Guardianes alados de la Gran Vía

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– Soy el Ave Fénix y te di paso en 1975.

-Me deslumbra el modo en que fuiste esculpido sobre el bronce y lo que eres: una criatura inmortal que renace de sus propias cenizas. Incitas a levantarse con más fuerza tras una dolorosa caída. Encarnas el optimismo y la fuerza vital. Simbolizas la resurrección, el triunfo sobre la muerte. Por si éstos no fuesen suficientes motivos para admirarte, tu representación corpórea es un regalo para la retina: ave esplendorosa con las alas extendidas acompañada de un joven regio, atlético, musculado, capaz de hipnotizar a cualquier dama. La vuestra es una simbiosis de extraordinaria belleza -la Victoria Alada suspiró mientras se recreaba en la imagen de su predecesor, el Fénix que coronaba el Edificio Metrópolis antes que ella.

La mejor puerta de entrada a la vía centenaria es una construcción elegante, armoniosa, con decenas de columnas y grupos escultóricos, fachada rica en ornamentos, ventanales amplios… Es el Metrópolis, culminado por una cúpula de cinc que ha sostenido en su cima a las dos esculturas mitológicas más fascinantes de Madrid.

-Pero Victoria ¡si tú eres una figura sublime, un ángel femenino! – respondió sorprendido el Fénix ante tanto parabién-. Valiente, siempre dispuesta a echar a volar sobre los tejados capitalinos… Rebosas sensualidad ante los ojos masculinos mostrándote desnuda al mundo: pecho generoso, cintura estilizada, caderas proporcionadas, muslos prietos. Desafiante, insumisa, altiva, también con las alas al viento, pero en tu caso, para presumir de libertad. Te envidio: añoro las panorámicas del Banco de España, el Cervantes, el Círculo de Bellas Artes, el Palacio de Buenavista, el Casino… Lo que daría por volver a recrearme con Cibeles y su palacio, o con el permanente horizonte de la Puerta de Alcalá.

-Tus palabras hacia mí son muy generosas, pero Fénix, ¿de qué te quejas? Fuiste testigo de la inauguración por Alfonso XIII; conociste a  Ava Gardner, Gary Cooper, Grace Kelly o Frank Sinatra luciendo palmito bajo tus pies camino a Chicote; ejercitaste memoria para retener los sucesivos nombres de la calle: Eduardo Dato, Conde de Peñalver, Avenida de Rusia, de José Antonio… Observaste desde la lejanía la pluma de Hemingway o Saint-Exupery escribiendo crónicas desde el Hotel  Florida; presenciaste la transformación de una simple vía urbana en el centro neurálgico de toda una ciudad: cafés, lujosos escaparates, joyerías, los primeros grandes almacenes, la llegada de los cines… Contemplaste a una avenida asumiendo como suya la modernidad icono de una sociedad cambiante.

-¡Y tú has sido partícipe de la transformación de una provincia española en  capital mundial de referencia! Observaste la creación de una obra maestra del hiperrealismo, la "Gran Vía" de Antonio López; la grandeza de la música estimula tu espíritu desde la aparición de Madrid Rock en los ochenta hasta la consolidación de esta calle como escenario de los mejores musicales; la genialidad de directores como Garci o Amenábar te han convertido también en inmortal… Disfrutas de la compañía masiva de lo más valioso de esta ciudad, su gente, en las celebraciones contemporáneas como el Orgullo Gay o la Noche en Blanco…

Después de unos segundos de reflexión, el Fénix solicitó un deseo en voz alta:

-Hemos sido los guardianes alados de la de Gran Vía. ¡Qué bueno sería festejar su centenario a tu lado Victoria! Al atardecer, las estatuas somos aún más hermosas: la influencia de la luz cambia nuestra apariencia. Me muero de ganas por otra puesta de sol en el Metrópolis, cerca del cielo. ¿Quién me otorgará un salvoconducto para dominar de nuevo la esquina más castiza? Gran Vía con Alcalá…

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