos en compañías como Equinor y Repsol.

La transición energética en España, por 4 mujeres del sector: ¿qué se ha hecho, qué falta y hacia dónde vamos?
Esther Martínez Arroyo, directora del Sector de Energía y Utilities para la división de Consultoría en PwC

Ha trabajado en proyectos estratégicos del sector energético, con foco en transición energética, nuevas energías y descarbonización. Desde 2018 es miembro activo de la Asociación Española de Mujeres en la Energía (AEMENER), y la responsable del área de Estudios desde el año pasado.

La transición energética en España, por 4 mujeres del sector: ¿qué se ha hecho, qué falta y hacia dónde vamos?
Maria Luisa Castaño, Asesora de la Dirección General en CIEMAT

En el CIEMAT se especializó desde el inicio en el estudio del comportamiento de materiales para sistemas de producción de energía, y fue Directora del Departamento de Energía. También fue Subdirectora General de Colaboración Público-Privada del Ministerio de Ciencia e Innovación.

¿Cómo explicaría qué significa la transición energética y por qué es tan relevante para la sociedad?

Maria Luisa Castaño

La transición energética es un cambio en la forma en que producimos y utilizamos la energía. Significa dejar de usar combustibles fósiles -como el petróleo, el carbón o el gas, que generan emisiones de CO₂- y avanzar hacia el uso de fuentes de energía más limpias y sostenibles -como la solar, la eólica o la hidráulica-.

Este cambio es necesario porque el uso masivo de combustibles fósiles es una de las principales causas del cambio climático. Sus consecuencias ya las estamos viendo: aumento de la temperatura media, fenómenos meteorológicos más extremos, pérdida de biodiversidad y riesgos para la economía y la seguridad energética.

La transición energética no solo busca reducir estos impactos, sino también generar beneficios: mejorar la calidad del aire, impulsar la innovación tecnológica, crear empleos en nuevos sectores y garantizar un futuro más seguro y sostenible.

«La transición energética es un cambio en la forma en que producimos y utilizamos la energía»

¿Qué implica la transición energética?

Ana Serrano Oñate

En primer lugar, es necesario explicar dónde estamos y por qué se requiere esa transformación. La realidad es que la transición energética avanza muy lentamente: el consumo mundial de petróleo ha aumentado y el incremento de la energía renovable (6% del consumo energético global) constituye más una adición energética que una sustitución.

La energía renovable se encuentra dentro del mix eléctrico, que supone el 20% del consumo global. El 80% restante sigue dependiendo de los combustibles fósiles. Sin duda, la electrificación avanzará superando el nivel actual, pero sectores como el transporte pesado, la aviación o la petroquímica aún presentan enormes dificultades para su electrificación.

Sustituir completamente el sistema fósil exigiría una expansión de la capacidad solar, eólica, hidroeléctrica y nuclear, además de producir hidrógeno a gran escala y aumentar el uso de biocombustibles (algo todavía inviable por límites tecnológicos e industriales). A ello se suma la creciente demanda de minerales críticos —cobre, níquel, grafito, cobalto, tierras raras— esenciales para la energía, la digitalización y la defensa.

La energía es la base de la economía. No olvidemos que un barril de petróleo equivale aproximadamente a 4,5 años de trabajo humano. El acceso al petróleo barato impulsó el crecimiento sin precedentes del siglo pasado. En este siglo, los recursos se están convirtiendo en un factor limitante para el crecimiento y, además, son el eje de los conflictos globales y el resurgir del proteccionismo.

No obstante, existen razones fundadas para el optimismo. Si renovamos el modelo económico, evitando el desperdicio actual masivo de energía, podremos mantener el bienestar con un consumo energético mucho más equilibrado. 

«Debemos transformarnos no solo por la crisis climática, sino también porque vamos a enfrentar escasez de energías»

¿Cuáles son los principales retos que afronta España para alcanzar los objetivos europeos en descarbonización y energías renovables?

Esther Martínez Arroyo

En España partimos de una posición privilegiada en cuanto a recursos naturales, pero eso no basta. Uno de los grandes retos es acelerar la planificación y tramitación administrativa de los proyectos renovables, garantizando al mismo tiempo la protección ambiental y la aceptación social.

Otro reto importante es modernizar, digitalizar y adaptar la red eléctrica para que sea capaz de integrar de forma eficiente toda esta nueva energía renovable necesaria para cumplir los ambiciosos objetivos marcados por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-20230, pero más importante aún, es integrar toda la demanda que se quiere descarbonizar en nuestro país y que está a la espera de acceso y conexión a la red. También debemos apostar por el almacenamiento energético y la gestión de la demanda, para garantizar un sistema seguro y estable.

Y por supuesto, después del acontecimiento del pasado 28 de abril, es necesario garantizar la seguridad de suministro en nuestro sistema eléctrico, combinando las tan necesarias energías renovables, con otras tecnologías como la energía nuclear o los ciclos combinados que sean capaces de aportar la flexibilidad y fiabilidad que nuestro sistema necesita.

«Uno de los grandes retos es acelerar la planificación de los proyectos renovables. Otro, es modernizar, digitalizar y adaptar la red eléctrica»

Ana Serrano Oñate

Probablemente, la resistencia de algunos sectores y la influencia de los lobbies han hecho que la planificación energética europea haya sido fragmentada y demasiado centrada en el automóvil eléctrico, descuidando la falta de educación e incentivos adecuados para la electrificación de sectores como la industria, el transporte y los edificios.

Ampliar y mejorar las redes eléctricas y el almacenamiento es importante para acelerar la transición energética, pero, en mi opinión, el principal obstáculo a la transición en Europa es la pérdida de tejido industrial.

La realidad de Europa es que existe un desajuste entre oferta y demanda eléctrica. La desindustrialización —sobre todo en Alemania, Reino Unido e Italia— ha reducido la demanda eléctrica debido a la falta de acceso a diésel y gas baratos, esenciales para sus procesos industriales.

Sin reindustrialización y electrificación productiva, y sin una consecuente demanda eléctrica, ampliar la capacidad renovable carece de sentido estratégico. China, consciente de su carencia de combustibles fósiles, desarrolló desde 2005 una estrategia de largo plazo basada en la inversión sostenida, la integración vertical de toda la cadena de valor —desde la minería hasta la fabricación de tecnologías limpias— y la diversificación de contratos energéticos de combustibles fósiles de largo plazo y competitivos.

Europa debería seguir un enfoque similar, focalizado en las renovables, pero diversificando también los contratos energéticos y de materias primas. Asimismo, debe apostar por fuentes locales y aplicar tecnologías como el hidrógeno verde y la captura de carbono para los procesos no electrificables.

«El principal obstáculo a la transición en Europa es la pérdida de tejido industrial»

¿Qué tecnologías o soluciones cree que serán protagonistas en esta transformación?

Mireia Vila Trunas

Las energías renovables —solar, eólica, hidráulica, marina— seguirán siendo el motor de la transición, pero no bastarán por sí solas. Necesitamos tecnologías que nos permitan integrar y almacenar esa energía. Aquí entran en juego las baterías de nueva generación y el hidrógeno verde, que será clave para la industria y el transporte pesado.

La digitalización será otro gran protagonista: sistemas inteligentes capaces de equilibrar la oferta y la demanda, sensores, datos y redes que conviertan al sistema energético en una infraestructura flexible y resiliente. Y no olvidemos la eficiencia energética. Aunque suele pasar desapercibida, es la herramienta más inmediata y rentable: cada kilovatio que no se consume es una victoria doble, para el planeta y para el bolsillo.

Finalmente, destaco las innovaciones sociales y organizativas. Las comunidades energéticas, la participación ciudadana y los nuevos modelos de negocio son igual de importantes que la tecnología. La transición será un proyecto compartido entre sociedad, empresas y administraciones.

Es por ello, que estoy convencida de que el futuro pasa por la colaboración. Aparte de mi rol dentro de EDP, lidero el grupo de trabajo de digitalización en la organización SolarPower Europe, precisamente con la convicción de que unir fuerzas dentro de la industria es esencial para acelerar los avances y hacer de la transición energética una realidad al alcance de todos.

«Las comunidades energéticas, la participación ciudadana y los nuevos modelos de negocio son igual de importantes que la tecnología»

¿Cómo se imagina el sector energético en España dentro de 10 años? ¿Qué cambiará en nuestra vida cotidiana?

Maria Luisa Castaño

Si miro 10 años atrás, veo que ya hemos vivido cambios muy profundos en el sector energético y en nuestra vida cotidiana: más renovables, más conciencia ambiental, avances en movilidad y en eficiencia. Eso me hace pensar que en los próximos 10 años la transformación será todavía más acelerada.

Imagino un parque automovilístico mucho más electrificado, con infraestructuras de recarga y con combustibles alternativos para los transportes que no puedan electrificarse. Las ciudades serán más limpias, con menos tráfico de vehículos particulares y más transporte público y compartido. Nuestras viviendas estarán mejor aisladas, consumirán menos energía y muchas de ellas generarán su propia electricidad gracias al autoconsumo. Y en la industria, la eficiencia en los procesos, ayudado por la digitalización tecnologías novedosas, como el hidrógeno verde permitirán reducir emisiones. 

Dentro de 10 años viviremos en un entorno más saludable, con energía más limpia y con una economía que habrá evolucionado hacia la sostenibilidad, donde los residuos se conviertan en recursos, la energía se use de forma eficiente y los materiales fluyan continuamente entre producción y consumo. Es el futuro de la economía circular.

Mireia Vila Trunas

Dentro de una década, imagino un sector mucho más descentralizado, con un papel protagonista para la ciudadanía. Tejados solares en la mayoría de los edificios, hogares con sistemas de autoconsumo y comunidades energéticas que comparten entre vecinos. El coche eléctrico será la norma y el transporte público será mayoritariamente eléctrico. En la industria, el hidrógeno verde empezará a consolidarse como alternativa. La digitalización nos permitirá gestionar la energía: desde programar electrodomésticos hasta vender la energía sobrante a la red con un simple clic.

«En diez años pasaremos de ser consumidores pasivos a protagonistas activos de nuestra propia energí

¿Qué le ilusiona más de este momento histórico de cambio y qué le preocupa más?

Esther Martínez Arroyo

Lo más ilusionante es que estamos ante una oportunidad única de redefinir nuestro modelo de desarrollo, haciéndolo más sostenible, resiliente y descarbonizado. Es emocionante ver cómo la innovación y la colaboración están dando lugar a soluciones que, hace pocos años, parecían ciencia ficción. Cada día salen al mercado nuevas tecnologías de producción de energía y nuevos modelos de negocio basados en la descarbonización que combinan la innovación y la tecnología que hacen del sector energético un sector muy rico y dinámico.

Lo que más me preocupa es que avancemos sin tener en cuenta un aspecto tan importante como es la competitividad de nuestra industria. Europa ha logrado consolidarse como líder en la transición energética, superando en 10 puntos porcentuales a economías como Estados Unidos y China en incorporación de energías renovables. Sin embargo, este liderazgo en sostenibilidad no se ha sido suficiente para traducirse en una mejora de nuestra competitividad industrial.

Ana Serrano Oñate

Vivimos la cuarta revolución industrial, impulsada por la inteligencia artificial y la digitalización, pero también caracterizada por la escasez de recursos, de la que no se habla abiertamente. Esto genera tanto oportunidades como tensiones globales.

Me ilusiona que el cambio ya esté en marcha y que las nuevas generaciones valoren más las experiencias y la calidad de vida que las posesiones materiales. Eso me da esperanza.

Me inquieta la complacencia ante el uso continuado de combustibles fósiles. Muchas compañías que dicen liderar la transición producen menos del 2% de energía renovable. Además, el debilitamiento del multilateralismo y la falta de compromiso de grandes potencias, como Estados Unidos, dificultan la cooperación climática. Retrasar la transición solo la encarece y agrava sus consecuencias: sequías, incendios, olas de calor, pérdidas agrícolas y riesgos para la seguridad energética y alimentaria.

También me preocupa la escasa conciencia ciudadana sobre el papel central de la energía y los recursos naturales en nuestra vida diaria. Es clave aumentar la aceptación social y contrarrestar el discurso negacionista, que frena las políticas ambientales y debilita el consenso global, comunicando los beneficios reales de la transición: más empleo, ahorro e independencia energética.

Finalmente, me inquieta que la lucha por los recursos siga alimentando los conflictos globales. Hoy existen más de 70 conflictos vinculados a la distribución desigual de estos. La humanidad no se quedará sin petróleo en el corto plazo, pero la falta de acceso a estos recursos genera crisis económicas y disputas, ya que las reservas se concentran en ciertos países.

«La humanidad no se quedará sin petróleo en el corto plazo, pero la falta de acceso a estos recursos genera crisis económicas y disputas»

Para una transición energética exitosa se necesitan innovaciones tecnológicas e inversiones estratégicas, pero, sobre todo, un replanteamiento del consumo energético global. Comprender el papel del petróleo en la economía mundial y los desafíos que implica la transición hacia fuentes alternativas es esencial. Recomendaría que pensemos más sobre qué y cómo estamos produciendo, y qué materiales utilizamos. La cuestión de la producción debería ser mucho más central en nuestro entendimiento de la economía y la sociedad.

El cambio ya está ocurriendo. El problema radica en quienes se resisten a abandonar un modelo económico ya obsoleto, basado en el petróleo barato y el consumo infinito. Se resistirán hasta el final, pero no hay vuelta atrás: avanzamos hacia un mundo diferente.

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