El lenguaje sexista y los Académicos: un punto de vista sesgado

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Nada que decir, desde un punto de vista técnico, a los excelentes artículos publicados estos últimos días por algunos académicos de la Lengua. Las razones que esgrimen para que las cosas sean como son, respecto al sexismo en el lenguaje, están excelentemente escritas y explicadas. La utilización de la ironía y el punto gracioso también, pero se les olvida lo importante. Veamos.

El lenguaje también hace realidad
Parece que hay coincidencia en afirmar que el lenguaje es sexista y que lo es porque responde a unas circunstancias sociales. El lenguaje se apropia de la realidad, pero también es verdad que el lenguaje ayuda a crearla. Ya no se le llama amo al patrón, pero nunca fue inocente que se le llamara así. Una prueba de la fuerza del lenguaje para promover realidades está en que todavía es obligado, por ejemplo, el uso de los términos  excelentísimo y majestad, para referirnos a personas que tienen un determinado cargo. El lenguaje, pues, también se utiliza para crear la realidad. La que interesa.

El lenguaje se apropia de la realidad, pero también es verdad que el lenguaje ayuda a crearla. Ya no se le llama amo al patrón, pero nunca fue inocente que se le llamara así.La sabiduría tiene género
Las mujeres también sabemos que la sabiduría no es neutra. La erudición tiene género. Reconocidos hombres, muchos de ellos filósofos, médicos y psicoanalistas de distintas épocas han dicho  estupideces referidas a las mujeres, y que, por ser dichas por  ellos, han tenido consecuencias nefastas no solo para sus contemporáneas, sino que han afectado a las que hemos nacido siglos más tarde. Es la consecuencia de la transmisión de opiniones, disfrazadas de conocimiento, que no se cuestionan.

Recuerden aquello de “las mujeres no tienen alma”, “las mujeres son hombres fallidos”, “las mujeres que tienen orgasmos son algo masculinas”, “las mujeres tienen envidia del pene”. Esas tonterías sólo significan que, aunque sabios en algunas materias,  eran personas y como tales, sujetas al error, al prejuicio, y a los propios condicionamientos de la cultura y de la sociedad en que vivieron. Si las mujeres no hubiéramos cuestionado determinadas verdades avaladas por los sabios, no habríamos avanzado. Aún queda mucho por hacer porque también ahora, en nombre de la supuesta objetividad de la ciencia, se dicen bobadas. Es decir, hay que seguir poniendo en cuestión lo que dicen las personas que más creen saber sobre los compartimientos humanos.

Los académicos y el sexismo en el lenguaje
A muchas mujeres  nos molesta sobremanera el sexismo en el lenguaje. Entiendo que los académicos no lo entiendan. Es lógico si se tiene en cuenta que  pertenecen a una institución muy endogámica. Un organismo que ha negado la entrada a mujeres tan valiosas o más que los que, estando dentro, decidían sobre si eran idóneas o no  para formar parte de la Real Academia. Sí, eso también influye en su punto de vista sobre el sexismo en el lenguaje. Todo lo que los académicos plantean en sus argumentos ya se sabe y que hay excesos absurdos en las nuevas teorías, también. Nada nuevo, es  la ley del péndulo. Es la consecuencia de los excesos sangrantes del pasado.  Pero a los expertos de la Academia de la Lengua, que son especialistas en el lenguaje, lo que se les pide son soluciones. No se les requiere para que den  las razones por las que los problemas existen porque esas, ya las conocemos.

*Teresa Pascual Ogueta, es Ingeniera de Telecomunicación y también escritora. Conferencista, autora de libros técnicos y de divulgación, hace análisis crítico de la realidad desde diversos puntos de vista.

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