Tu independencia económica: hablemos de dinero

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Aunque se haya dicho mucho al hablar de independencia económica, no está todavía lo suficientemente ´instalado´: el primero y más indispensable de los pasos hacia la emancipación es una educación que no te obligue a depender de nadie para subsistir.

Sin embargo, dos factores contradictorios se reflejan en las mujeres con vocación emprendedora: la capacidad para afrontar la adversidad y para soportar el sufrimiento. A las mujeres se nos ha dicho que si no sufrimos, no valemos y hay un apego al dolor como una forma de protesta al no encontrar otra salida.

Aunque suene antiguo, todavía la dependencia económica es la forma clásica de subordinación femenina, y tiene mucho que ver con la cultura. Muchas mujeres han hecho de los hijos el capital de sus vidas y sobre ellos proyectan ciertas ilusiones de poder. Entonces, cuando crecen y se independizan se encuentran ante un proceso de descapitalización y entonces todo vale menos la pena o abandonan con desesperanza las ilusiones.

Emprender para construir pensando tus aspiraciones
Muchas veces los negocios nacen con la ilusión de tener una continuidad más allá de sí mismas, de construir un legado y una fuente de ingresos para sus hijos. Pero cuando los hijos crecen, y tienen sus propias ambiciones y proyectos, muchas mujeres dejan de interesarse en alimentar el negocio. No se conforman del todo, pero dejan de soñar con hacerlo a lo grande. Buscan su comodidad. Recuperan el tiempo que, no sin culpa, le habían restado a la vida familiar.

Los sacrificios para cumplir con el rol de madre – afectivo y económico – más aún cuando las mujeres están separadas de sus parejas o solas, termina por ser abrumador.El retorno a la vida familiar en estas circunstancias, queda delimitado generalmente a poco más y entonces la vida personal la que queda malherida, especialmente entre las mujeres con hijos pequeños. Los sacrificios para cumplir con el rol de madre – afectivo y económico – más aún cuando las mujeres están separadas de sus parejas o solas, termina por ser abrumador.

“Yo no dejo nada para mí”, es una respuesta común cuando se les pregunta qué tiempo dedican a otra cosa que no sea la familia, lo doméstico.

El despertar, la formación, la vuelta al trabajo

Tras años sin ir al teatro, sin leer un libro por puro placer, sin “capacitarse” en áreas afines, las mayoría de las mujeres llegan a sentir que se lo merecen. El cansancio aparece como definitivo, y entonces aparece la idea de buscar “otra forma de trabajar”, por ejemplo tener la oportunidad de delegar algunas cosas y buscar la forma de asistir a seminarios, a talleres.

Frente a este sentimiento agobiante, proyectan también otro de reconocimiento por sus logros, que se refleja en hechos que se vuelven mitos en los cuales se apoyan para fortalecerse interiormente. Son sus puntos de referencia: el nombre de su empresa y los reconocimientos alcanzados a través de sus productos, servicios e ideas expresados directamente por sus clientes.

Los premios o méritos alcanzados y reconocidos les permiten reconciliarse con la dureza de su trabajo y proyectar una visión más positiva de sí mismas. El contraste de la historia de cansancio, frente a la imagen favorable del negocio y la independencia. La narración de un logro impensado, como un premio sorpresivo o una oportunidad con beneficios más amplios ilumina el rostro de la más atareada de las empresarias.

¿No sería ideal empezar antes y ahorrarnos ese tránsito injusto y muchas veces doloroso que se traduce en insatisfacción y decepción?

Empieza ya y transmite este valor a las mujeres que tengas cerca. ¡La independencia valdrá la pena!

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