Liderar es hablar y que te escuchen

Cada semana, en mentorías individuales o grupales, en talleres relacionados a liderar o en corporaciones, o simplemente en reuniones y eventos a los que asisto, me encuentro con un patrón que ser repite: el temor a intervenir, a preguntar, a ir más allá de lo que se escucha, a decir “no estoy de acuerdo”.

Vivimos en la era de la información instantánea y la capacidad de discernir entre lo verdadero y lo falso se convierte en una destreza fundamental. Estamos saturadas de información trufada de opiniones que se presentan como hechos y las narrativas son moldeadas según las agendas y los objetivos de quien comunica.

En este contexto, el pensamiento crítico emerge como una brújula esencial para navegar por la complejidad de la realidad.

Pienso en esto tras leer a José Antonio Marina, filósofo y educador, porque celebro su concepto de que el pensamiento crítico no solo es una herramienta intelectual, sino una defensa esencial contra la manipulación, el fanatismo y el adoctrinamiento. Como es lógico, aboga por una educación que no solo transmita conocimientos, sino que también brinde las herramientas intelectuales, emocionales y éticas necesarias para formar personas capaces de tomar decisiones informadas en un mundo cada vez más complejo.

La aplicación sistemática del pensamiento crítico en cada escena importante de nuestras vidas, nos impulsa a cuestionar las normas y a promover los cambios que esperamos. Debemos introducir espacios para que el pensamiento crítico esté convocado a la cita.

En cada una de mis conversaciones o exposiciones en los diferentes formatos que imparto, propongo 3 ejes fundamentales que tienen mucho que ver con esto.

Espacio para pensar y tomar decisiones

Quienes me conocen o han trabajado conmigo, saben que una de mis preguntas de rigor -especialmente para las mujeres- es, si han leído “Una habitación propia” de Virginia Woolf. Este libro cuya vigencia es alarmante a casi cien años de haber sido escrito, no hace más que corroborar que todavía las mujeres necesitamos esa habitación. Ese espacio para ponernos a salvo de una realidad que nos invade y que de manera permanente deja nuestras prioridades para otro momento sin respetar nuestras urgencias.

La habitación propia es una metáfora de un espacio de privacidad para pensar, para decidir, para planificar un camino y una meta a nuestra medida.

Liderar es hablar y que te escuchen

En el medio de nuestros días y por segundos, se cuelan las suposiciones y estereotipos, y la información publicada -en todos sus formatos y soportes cada vez más invasivos- que debemos aprender a cuestionar y a analizar para ponerla en entredicho. Y esto deberíamos trasladarlo al ámbito profesional asumiendo con pragmatismo el riesgo que conlleva: abandonar la actitud pasiva y analizar, hacer preguntas, incitar a la reflexión conjunta y sobre todo: ¡que nos escuchen!

Las ideas y las creencias preexistentes están allí para desafiarnos. Y es nuestra tarea hacernos preguntas antes de decidir si serán parte de nuestro bagaje o las tiraremos por la borda. O las reformularemos. Abordar los problemas con una mente abierta y disposición de aprender, incluso y más aún cuando la información desafía nuestras creencias, es vital.

Ese espacio para ponernos a salvo de una realidad que nos invade y que de manera permanente deja nuestras prioridades para otro momento sin respetar nuestras urgencias

Qué dices y cómo lo dices…para que te escuchen

Siempre insisto en la importancia de las palabras que utilizamos a la hora de narrar y de narrarnos. En la construcción de nuestras realidades, el lenguaje no solo es una herramienta de comunicación, sino también un arma poderosa para “moldear” percepciones y expectativas.

Y otra vez, es el pensamiento crítico el que nos invita a desentrañar las complejidades lingüísticas que perpetúan situaciones” que queremos “desinstalar” de nuestras vidas.

Liderar es hablar y que te escuchen

Los términos que utilizamos, las formas en que estructuramos las oraciones y las palabras que elegimos transmiten mucho más que información: construyen y sustentan las dinámicas de poder.

Una de las dinámicas con las que trabajo habitualmente es como nos presentamos ante los demás. En este sentido, estoy preparando un diccionario breve de todos los términos que debemos abandonar para cambiar nuestra percepción y la de los demás. Un diccionario con palabras potentes y precisas que nos definan y coloquen nuestros pensamientos, reflexiones y preguntas en un espacio de respeto y atención. Y que colaboren en forjar quienes somos para llegar con más seguridad y confortabilidad a ese lugar en el que nos merecemos estar.

Es el pensamiento crítico el que nos invita a desentrañar las complejidades lingüísticas que perpetúan situaciones que queremos “desinstalar” de nuestras vidas

Entrenar el músculo del liderazgo

Defender ese espacio para pensar y moldear la realidad a partir de las palabras que utilizamos para fortalecer nuestra opinión sobre nosotras mismas y proyectar hacia los demás quiénes somos, es el comienzo.

Pero el liderazgo, según lo entiendo, es un músculo que hay que entrenar todos los días a partir de nuestras elecciones y de nuestros valores. Y sin un espacio para pensar y planificar es muy difícil mantener el rumbo, recordar cuáles son los objetivos que nos mueven y conmueven y soportar el tránsito con intensos buenos momentos, pero también plagado de momentos ingratos.

El liderazgo es un músculo que hay que entrenar todos los días a partir de nuestras elecciones y de nuestros valores

Suelo terminar con una pregunta muy simple pero potentísima precisamente por ello que es: ¿de quién depende?

No caeré en la simplista, antipática y estereotipada afirmación de “si quieres, puedes”. Solo digo que entrenar el liderazgo es posible. Y que, descubrir hasta qué punto alcanzar nuestros sueños y objetivos depende de nuestros planes y decisiones, es revelador.

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