Ni machista ni metrosexual, un hombre entero

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Por el inconsciente colectivo de los españoles debe andar un anuncio de Pepsi en el que tres madres presumen del ambicioso futuro profesional que deparará la vida a cada uno de sus bebés. Varones, que entendiendo el horror que parece esperarles, comienzan a gritar con desesperación fundiéndose luego con la imagen de tres componentes de una banda de rock. Está claro que esto no es en absoluto el futuro previsto por sus pretenciosas madres, pero sí que es coherente con lo que ellos quieren.

Además de provocar las sonrisas de los más rebeldes, este anuncio sugiere el tema de la nueva masculinidad. Un asunto poco tratado por la literatura si se compara con la gran cantidad de obras cuestionando la imagen tradicional de la mujer desde la aparición del movimiento feminista.

Esta nueva visión libera a los hombres de la pesada carga del machismo, culturalmente predominante, permitiéndoles recuperar sus valores más íntimos y auténticos.Si la “metrosexualidad varonil” es ya tema interminable de discusión en los medios, no parece de mayor interés lo relativo a “el alma masculina”, Es decir, no se profundiza en la esencia del hombre más allá de lo que el mercado le ofrece a su nueva “imagen” con las correspondientes exigencias del guión.

En nuestro desarrollo industrial, hemos evolucionado dando supuestamente la espalda a roles y valores que nuestra cultura ha venido convencionalmente asignando tanto a la mujer como al hombre y que ya no son válidos.

Robert Bly en su obra Iron John se apoya en el cuento de los hermanos Grimm “Juan de Hierro” para desvelar la esencia más auténtica de los valores masculinos, y desarrollar una nueva visión de la masculinidad que podría servir de guía e inspiración a los hombres.

En torno a este relato, van emergiendo las proyecciones de una masculinidad vigorosa, protectora y emocionalmente equilibrada, además de sensible. Según el escritor, “esta nueva visión libera a los hombres de la pesada carga del machismo, culturalmente predominante, permitiéndoles recuperar sus valores más íntimos y auténticos”.

No obstante, al igual que le ocurre a la mujer, el hombre del siglo XXI se encuentra sin referentes a la hora de encontrar su nuevo papel en una sociedad donde la mujer también ha cambiado sus roles. Es por tanto fundamental que ambos sexos sintonicen con las nuevas frecuencias femeninas y masculinas de cara a potenciarse juntos, en lugar de anularse en una guerra de poder sin sentido.

Tras la revolución industrial, los padres han dejado de enseñar un oficio a los hijos, pasando muy poco tiempo con ellos para educarles, ya que tienen que ganar un salario cada vez más difícil de conseguir. La vida empresarial moderna, sumamente competitiva, entierra, la mayoría de las veces, la esencia verdadera de los hombres, que en muchas ocasiones, se convierten en lo que su alma no anhela por el terror a enfrentarse a un camino de lucha por ser uno mismo sin la garantía de un final feliz.

Si el hombre medieval tenía claro que su objetivo era salvar su honor por encima de la deshonra, muchos hombres de hoy en día son insensibles a su propio sufrimiento por vivir cómoda aunque infelizmente. Pocos son los osados a aceptar las pruebas iniciáticas de la Vida enfrentándose a sus propios demonios y temores.

“Si el hombre y la mujer sólo tienen soldados o niños avergonzados en su interior, de sus batallas sólo sacarán heridas”, agrega Bly. “El niño no se hará adulto hasta que rompa la adicción a la armonía, y entre a participar con júbilo de las tensiones del mundo”.

Cuando el varón se enfrenta a sí mismo, escuchando su propio corazón, puede optar a encontrar la cara y contracara de su alma. Asumirá entonces las heridas del crecimiento y del sacrificio que a veces supone ser quien se es. A lo mejor, llega a formar su propia banda de rock.

*María Cicuendez es Periodista, Maestra de Reiki (Usui Shiki Ryoho), Terapeuta de Sonido, Cristaloterapia y Esencias Florales (clases y terapias).mariacicuendez.webs.com/ mariacicuendezluna.blogspot.com/


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