Tamara Echegoyen lleva el océano en el currículum desde hace años. Medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 en la categoría Elliott 6m, múltiple participante en las competiciones de vela oceánica más exigentes del mundo. Pero el pasado enero se embarcó en algo diferente: formar parte de The Famous Project, el primer equipo 100% femenino en intentar conquistar el Trofeo Julio Verne, el récord de vuelta al mundo en velero sin escalas y sin asistencia exterior.
La travesía, realizada a bordo del Maxi Trimarán IDEC SPORT, se completó en 57 días, 21 horas y 20 minutos, casi tres décadas después del único intento previo de un equipo exclusivamente femenino, liderado en 1998 por Tracy Edwards. Tamara fue además la única española de una tripulación encabezada por la skipper Alexia Barrier y la co-skipper Dee Caffari.
Uno de los elementos menos conocidos del proyecto fue el papel de la tecnología. Sopra Steria, patrocinador del equipo y líder europeo en consultoría y servicios digitales, desarrolló soluciones específicas para la travesía. En esta entrevista, Echegoyen cuenta qué se siente cuando la tecnología deja de ser una ventaja competitiva y se convierte directamente en una cuestión de seguridad.
Tamara Echegoyen: «No se trata de eliminar el cansancio o la presión. Se trata de gestionarlos»
Dar la vuelta al mundo sin escalas ni asistencia suena extremo. ¿Qué es lo más duro del día a día a bordo que desde fuera no imaginamos?
Lo más duro no es un momento puntual, sino la acumulación. El cansancio constante, el frío, la humedad y dormir mal durante semanas. Todo eso va desgastando más de lo que parece desde fuera. Y luego está la falta de desconexión: no hay pausas reales, siempre estás pendiente del barco, del equipo, del siguiente cambio.
También hay una parte mental importante. Estás en un entorno muy exigente, donde cada pequeño problema se convierte en algo relevante, y tienes que mantener la calma y seguir tomando decisiones con claridad. Esa constancia, ese sostener el nivel día tras día, es probablemente lo más difícil.
«Cada pequeño problema se convierte en algo relevante, y tienes que mantener la calma y seguir tomando decisiones con claridad»
Primeros obstáculos en plena travesía
La expedición partió el 29 de noviembre desde Brest y apenas ocho días después cruzó el ecuador tras una navegación marcada por zonas de calma especialmente complejas. Pero los problemas técnicos no tardaron en aparecer. Camino al Cabo de Buena Esperanza, un gancho de la vela mayor quedó atascado, obligando a la tripulación a desmontarlo manualmente cada vez que ajustaban los rizos.
Poco después, una enorme red de pesca con flotadores quedó atrapada en el foil de estribor del trimarán. El impacto redujo drásticamente la velocidad del barco, que pasó de navegar a 30 nudos a apenas 5, añadiendo todavía más presión a una travesía ya extremadamente exigente.

En una travesía así, ¿cómo se gestiona el cansancio y la presión cuando sabes que cualquier decisión puede marcar la diferencia?
No se trata de eliminar el cansancio o la presión, porque eso es imposible. Se trata de gestionarlos. Trabajamos mucho en rutinas, en dividir el tiempo en pequeños bloques y en centrarnos en lo inmediato. No piensas en toda la vuelta al mundo, piensas en la siguiente maniobra y en el siguiente turno.
También es clave el equipo. Confías en que cada persona está haciendo su parte y eso te permite no cargar con todo. Y, sobre todo, simplificas la toma de decisiones: priorizas, te quedas con lo importante y actúas. En condiciones así, no puedes permitirte dudar demasiado.
«No se trata de eliminar el cansancio o la presión. Se trata de gestionarlos»
Navegar entre olas de ocho metros
La travesía entre el cabo Leeuwin y el Cabo de Hornos fue una de las etapas más duras del recorrido. La tripulación recorrió cerca de 3.800 millas en menos de once días, enfrentándose durante 48 horas a olas de más de ocho metros, mar muy gruesa y ráfagas superiores a los 50 nudos. El cansancio acumulado, el frío y la falta de descanso empezaban ya a pasar factura.
La tecnología juega un papel clave en este proyecto. En la práctica, ¿en qué momentos sentís que realmente os da una ventaja o incluso tranquilidad?
De esta parte se encargó nuestro socio tecnológico Sopra Steria. Pero puedo afirmar que la tecnología nos da ventaja y mucha tranquilidad en momentos muy concretos del día a día en el barco.
Por ejemplo, cuando sabes que todo el equipo en tierra está viendo exactamente la misma información que tú gracias a herramientas como CRIMSON (comúnmente usada por la marina y bomberos), que Sopra Steria adaptó e implementó para la navegación oceánica. Poder recibir datos en tiempo real, analizarlos juntos y trazar rutas con la misma base de información reduce mucho la incertidumbre y te permite tomar decisiones con más confianza.
También hay momentos críticos en los que la tecnología es directamente una cuestión de seguridad. La detección de icebergs mediante algoritmos de inteligencia artificial, a través de la startup GALEIO, nos permitió evitar zonas de riesgo. Saber que esos datos llegaban al equipo de routing y se integraban en nuestros sistemas a bordo nos daba una enorme tranquilidad.
Y luego están los aspectos menos visibles pero fundamentales, como la salud y el rendimiento. Contar con una aplicación en la tablet del barco para seguir la nutrición diaria, desarrollada también por Sopra Steria, nos ayuda a mantenernos fuertes en una vuelta al mundo tan exigente.
Al final, esa fiabilidad tecnológica es la que te permite centrarte en navegar y competir.
«La tecnología nos da ventaja y mucha tranquilidad en momentos muy concretos del día a día en el barco»
La última gran avería antes de cruzar la meta
La tecnología también resultó clave en el tramo final de la expedición. Después de 55 días de navegación, la vela mayor terminó rompiéndose tras haber sufrido ya un desgarro previo. Además, el trimarán perdió el foil de estribor, dejando sin funcionamiento los pilotos automáticos del barco. La tripulación tuvo que afrontar así la recta final del Atlántico en condiciones todavía más delicadas, con una vigilancia constante y un control mucho más manual de la navegación.
Formar parte de una tripulación 100% femenina es también un mensaje potente. ¿Qué tiene de especial trabajar en un equipo así en medio del océano?
Más allá del mensaje, lo importante es el funcionamiento del equipo. Cuando estás en medio del océano, lo único que importa es que el equipo funcione, que haya confianza y que cada una aporte lo mejor de sí misma.
En nuestro caso, ha habido un nivel de compromiso y de responsabilidad muy alto. Cada persona sabía que su papel era clave. Y eso genera una dinámica muy fuerte: mucho respeto, mucha comunicación y una sensación de que todas remamos en la misma dirección.
Si además eso sirve como referencia o inspiración fuera del deporte, es algo que suma, pero dentro del barco lo que marca la diferencia es el rendimiento colectivo.
Una última semana sin margen para rendirse
El tramo final por el Atlántico Norte fue especialmente exigente, con la borrasca Ingrid obligando incluso a la tripulación a refugiarse temporalmente en las Azores antes de afrontar la llegada definitiva. La combinación entre el deterioro del barco, el agotamiento acumulado y las condiciones meteorológicas convirtió los últimos días en uno de los momentos más duros de toda la vuelta al mundo.“Ha sido una última semana muy dura, pero en este equipo no ha existido la rendición”, explicó Echegoyen tras completar la travesía.
Si tuvieras que quedarte con una idea o aprendizaje de esta experiencia que pueda aplicarse fuera del deporte, ¿cuál sería?
Que no hay grandes resultados sin un trabajo constante detrás. Tendemos a fijarnos en los momentos finales, en el logro, pero lo que realmente marca la diferencia es todo lo que no se ve: la preparación, la disciplina, la capacidad de adaptarte cuando las cosas no salen como esperabas.
Y también que el equipo es determinante. Puedes tener mucho talento individual, pero si no hay cohesión, confianza y una forma clara de trabajar juntos, es muy difícil llegar lejos.

