La flor del desierto: ritos ancestrales y vidas cercenadas

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Impresiona conocer que cada día 6000 niñas son mutiladas mediante la ablación genital, siguiendo una tradición brutal que todavía pervive en algunas culturas y que constituye el paradigma del machismo extremo.

Vidas cercenadas para cumplir un ritual ancestral, con gravísimas secuelas físicas y psíquicas e incluso la muerte. Degradación de la mujer, forzada a pasar esta prueba en su infancia, si no quiere ser rechazada y excluida de su entorno social, relegada a ser una paria. Castrada, en aras a su aceptación por un futuro marido, que la tomará en matrimonio de conveniencia solo para ser objeto de placer y hembra que dé a luz y críe a sus hijos.

Waris Dirie, un ejemplo a seguir
Sobrecoge conocer la historia de Waris Dirie, hoy embajadora de la Organización de las Naciones Unidas contra la ablación, que la sufrió en sus propias carnes en su país de origen, Somalia, pero cuya valentía la llevó a rebelarse y huir, abandonándolo todo, ante la perspectiva de ser entregada a un marido indeseado.

Podemos hacer mucho más si nos comprometemos en combatir el machismo en todas sus facetas, allí donde las encontremos.Tras muchas penalidades como inmigrante ilegal, supo abrirse camino primero en Londres y posteriormente en Estados Unidos, convirtiéndose en reconocida modelo que llega a ser portada en prestigiosas revistas del mundo de la moda. Pero el glamour no pudo borrar su pasado y decidió emprender su particular cruzada contra la ablación, lucha que continúa desde su posición actual en la ONU.

Su historia ha sido llevada al cine en la película "Flor del desierto" (título que viene del significado de su nombre somalí), dirigida por Sherry Hormann; muestra, en una combinación muy acertada, diversas etapas de la vida de Waris. El resultado, un manifiesto gráfico contra la ablación que remueve conciencias y, en mi opinión, merece la pena ver.

¿Una práctica de remotas culturas y países lejanos?
Sorprende conocer que algunas de esas 6000 ablaciones diarias, pueden estar ocurriendo más cerca de nosotros de lo que pensamos. Es cierto que son culturas muy ajenas a la nuestra quienes la practican, pero algunos pretenden llevarla consigo allí donde se vayan.

Hay que atacar el mal en su raíz y eso es mucho más complicado. Porque supone cambiar modelos de sociedad en los que la mujer vale muy poco.Descontando que todos deberíamos militar en un movimiento planetario para abolir la ablación allí donde se practique, debemos además contribuir a garantizar que ni un solo caso se produce en nuestro entorno; todo esfuerzo será poco para detectarlo y evitarlo.

Pero hay que atacar el mal en su raíz y eso es mucho más complicado. Porque supone cambiar modelos de sociedad en los que la mujer vale muy poco. Y si en nuestras sociedades modernas, todavía lo femenino enfrenta situaciones de discriminación y cada paso hacia la igualdad cuesta importantes esfuerzos, que no ocurrirá en aquellas culturas donde la tradición machista es ley.

Apoyar decididamente a Waris en su cruzada contra la ablación es obligado, pero no es suficiente. Podemos hacer mucho más si nos comprometemos en combatir el machismo en todas sus facetas, allí donde las encontremos. Y no tendremos que ir muy lejos.

*Rafael de Sádaba es Ingeniero de telecomunicación/Consultor. Experto en TIC y RSE. Ex-directivo de Telefónica.

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