El reto de la vivienda como generadora de nuevas comunidades sostenibles

 Con los ODS como hoja de ruta, mucho esfuerzo y altruismo colectivos, el gran reto es posible. ¿Cuáles son sus dimensiones? ¿Cómo las financiamos?

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Las comunidades, las ciudades y los territorios son y serán los grandes protagonistas donde se ganará o perderá la batalla contra el cambio climático y la exclusión social. La vivienda tiene un rol de alto impacto como generadora de nuevas comunidades inclusivas, prósperas y resilientes.

¿Cuáles son las dimensiones del reto de la vivienda?  ¿Cómo las financiamos?

Inclusión = Inclusión a una vida plena

Sólo podemos entender inclusión como inclusión a una vida plena. Vale la pena preguntarnos: ¿Cuáles son las dimensiones que hacen de la vivienda, especialmente la vivienda social y asequible, un motor inclusión, prosperidad y resiliencia? Enumeremos:

Participación y Seguridad

  • La inclusión comienza con la participación de todos los actores: vecinos, fondos multilaterales y filantrópicos, gobierno, e iniciativa privada.
  • Un componente de resiliencia es la seguridad, la que se garantiza evitando construir en zonas de riesgo y maximizando las áreas verdes capaces de reestablecer el equilibrio del ecosistema.

 Equipamientos, Infraestructuras, Servicios, Proyectos Comunitarios y Proyectos Detonadores

  • Los equipamientos, las infraestructuras y los servicios urbanos son vitales, especialmente aquellos que fomenten la creatividad, la innovación, y el emprendimiento.
  • Un cuarto ingrediente es la inclusión de proyectos comunitarios: huertos urbanos, mercados barriales, clubs de niños y niñas, hubs de emprendedores.
  • Lo que es complementario con la presencia de proyectos detonadores: clústeres de desarrollo económico, nodos de innovación digital y/o diversos proyectos productivos, según las vocaciones del lugar.

La inclusión comienza con la participación de todos los actores: vecinos, fondos multilaterales y filantrópicos, gobierno, e iniciativa privada.

Diversidad, Prosperidad y Flexibilidad

  • La prosperidad está directamente relacionada con la diversidad, y ésta se fomenta a través del mix de usos, tipologías y segmentos de viviendas.
  • La vivienda productiva, es en sí misma un verdadero motor de inclusión y prosperidad. El anhelo es alcanzar en cada conjunto residencial, al menos, por cada vivienda un puesto de trabajo de proximidad.
  • La flexibilidad, la capacidad de adaptación a diversos cambios ya sea en la composición familiar o en relación a nuevas necesidades funcionales, es una dimensión que hoy se ha vuelto aún más relevante. La pandemia ha exigido que nuestras viviendas se conviertan de un día para otro y al mismo tiempo, en escuelas, oficinas, gimnasios, y hasta hospitales asistiendo a nuestros enfermos. Sin dudas, esto repercutirá en la configuración de los distritos urbanos y las viviendas.

La capacidad de adaptación a diversos cambios, ya sea en la composición familiar o en relación a nuevas necesidades funcionales, es una dimensión que con la pandemia se ha vuelto aún más relevante.

 Materialización, Gestión y Gobernanza

  • Una última dimensión, pero no menos importante, es ofrecer a todos los actores, instrumentos de gobernanza, jurídicos y financieros, que garanticen la materialización y gestión sostenible a lo largo del tiempo.

¿Cómo financiamos la vivienda para que sea asequible para todos los segmentos de la población?

Aunque las ciudades apenas ocupan el 3% de la superficie terrestre, en ellas se genera el 70% del PIB de la economía global y se emiten el 70% de los gases de efecto invernadero. En las regiones en vías de desarrollo, la doble crisis ambiental y social se agudiza.

Latinoamérica y el Caribe han experimentado un crecimiento exponencial de la población urbana. En los últimos 70 años, ha pasado de 108 millones a unos 500 millones de personas.  La pandemia ya ha dejado a 1 de cada 3 ciudadanos bajo el umbral de la pobreza moderada, y a 8 de cada 10 personas percibiendo algún grado de vulnerabilidad. Un 17% de la población reside en barrios informales, y el déficit regional de vivienda alcanza un 37%, es decir unos 185 millones de habitantes.

Necesitamos trabajar todos juntos:  gobiernos, fondos multilaterales y filantrópicos, emprendedores sociales, y la iniciativa privada

 Un cambio de paradigma

La buena noticia es que estamos en el comienzo de un cambio de paradigma, que va tomando cada día más visibilidad: la inversión de impacto. 

En el camino hacia el impacto, el primer paso es no dañar; el segundo es aportar beneficio social y ambiental; y el tercero, el que verdaderamente se entiende como inversión de impacto, busca llegar a las necesidades desatendidas y aportar no solo recursos económicos, sino nuevas soluciones.

U-DH: Proyecto Iporá, Goya, Corrientes Argentina
Medición y monetarización del impacto

En la maximización del impacto ambiental – social generado y el acceso a financiación, hay dos claves a considerar: la medición y la monetarización del impacto. Sobre medición y reporte,  la iniciativa lanzada conjuntamente por CDP, CDSB, GRI, IIRC y SAS es una muy buena opción a seguir y valorar. Considerándola paralelamente a iniciativas como la de George Serafeim en Harvard donde se está trabajando en monetarizar el impacto ambiental y social de manera que se facilite su ponderación junto la contabilidad financiera.

Blended Finance

Abriendo el debate sobre cómo financiamos vivienda asequible para todos, creo que, si bien cada punto de equilibrio para alcanzar la viabilidad financiera se debe estructurar proyecto a proyecto dentro de su contexto; una respuesta a considerar, diseñar, y poner en marcha está en el Blended Finance.  

Hoy tenemos las herramientas para que la próxima década nos encuentre habitando en comunidades y viviendas que nos deparen a todos una vida plena, próspera, y en armonía con la naturaleza.

La era del altruismo colectivo

Para que esto sea posible, necesitamos trabajar todos juntos:  gobiernos, fondos multilaterales y filantrópicos, emprendedores sociales, y la iniciativa privada; creando fórmulas de financiación dentro de la triple hélice riesgo-retorno-impacto y colaborando hasta doblegar este escenario tendencial, que tanto en lo social como en lo ambiental está en un punto de no muy lejano no retorno. 

 Con los ODS como hoja de ruta, con mucho esfuerzo y altruismo colectivos, el gran reto es posible.  Hoy tenemos las herramientas para que la próxima década nos encuentre habitando en comunidades y viviendas que nos deparen a todos, especialmente a los más vulnerables, una vida plena, próspera, y en armonía con la naturaleza.  

Nota relacionada: Las ciudades utópicas, más cerca que nunca