Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia: experiencias que abren camino

El 11 de febrero, Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, es una invitación a mirar la ciencia desde su origen más genuino: el momento en que nace la curiosidad. Detrás de cada carrera científica no hay solo expedientes brillantes o grandes hitos tecnológicos, sino preguntas tempranas, juegos, experiencias personales y pequeñas revelaciones que despiertan una certeza íntima. Las vocaciones no surgen de la nada; se construyen a partir del contacto cotidiano con el conocimiento y, sobre todo, de las historias que nos permiten imaginar que ese camino también es posible para nosotras.

En ese proceso, los referentes importan. Ver a otras mujeres investigando, enseñando, liderando proyectos o aplicando la ciencia en contextos diversos amplía el horizonte de lo imaginable para las niñas. No se trata solo de acceso a la educación, sino de identificación: contar con modelos cercanos que validen la curiosidad, muestren salidas profesionales reales y transmitan que la ciencia adopta muchas formas —en un laboratorio, bajo el agua, en un aula o frente a un telescopio— puede ser el impulso decisivo para perseverar.

Con esta mirada, en Mujeresycia reunimos a cuatro profesionales de ámbitos como la farmacia, la biología marina, la bioquímica y la astrofísica y les planteamos dos preguntas sencillas y reveladoras: qué dato, experiencia o pregunta les hizo descubrir su vocación y qué le dirían hoy a una niña de 12 años que se asoma a la ciencia. Sus respuestas conectan memoria, aprendizaje y responsabilidad colectiva, y refuerzan una idea clave: cuando las niñas tienen referentes, el futuro científico se vuelve una posibilidad concreta.

Dia Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia: experiencias que abren camino

Belen Carazo

Licenciada en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Directora científico-técnica en la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética, Stanpa. Cuenta con una amplia trayectoria en la industria de la cosmética y el cuidado personal.

¿Qué dato, experimento o pregunta te hizo pensar “esto es lo mío”?

Desde muy pequeña siempre he sido una persona muy curiosa, por lo que siempre quise investigar y saber el porqué de las cosas. La ciencia está en el centro de todo, nos permite explicar este porqué de la forma más precisa posible. Para mí estudiar algo relacionado con la ciencia nunca fue una duda, lo que tuve que decidir fue en qué área de la ciencia me quería enfocar.

Cuando era niña jugaba a hacer experimentos con un juego de química que tenía mi padre, mezclar sustancias, ver cómo se producían las reacciones entre unas y otras. Así surgió una primera pasión por la ciencia

También recuerdo el primer acondicionador para el cabello que usé y recuerdo a mi abuela, que decía que había que lavarse el pelo en el lavabo, que en la ducha no era igual. Así surgió mi segunda pasión, también desde muy joven, por la química aplicada a la cosmética. Mi sentido de la práctica me llevó a mezclar el champú y el acondicionador de aquella época para ganar tiempo, algo que claramente no funcionaba, pero quizá si hubiera patentado la idea, ¡hubiera sido una de las creadoras de las tecnologías 2 en 1!

Si hoy tuvieras 12 años, ¿qué te gustaría que te dijeran sobre la ciencia?

Hoy en día se tiene mucho más acceso a la información que cuando yo era pequeña. Entonces influía mucho que tuvieras a alguien que te inspirara en la familia que fuera científico, algún libro o personaje de películas o, también, algún profesor o profesora que te gustara mucho. La suerte es que hoy los jóvenes pueden tomar la decisión de manera mucho más informada, con grandes referentes. En cualquier caso, me encantaría que trajeran a la escuela a personas expertas y apasionadas de la ciencia que contasen sus experiencias. Creo que crear ese vínculo emocional a través de modelos de inspiración sería una gran motivación para continuar alimentando mi curiosidad, dedicándome a estudiar y a trabajar en ciencia.

«me encantaría que trajeran a la escuela a personas expertas y apasionadas de la ciencia que contasen sus experiencias»

Clara García

Es bióloga marina y buzo profesional, con formación en Biología marina y Oceanografía por la Universitat de Barcelona. Actualmente es técnica de proyectos y coordinadora de trabajo de campo en Underwater Gardens International (UGI), donde trabaja en el diseño y desarrollo de soluciones basadas en la naturaleza para la regeneración de ecosistemas marinos, integrando investigación científica, innovación y divulgación ambiental.

¿Qué dato, experimento o pregunta te hizo pensar “esto es lo mío”?

Creo que podría responder a esta pregunta con tres momentos clave de mi vida. El primero se remonta a mi infancia. Cada verano iba al mar y pasaba horas enteras con mi máscara de buceo y un tubo, observando estrellas de mar, erizos y peces. Tengo en la cabeza ver como cada vez había menos estrellas de mar, menos erizos, y menos peces.

El segundo momento llegó durante la carrera de Biología Ambiental, cuando tuve la oportunidad de hacer un Erasmus en las Azores para estudiar biología marina. Allí no solo empecé a bucear de verdad, sino que aprendí a interpretar lo que veía: entendí por qué aquel mundo que tanto me fascinaba estaba transformándose tan rápido.

El tercer momento fue durante una asignatura práctica del máster. Estaba en una pequeña zodiac en las Islas Medas, el mar estaba bravo, y yo estaba agotada después de muestrear el estado de un campo de gorgonias a 30 metros de profundidad. Recuerdo estar mojada, cansada y absolutamente feliz. Pensé: «Ojalá pudiera dedicarme a esto».

Si hoy tuvieras 12 años, ¿qué te gustaría que te dijeran sobre la ciencia?

Me gustaría que me dijeran que la ciencia no ocurre solo en un laboratorio. Que también se hace bajo el agua, en lo alto de una montaña, o en mitad de un bosque. Que existe una ciencia de “bota”, como algunos la llaman, y que esa ciencia también es ciencia de verdad. Que no es un camino alternativo, ni marginal: es un camino igual de válido, riguroso y necesario que cualquier otro.

Y, sobre todo, me gustaría que me dijeran que hay futuro en ese tipo de ciencia. Que sí, que hay salidas profesionales, que hay estabilidad, que hay oportunidades. Que si te apasiona entender el mundo desde fuera de las paredes de un laboratorio, eso también tiene un lugar, un valor y un propósito.

«me gustaría que me dijeran que hay futuro en ese tipo de ciencia»

11 de febrero, Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia: experiencias que abren camino

Karem Noris-Suárez

Doctora en investigación en bioquímica y docente del Máster Oficial en Ingeniería Biomédica de la Universidad Internacional de Valencia (VIU). Es asesora científica especialista en Medicina Regenerativa.Fundadora y CEO de INGECELL.

¿Qué dato, experimento o pregunta te hizo pensar “esto es lo mío”?

Dos experiencias de vida asociadas a la salud marcaron mi infancia y adolescencia. A los 12 años sobreviví a una septicemia y luego pasé unos cuantos años superando la secuela conocida como Osteomielitis crónica (en palabras simples, esperando que mi cuerpo pudiera combatir la bacteria que queda de «huésped no invitado» en mis huesos). Pero estudiar y entender el mundo que me rodeaba, incluso que pasaba con mi cuerpo y los tratamientos, me generaban muchas preguntas, buscando mi yo de 12 años, entender esos procesos.

Cuando por fin empezaba a retomar una vida relativamente normal, mi hermana menor, también cerca de sus 12 o 13 años sufrió un accidente de tránsito (yo estaba en mis 15-16) que la dejó en coma durante dos meses. Su largo proceso me hizo ver lo complejo de la mente humana, y preguntarme donde estaba la memoria y la consciencia (ella era capaz de reconocer colores y elegir que comer, aun cuando permanecía en un estado donde no estaba consciente (era un tipo de estado de coma no vegetativo). Y eso me generó aún más preguntas sobre cómo funcionaba el cuerpo humano.

«Estudiar y entender el mundo que me rodeaba, incluso qué pasaba con mi cuerpo y los tratamientos, me generaban muchas preguntas»

Eso se combinó con descubrir la química de la mano de una profesora de bachillerato brillante, quien también trabajaba en la industria petrolera. Eso marcó un punto importante, era mujer, muy inteligente, brillante profesora, explicaba la química que era música para mis oídos, y además profesional exitosa, bonita, elegante, y trabajaba en un área tan competitiva como la empresa petrolera. Debo decir que todo esto sucedía en Caracas, Venezuela, en sus años más pujantes.

También tuve en esa época, mi profesora de geografía e historia universal, y me abrió la cabeza al mundo de la historia romana y todo lo que eso influyó en el mundo que conocíamos. Era mamá de dos niñas, que muchas veces la llevaba al colegio. Es decir, podía ser profesional y madre. Y una de mis mayores referentes fue mi madre, maestra desde muy joven y que siempre nos impulsó a formarnos como profesionales a mi hermana y a mí, y nos decía que no debíamos depender de un hombre para vivir.

Y en la universidad, tuve dos profesoras de física, eran polacas, hermanas que habían migrado a Venezuela, también mujeres brillantes que me permitieron valorar aún más la física. Tuve muy buenas referentes que fueron construyendo ese deseo y pasión por entender cómo funciona el cuerpo humano, sobre todo la mente humana en su relación de emociones- salud -enfermedad, desde las bases biológicas y fisiológicas.

«Tuve muy buenas referentes que fueron construyendo ese deseo y pasión por entender cómo funciona el cuerpo humano»

Si hoy tuvieras 12 años, ¿qué te gustaría que te dijeran sobre la ciencia?

Creo que no debemos esperar a los 12 años, la ciencia y el pensamiento científico lo debemos inculcar desde que tenemos meses de edad. Todos y todas nacemos con el «chip de la curiosidad», de hacernos preguntas del entorno y de construir «esa realidad que nos rodea». Nos deben hablar de ciencias y educarnos en ciencia desde infantil.

Desarrollar el pensamiento científico se debe hacer, y por suerte ya en la VIU se hace en el Grado de infantil, donde participo, formando a las futuras maestras y maestros, en cómo abordar la didáctica en ciencias naturales. Aún queda un camino largo para que todos y todas tengamos más conexión con nuestro entorno desde la biología, la física, la química y con ello tengamos más conciencia de nosotros/nosotras y la responsabilidad que tenemos con todo lo que nos rodea.

Personalmente me hubiera encantado descubrir la física, la química, la nutrición desde mis primeros años. Introducir conocimientos desde los juegos es posible y necesario.

«Todos y todas nacemos con el ‘Chip de la curiosidad’, de hacernos preguntas del entorno y de construir «esa realidad que nos rodea»

11 de febrero, Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia: experiencias que abren camino

Fátima Lopez Martinez

Licenciada en Ciencias Matemáticas, Doctora en Astrofísica y docente en la Universidad Internacional de Valencia. Trabajó en el Centro de Estudios de Fisica del Cosmos de Aragón, como investigadora en el Centro de Astrofísica de la Universidad de Porto y como astrónoma de soporte en el Isaac Newton Group of Telescopes.

¿Qué dato, experimento o pregunta te hizo pensar “esto es lo mío”?

Yo estudié matemáticas y después hice el doctorado en astrofísica. En el caso de matemáticas, fue lo que vi en casa desde pequeña, ya que mis padres daban clase de matemáticas en el instituto. Siempre veía que escribían «símbolos raros», y tenía mucha curiosidad por aprender ese idioma secreto. Además, nunca me ha gustado aprender cosas de memoria, y eso me lo permite las matemáticas, ya que son lógica y deducción.

Al doctorado en astrofísica llegué completamente por casualidad, ya que hay muchas veces que no se tiene claro desde pequeña lo que quieres hacer, y eso está bien, todo llega. Estudiando la carrera de matemáticas conocí a mi directora de tesis en una asignatura de astronomía, en la cual había que realizar un trabajo de investigación. Esta asignatura me abrió las puertas a la investigación y la posibilidad de realizar el doctorado.

Finalmente, y a través de un amigo me surgió la oportunidad de dar clases en la VIU. Esto me abrió un mundo completamente desconocido para mí hasta ese momento. El dar clases en la universidad me permite transmitir mis conocimientos a otras personas, siempre intentando mejorar y buscando la mejor manera de hacerlo. Mi objetivo con los alumnos no sólo es que aprendan esos «símbolos raros» de las matemáticas, sino que descubran el placer de deducción y comprensión de las matemáticas.

Si hoy tuvieras 12 años, ¿qué te gustaría que te dijeran sobre la ciencia?

Que la ciencia es accesible a todo el mundo. Cuando digo que estudié matemáticas e hice el doctorado en astrofísica, la gente piensa que soy un «cerebrito», pero nada más lejos de la realidad, de hecho, tardé en terminar la carrera de matemáticas más que la mayoría de mis amistades. Los primeros años de universidad fueron caóticos y difíciles, pero una vez ya te acostumbras al ritmo de la universidad y todo empieza a ir mejor, hay que tener paciencia.En la ciencia, la perseverancia es fundamental para alcanzar los objetivos deseados.

También me diría que no pasa nada por no saber todo. Por mi experiencia, la gente que más sabe y los mejores en matemáticas y astrofísica, son las personas más humildes, aquellas que no temen decir «no lo sé». El no ser experta en todo no es una debilidad, sino un motor para seguir aprendiendo. Lo importante es estar dispuesto a admitir tus errores y aprender de ellos, así como saber aceptar que no podemos ser expertos en todo y no tener vergüenza en decirlo en voz alta. La ciencia es un camino largo, donde lo importante y bonito es recorrerlo, aprendiendo en cada paso.

«En la ciencia, la perseverancia es fundamental para alcanzar los objetivos deseados»

recientes

lifestyle

Newsletter

Otros artículos