Saborear el instante

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Hace varios días que no me paro un segundo a anotar algunas de mis reflexiones en un pequeño papel o en el iPad. Y la realidad es que no he podido hacerlo por falta de tiempo, ese bien escaso en la sociedad actual que nos impide en nuestra carrera contrarreloj valorar los pequeños instantes felices junto a aquellos a quienes amamos, recordar el pasado y replantearnos el futuro.

El tiempo en las grandes ciudades es la pauta que determina nuestras actuaciones y limita nuestra independencia y libertad. Vivimos condicionados por las horas. Desde el despertador que te marca la primera obligación del día hasta las interminables agendas en donde los segundos se desgranan en un listado eterno de citas y reuniones. También nuestros momentos de ocio están condicionados y restringidos a una hora y a un momento.

Saboreo  cada minuto como si fuera el último y vivo a mil revoluciones por minuto, aun a riesgo de ser tildada de hiperactiva, porque sé que el tiemplo fluye pero asimismo se acaba.En mi vida personal y profesional aprovecho mucho, quizás excesivamente, el tiempo. No puedo evitarlo, tengo una personalidad “disfrutona” que me hace exprimir al máximo cada segundo, que es irrepetible y no vuelve. Saboreo  cada minuto como si fuera el último y vivo a mil revoluciones por minuto, aun a riesgo de ser tildada de hiperactiva, porque sé que el tiemplo fluye pero asimismo se acaba. Sin embargo no me gusta y rechazo el marcaje de los tiempos, el control de los horarios que nos impide disfrutar de ratos tranquilos de conversación, escuchar a nuestros mayores y dedicar el tiempo necesario a los que realmente nos importan.

Por eso en esta época valoro especialmente las vacaciones, un remanso temporal en libertad y sin control y en el que un paseo por la playa, una cena con amigos, la lectura pausada de un buen libro nos reconforta y nos permite pensar, soñar y valorar que nuestro tiempo es un viaje enriquecedor, de cambio, de nuevas oportunidades, de lucha.

Un tiempo que nos pertenece y que tenemos que aprovechar sin trabas, sin limitaciones, sin prisas, con optimismo y alegría. Parafraseando a Jean Paul Sartre " no desperdiciemos el tiempo, quizás lo hubo más bello pero este es el nuestro".

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