No te confundas: no es lo mismo esperanza de vida que calidad de vida.

La medicina antiaging ya no es una moda. Ha llegado para quedarse y está cada vez más cerca de conseguir no sólo que vivamos más años, si no que lo hagamos con la mejor calidad de vida posible.

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Por primera vez en la historia de la humanidad, las personas con más de 65 años ya superan a las menores de 5 años a nivel mundial, según datos de la ONU. En 2050, se triplicarán las de edad superior a 80 años. Los niños que nacen ahora tienen una expectativa de vida de 100 años y se prevé que los nacidos a partir del 2050 lleguen a 150 años.

La esperanza media de vida de las mujeres en España es la más alta de Europa con 85,8 años, frente a los 83,3 años de la media europea.

En el caso de los hombres españoles, la edad media es de 80,1 años frente a los 77,9 de media en el resto de Europa. A pesar de que las mujeres europeas vivimos más que los hombres, contamos con peor calidad de vida a medida que vamos cumpliendo años. Según los expertos, nos convertimos en pacientes pluripatológicas, con mayores tasas de morbilidad hospitalaria, mayor prevalencia de enfermedades crónicas y niveles más altos de deterioro funcional y discapacidad.

Edad cronológica y biológica

Envejecer, se ha considerado siempre, un proceso natural dentro del ciclo vital del ser humano. Sin embargo, los últimos avances en la investigación empiezan a considerar el envejecimiento como una enfermedad. Cuando tenemos 20 años, nuestro organismo alcanza su máxima capacidad física. A partir de esa edad comenzamos a envejecer.

 Los niveles hormonales decaen progresivamente y empiezan a ponerse en marcha los radicales libres, que provocan la oxidación celular y el envejecimiento.

Este proceso no es sólo el responsable de la flacidez de la piel o de las arrugas que nos devuelve el espejo, sino que también es el principio del desarrollo de enfermedades de origen cardiovascular y una de las causas del cáncer.

Tenemos que distinguir entre edad cronológica y la biológica, que es la edad real de nuestro cuerpo y de nuestras células. Cuando la edad biológica y la cronológica coinciden o están muy cercanas, estamos envejeciendo de forma fisiológica o sana. En cambio, si hay un desfase importante entre ambas edades, se dice que tenemos un envejecimiento patológico.

El envejecimiento viene determinado en un 50% por nuestra genética y un 50% por nuestro estilo de vida.

Nuestros hábitos de alimentación, ejercicio físico, calidad del sueño, consumo de alcohol y tabaco, así como el manejo del estrés definen nuestra calidad de vida. Cuanto antes empecemos a poner foco en estas variables y mejoremos nuestro estilo de vida, antes empezaremos a retrasar nuestro envejecimiento.

Prestigiosos investigadores y científicos dedican desde hace años sus esfuerzos a trabajar en la prevención y tratamiento del envejecimiento a través de lo que se ha dado en llamar Medicina Antiaging, también denominada medicina de las cuatro «P»: preventiva, predictiva, proactiva y personalizada.

No se trata de una alternativa a la medicina convencional, es complementaria. Está orientada a pacientes que quieren mantener las funciones vitales, alargar la esperanza de vida y llegar a edades avanzadas con mejor salud, sin patologías y, sobre todo, sin limitaciones.

Para conseguirlo, los expertos comienzan realizando un amplio espectro de pruebas para valorar al paciente. Estas van desde analítica de biomarcadores, exploración física con pruebas de composición corporal, TAC de cabeza a pelvis, pasando por resonancia cerebral, ecocardiograma o estudio de riesgo de cáncer. Los resultados de estas pruebas junto a un estudio pormenorizado del estilo de vida les permiten diseñar una intervención personalizada para controlar el proceso de envejecimiento y revitalizar el organismo del paciente.

1. Dieta

La alimentación es uno de los pilares de la medicina antienvejecimiento. Se recomienda la ingesta de vegetales frescos, preferentemente ecológicos y alimentos lo menos elaborados posible, bajos en azúcares añadidos y en grasas trans. 

Algunos de los alimentos básicos son:

      • Brócoli, espinacas y acelgas.
      • Kiwi, granada, uvas negras  (muy ricas en resveratrol, una de las fuentes principales de antioxidantes provenientes de la naturaleza).
      • Frutos rojos: arándanos, fresas o frambuesas son alimentos antioxidantes por excelencia, antiinflamatorios y muy activos contra los radicales libres.
      • Las leguminosas, pescados y carnes blancas.
      • Frutos secos: nueces, almendras y avellanas.
      • Aceite de oliva.
      • Cacao puro o chocolate con más del 80% de cacao.
      • Canela, té verde, el jengibre y la cúrcuma.

2. Ejercicio físico

Realizar ejercicio físico de forma diaria es una rutina fundamental, ya que acciona y acelera el metabolismo.

Para obtener los beneficios del ejercicio y retrasar el envejecimiento no basta con salir a andar, es necesario sudar.

Según la ciencia, existen dos dos tipos de ejercicio más indicados para el antienvejecimiento. El cardiovascular, que mejora la circulación y fortalece el corazón, y el entrenamiento de fuerza, que desarrolla la confianza, los músculos y es bueno para articulaciones estables, previene lesiones y ayuda a perder peso.

3. El control del estrés

Se puede afirmar que el estrés está estrechamente relacionado con el envejecimiento prematuro pues debilita gran parte de los sistemas y aparatos del cuerpo humano. Segrega hormonas como el cortisol y la adrenalina que, generadas de manera continuada o crónica, pueden causar o agravar enfermedades gastrointestinales, respiratorias, cardíacas, daños en las células del hipocampo y afectar la memoria, debilitar el sistema inmune, así como  aumentar las probabilidades de sufrir diabetes.

La práctica de meditación, yoga y mindfulness son técnicas que ayudan a mantener a raya el estrés y a manejar los problemas desde otra perspectiva.

Contribuyen a nuestro equilibrio psíquico y emocional, retrasan nuestro envejecimiento y mejoran nuestra calidad de vida.

4. Control hormonal

El lento pero continuo declive de los niveles hormonales es a menudo el causante del incremento de las enfermedades cardiovasculares, neurocognitivas, osteoporosis y cáncer. A su vez, está vinculado con los síntomas asociados a la edad en las mujeres: malestares de la menopausia, aumento descontrolado de peso, trastornos del sueño, disminución de la libido y de la autoestima. El control hormonal y su reposición, si fuera necesario en el paciente, para restablecer los niveles óptimos es otro de los pilares en los que se basa la medicina antiaging. Estrógenos, testosterona, hormonas tiroideas, dehidroepiandrosterona, cortisol, insulina, melatonina son algunas de estas hormonas.

 5. Valorar la calidad del sueño

La calidad y la cantidad de sueño va deteriorándose con el paso del tiempo. Su diagnóstico y su tratamiento con dosis adecuadas de melatonina, así como la mejora de los hábitos de sueño, previenen de las enfermedades del envejecimiento.

6. Suplementación nutricional

No es aconsejable tomar vitaminas sin supervisión puesto que el exceso también puede producir toxicidad. Pero si fuera necesario los expertos en medicina antiaging pueden recomendar la ingesta de vitaminas, minerales u oligoelementos, antioxidantes y demás nutrientes específicos–como melatonina u Omega 3- que cumplan una función de defensa y reparación en el organismo.

Hay cientos de clínicas y profesionales ejerciendo en el campo de la medicina antiaging, pero si decides dar un paso adelante consulta a la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL) antes de hacerlo.