Autoregulación, Crisis y RSE

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Se habla en estos días de modelos y fracasos. Yo creo que no estamos ante un fracaso del capitalismo (¿hay otro modelo?), sino que ha fallado la regulación y las entidades encargadas de aplicarla. Las empresas tienen que ser gestionadas de forma responsable y en la RSE está implícito adelantarse o ir más allá de la normativa. Pero alguien tiene que vigilar el mercado: los Organismos de supervisión tienen que hacer su trabajo.
La autorregulación no es la solución, pero tampoco lo será una hiperregulación que podría ralentizar o incluso asfixiar los mercados. La respuesta reside en encontrar el punto de equilibrio. La participación creciente de la mujer y sus valores en este debate nos ayudará a encontrarlo.
Si algo está quedando claro en esta crisis es que casi nadie,-hay honrosas excepciones que no fueron escuchadas-, sabía lo que iba a pasar y que hay una gran incertidumbre sobre el futuro; a poco que se busque en círculos económicos se encontrarán predicciones más o menos pesimistas, teorías diversas y aproximaciones probabilísticas. Se habla incluso de que llega la “Gran Depresión 2.0” Con el guarismo 2.0, derivado del mundo de internet, se trataría de reflejar la globalidad de la crisis, la interrelación de sus componentes y la rapidez de propagación de sus efectos.

Los economistas
Tengo mucho respeto por los economistas pero no puedo evitar preguntarme porqué, igual que son realmente buenos al explicar el pasado y encontrar términos y acepciones que resumen en una expresión la causa de nuestros actuales males, -me gusta especialmente el término “Capitalismo de casino”-, no fueron capaces de predecir, ni siquiera intuir, lo que se nos venía encima. O tal vez sí, pero no se atrevieron a decirlo; a nadie le gusta ser aguafiestas y los que tímidamente intentaron avisar, vieron sus voces ahogadas en el fragor del baile.
En resumidas cuentas, la crisis está aquí; de nada sirve lamentarse. Pero sí es bueno recapacitar, mirar hacia atrás, aprender de los errores y evitar repetirlos. Y tal vez uno de los mayores haya sido haber caído en la laxitud regulatoria, confiando en la capacidad de autorregulación de los mercados y en el bien hacer de los agentes que operan en ellos.
Porque la razón de ser de estos agentes es la búsqueda del lucro, lo cual es admitido y forma parte de la esencia del capitalismo. Ese afán de obtener beneficios debe normalmente ceñirse a un marco de actuación. Para fijar ese marco, definir sus reglas y controlar su cumplimiento, se instauran los Reguladores.

Las empresas y los beneficios
No cabe duda que una empresa en su lógica persecución del beneficio, tratará de maximizar éste. En un caso límite buscaría un lucro infinito en el menor tiempo posible y utilizaría todos los medios posibles para obtenerlo. Para prevenir esta “deriva” se ponen en juego dos herramientas: la Regulación, de carácter coercitivo y la RSE, de adopción voluntaria hoy por hoy. En mi opinión, ambas condenadas a encontrarse, entenderse y complementarse.
Y puesto que la Regulación supone una cortapisa y pone límites a como un agente económico puede desarrollar su actividad, se han dado todo tipo de prácticas para soslayarla. No entraremos aquí en las actuaciones directamente ilegales o en aquellos casos en que es más rentable afrontar una sanción por incumplimiento, cuando el beneficio obtenido compensa con creces al castigo.
Pero sí abundaré en una vía bastante habitual que es el fomento de la autorregulación, su relación con la RSE y el papel de los Reguladores. Pero por razones de espacio, lo haré en un próximo artículo.

*Rafael de Sádaba es Ingeniero de Telecomunicación/Consultor, Miembro del Consejo Asesor de Media Responsable y Ex-directivo de Telefónica

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