Yo sé por qué amo a las mujeres

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Yo sé por qué amo a las mujeres, sin ningún miedo y como a  iguales. Estas palabras me las dijo un amigo, hace unos pocos días cuando salíamos de ver en el cine ´Los hombres que no amaban a las mujeres´. Y mientras tomábamos un café siguió explicándose…

“Sé que no es por mi  madre a la que quiero y respeto. Estoy seguro de que es por mi padre. Mi padre es -como dicen del personaje de Marcello Mastroianni en la película De eso no se habla “un hombre muy completo”.Y este hombre se hace completo, porque  suma a las mejores características masculinas un fuerte grado de sensibilidad y humanidad: Sabe escuchar profundamente y habla con propiedad e inteligencia; respeta a las palabras, porque respeta y quiere a las personas. Es un hombre de paz, pero valiente en cualquier circunstancia. Jamás lo vi rezar, pero sí dar bendiciones a los viajeros. Un hombre justo que por su trato y conceptos sobre las mujeres, me hizo desde pequeño respetarlas y amarlas”.

“A las mujeres… No se les teme.Se las valora. Se las escucha. Se las ayuda sólo si lo piden. Se las comprende. Se les da solidaridad. Se las respeta. Se las ama… "Me contó luego cómo su padre destacaba y defendía a las mujeres que trabajaban, en cualquier oficio, cuando las mayorías se horrorizaban y despreciaban a  las primeras mujeres camioneras, soldadas, aviadoras, mecánicas, policías…”él siempre con humor apoyaba y explicaba -sobre todo a los hombres- el por qué eso era importante para todos”.

Y terminó diciendo que por eso y tantas otras cosas sabía que los hombres que amamos a las mujeres, tenemos una obligación similar a aquella que refleja la  parábola de los talentos, debemos hacer proselitismo y dar ejemplo.

Finalmente, como si recitara un decálogo, me dijo que “A las mujeres… No se les teme. Se las valora. Se las escucha. Se las ayuda sólo si lo piden. Se las comprende. Se les da solidaridad. Se las respeta. Se las ama… y ningún hombre puede perder por ello un sólo rasgo de su identidad ni de su masculinidad”.

Yo me quedé pensando que para un hombre, ésa debería ser una manera de ganar, porque las mejores virtudes no pertenecen a un sexo sino a lo mejor de ser humanos. Le dije entonces que estaba absolutamente con él y con sus ideas desde siempre.

Y pienso ahora, en éste mismo instante en que termino el artículo, en una de las tantas frases que me dijo y que atribuyó a otros: “Sólo se trata de saber amar y respetar el misterio de lo femenino. El mejor amor es el que ama lo irrepetible y singular del otro, honrando y reconociendo nuestra individual singularidad”.                                                                                       

La conversación me hizo bien porque la película me había dejado una sensación de rabia e impotencia. No pude meterme en la pantalla para ayudar a Lisbeth y a Mikael, pero quizás ésta fuera otra forma de ayudarlos.

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