‘Diario de laboratorio’, el libro de Deborah García Bello que convierte la química en una forma de mirar la vida

Vivimos rodeados de materia que no sabemos leer. El color del mar en un día de niebla, el olor de una casa antigua, el sabor de una taza de té que se enfría: todo eso tiene una explicación química, pero también una dimensión humana que rara vez exploramos. En Diario de laboratorio, Deborah García Bello (Paidós, 2026) propone exactamente eso: una travesía no lineal por la ciencia y la experiencia, donde lo cotidiano se convierte en punto de partida para revelar la belleza invisible de la materia.

El libro parte de una premisa tan sencilla como radical: la química no es una disciplina ajena a la vida, sino la lengua en la que está escrita. Desde ahí, García Bello construye un diario guiado por las ideas, alternando narración en primera persona, ensayo científico, poesía y anotaciones breves que reflejan la complejidad y las contradicciones de la existencia.

Un diario que avanza y retrocede en el tiempo

'Diario de laboratorio', el libro de Deborah García Bello que convierte la química en una forma de mirar la vida

Diario de laboratorio no sigue una lógica cronológica ni temática convencional. La autora estructura el libro como un proceso de pensamiento vivo, donde los fragmentos se asocian de forma inesperada, los errores son fértiles y los hallazgos emergen de la observación más cotidiana. La vajilla de la abuela, un beso, un día de tormenta: todo se convierte en detonante de una reflexión científica que, a su vez, abre una ventana hacia algo más amplio.

Este formato híbrido es también una declaración de intenciones. García Bello no separa el rigor del método científico de las emociones, el amor o la intuición. La observación, la formulación de hipótesis y el análisis dialogan en estas páginas con los vínculos, las creencias y la lógica social. El resultado es un libro que se resiste a las etiquetas y que, precisamente por eso, resulta difícil de soltar.

Ciencia como mirada, no como explicación

Uno de los aportes más singulares del libro es su forma de entender la divulgación científica. García Bello no explica la química para que el lector la comprenda y la archive: la despliega para que cambie la manera en que percibe el mundo. Los fenómenos físicos y químicos no aparecen como datos externos, sino como capas de sentido que se superponen a la experiencia.

La autora demuestra que saber cómo funciona algo no resta misterio, sino que lo multiplica. Entender el efecto Raman no arruina el azul del mar; explicar la termodinámica urbana no hace la sombra de un árbol menos refrescante. Al contrario: el conocimiento añade una dimensión de asombro que solo es posible cuando la ciencia se cuenta con honestidad y sin distancia.

Esta es, en esencia, la propuesta de Diario de laboratorio: una invitación a desarrollar una mirada más lúcida y más rica sobre lo que nos rodea, sin renunciar ni al rigor ni al misterio.

Una escritura precisa y profundamente humana

García Bello escribe con una precisión que nunca resulta fría. Su prosa es luminosa, exacta y, al mismo tiempo, capaz de sostener la ambigüedad propia de la experiencia humana. No es casualidad que el libro incorpore poesía: hay momentos en que la frontera entre el ensayo científico y el poema se vuelve porosa, y esa permeabilidad es parte de su propuesta estética.

La autora no teme la contradicción ni la duda, y eso se nota en la textura del texto. Diario de laboratorio es, en ese sentido, también un libro sobre cómo se construye el conocimiento: con hipótesis que fallan, con intuiciones que resultan acertadas, con preguntas que no encuentran respuesta inmediata pero que abren caminos.


Sobre la autora

'Diario de laboratorio', el libro de Deborah García Bello que convierte la química en una forma de mirar la vida

Deborah García Bello (A Coruña, 1984) es doctora cum laude en Química por la Universidade da Coruña e investigadora en Ciencia de Materiales y Tecnología Medioambiental. Es la divulgadora científica detrás de las redes sociales de @Deborahciencia y consultora científica para instituciones como el Guggenheim Bilbao, el Grupo L’Oréal e Inditex. Elegida por Forbes como una de las personas más influyentes en comunicación científica, ha recibido más de una decena de premios y dirige proyectos que vinculan ciencia y arte. Es autora de Todo es cuestión de química (Premio Prismas 2017), La química de lo bello y otros títulos publicados en Paidós. Diario de laboratorio es su obra más ambiciosa hasta la fecha.

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