15 de octubre, día de agricultoras y ganaderas

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Hoy, 15 de octubre, es el día de las mujeres rurales, el día para reconocer el trabajo de esas más de 600 millones de mujeres que representan más de la cuarta parte de la población. Las mujeres producen más de la mitad de la comida que se produce en el planeta y sin embargo, sólo poseen el 2 por ciento de la tierra.

En España el 29 por ciento de la titularidad de explotaciones es de las mujeres, sólo el 9 por ciento de esos terrenos pertenece a jóvenes con menos de 40 años.

Desde 1970 hasta hoy se ha doblado el número de mujeres rurales viviendo en situación de pobreza. A pesar de las dificultades, es destacable el movimiento asociativo, los lazos y las acciones desarrolladas por estas mujeres. Hoy se reivindica la labor de agricultoras y ganaderas que, en la sombra, siembran futuro.

Teniendo en cuenta el rol de clave de las mujeres en la producción de alimentos, se busca destacar que las mujeres que viven en el campo son las últimas que tienen acceso a los recursos, a la capacitación y a los préstamos financieros para producir alimentos. Teniendo en cuenta el rol de clave de las mujeres en la producción de alimentos y la seguridad alimentaria, se decidió fijar la fecha un día antes del Día Mundial de la Alimentación, denunciando también que las mujeres que viven en el campo son las últimas que tienen acceso a los recursos, a la capacitación y a los préstamos financieros para producir alimentos. Fue en 1995, en la IV Conferencia sobre la Mujer, organizada por la ONU en Pekín.

“Hoy más que nunca la soberanía alimentaria tiene nombre de mujer, ya que somos las más afectadas y las que debemos luchar contra las políticas neoliberales y sexistas que dominan la producción agrícola y comercial”, subraya Belén Verdugo, directora del Área de la Mujer de la Coordinadora de Agrupaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) en España.

La participación en la toma de decisiones y ejecución de las mismas, fuertemente vinculada al concepto de visibilidad de las mujeres rurales, es un objetivo fundamental en la lucha de las organizaciones que se suman a la celebración del 15 de octubre.

Ellas son conscientes de la importancia de su trabajo. Son pieza fundamental para el avance social, no sólo derivado de la alimentación sana y de calidad que proporcionan, sino también del papel que realizan como cuidadoras de las personas y de la tierra. Saben también identificar la discriminación y la violencia que se ejerce hacia ellas. Priorizan los conflictos y van a la raíz.

“Las mujeres productoras de alimentos alertamos de que el fracaso del actual sistema productivo, basado en la explotación exacerbada de recursos y la intensificación industrial, queda más que constatado a día de hoy, con miles de campesinas y campesinos arruinados, la privatización de la producción alimentaria por las multinacionales y la tasa de mortalidad por hambre más alta de la historia de la humanidad”, aseguran desde CERES.

“Somos conscientes de que la mujer debe formar parte de los órganos directivos de las organizaciones profesionales agrarias, de las cooperativas, de las cámaras agrarias, de las mesas de negociación de desarrollo rural, de los partidos políticos y sindicatos”, manifiestan desde Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur).

Y denuncian que el 69 por ciento de las mujeres rurales españolas, se declara “ama de casa” y la mayoría de las trabajadoras se encuadran en el sector servicios. En el sector primario, tan sólo el 29 por ciento de titulares de explotación agraria en España son mujeres, frente al 80 por ciento del trabajo calificado como “ayuda familiar” que lo desempeñan las mujeres. Un trabajo que no goza de reconocimiento ni prestaciones sociales propias.

Más de 6 millones de mujeres rurales en España siguen sufriendo la doble discriminación de ser mujer y de vivir en un medio como el rural, donde se manifiestan algunas dificultades añadidas. Viejas reivindicaciones
Si el año pasado, el Día de las Mujeres Rurales en España estuvo marcado por la aprobación legal de la titularidad compartida, el 5 de marzo de 2009, en agosto de este año se publicaron las bases reguladoras de subvenciones dirigidas a promover la afiliación de las mujeres del medio rural en el Régimen Especial de Trabajadores por Cuenta Propia o Autónomos, a través del Sistema Especial para Trabajadores por Cuenta Propia Agrarios.

Sin embargo, las respuestas legales a estas viejas reivindicaciones de las mujeres rurales, no pueden identificarse como cambio y la mayoría de las organizaciones lamentan que estos derechos sean de momento, tan sólo un espejismo.

Así mismo, aseguran que la Política Agraria Común (PAC) ha sido incapaz de superar las discriminaciones de las mujeres campesinas obviando la igualdad real de género como alternativa para el desarrollo sostenible.

En España, el ámbito rural contiene a un tercio de la población y afecta al 90 por ciento del territorio español e históricamente, reconocidas o no, las mujeres vienen realizando un aporte muy especial al mantenimiento y desarrollo del sector.

Más de 6 millones de mujeres rurales en España siguen sufriendo la doble discriminación de ser mujer y de vivir en un medio como el rural, donde se manifiestan algunas dificultades añadidas. En nuestro país, la tasa de pobreza, con un 21 por ciento, es mayor en las mujeres que en los hombres y afecta sobre todo a mujeres mayores, en la mayor parte de los casos viudas con una exigua pensión.

En cuanto a la representación y toma de decisiones, la presencia de las mujeres es aún muy escasa en la política local, en los grupos de desarrollo rural y en los consejos rectores de las cooperativas (sólo representan un 3 por ciento).

Hay pocas mujeres jóvenes dispuestas a recoger el relevo generacional: aunque casi un 29 por ciento de la titularidad de explotaciones es de las mujeres, sólo el 9 por ciento de esos terrenos lo lleva mujeres con menos
de 40 años. 
Estamos pues lejos de reconocer y reciprocar con esos "millones de mujeres han contribuido a cambios profundos en la sociedad, en la cultura, en las mentalidades y en la generación de derechos", según declaró la semana pasada, la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, durante los actos previos de conmemoración organizados Fademur.

Relevo generacional
La estadística muestra que ellas cada vez son más importantes en la gestión de los recursos, aunque el problema reside en que hay pocas mujeres jóvenes dispuestas a recoger el relevo generacional. Al dato de que casi un 29 por ciento de la titularidad de explotaciones es de las mujeres, hay que agregar que sólo el 9 por ciento de esos terrenos lo lleva mujeres con menos de 40 años.

Además, la mayor parte de las agricultoras y ganaderas tienen pequeñas explotaciones y un 70 por ciento de las titulares reside en zonas desfavorecidas.

“Las mujeres jóvenes del mundo rural cuentan con más formación que sus madres y sus abuelas, sin embargo, esta mayor formación no les abre más puertas a nivel profesional en sus lugares de origen por lo que tienen que emigrar a las ciudades para buscar un puesto de trabajo provocando así un éxodo que está llevando a nuestros pueblos a seguir perdiendo población”, afirma la Confederación Nacional de Federaciones y Asociaciones de Familias y Mujeres del Medio Rural (Afammer), que este año pone el acento de sus reivindicaciones en la discriminación laboral y la discriminación salarial que siguen sufriendo las mujeres rurales.

“Las mujeres tenemos más difícil acceder a un puesto de trabajo y cuando lo hacemos, en muchos casos, cobramos entre un 20 y un 30 por ciento menos que los hombres y, además, continuamos sin poder conciliar nuestra vida laboral, familiar y personal”, denuncia la presidenta Carmen Quintanilla.

Así mismo, las mujeres del medio rural siguen teniendo graves dificultades para acceder a los servicios sanitarios que necesitan como es el caso de las consultas de especialistas, teniéndose que desplazar para disponer de ellas.

Fademur reclama “medidas especiales que incentiven el autoempleo entre las mujeres rurales y las iniciativas emprendedoras. Las mujeres del ámbito rural tienen que salir de la invisibilidad y de la economía informal e incorporarse al mercado de trabajo formal a través del apoyo para la puesta en marcha de empresas de economía social como las cooperativas, con incentivos para el sector de la artesanía y para las mujeres que trabajan en el sector agrario”.

Belén Verdugo asegura que “las jóvenes que se incorporan lo hacen porque lo han decidido y cuentan con más formación. Existe un movimiento de nuevas pobladoras muy esperanzador, que cuanta con poco capital, pero con un aporte creativo muy grande y con otro tipo de pensamiento: más generoso, con otras formas de relación entre la gente”.

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