Tuppersex en maleta roja

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Ni cosméticos, productos de limpieza ni pequeños electrodomésticos. Tampoco recipientes de plástico para guardar alimentos. Lo que venden a domicilio las «visitadoras» del Tuppersex son vibradores -de todos los tamaños, colores, funciones y texturas-, lencería, aceites para masajes eróticos con sabor a fresa, chocolate, limón o menta, además de «juguetitos» para una ducha más placentera o anillos que hacen más duradero lo que a duras penas dura más de quince minutos.

El sexo como comunicación

Dina Hornecke, creadora de «La maleta roja», fundada en febrero de 2006 y que el año pasado facturó más de un millón y medio de euros, es la pionera del Tuppersex en España.

«Trabajamos para que el sexo sea comunicación, no una cuestión de poder. Ahí está la clave. Nosotros trabajamos la comunicación sexual».

Ella y su equipo de 150 «asesoras» -no quieren que se les llame vendedoras- recorren la geografía española -han logrado introducirse también en Portugal y les reclaman desde Italia o Latinoamérica- arrastrando una maleta roja cargada de sorpresas picantes, de «herramientas» para que hombres y mujeres «se expresen mejor en una sexualidad abierta».

Todas ellas, unas a tiempo parcial y otras dedicadas en exclusiva a tan caliente trabajo, conocen muy bien lo que se traen entre manos, «porque somos usuarias de lo que ofrecemos», continua Dina Hornecke.

Y todas comparten un mismo objetivo: transmitir el mensaje de que practicar sexo, compartirlo, «es saludable y repercute en el bienestar de las personas». «El morbo -insiste Hornecke- no es nuestro tema. Enseñamos el lenguaje del erotismo».

«Cuando las personas tienen más información, en éste o en cualquier otro asunto de la vida, son más libres. Hablamos de una sexualidad abierta, libre de prejuicios trasnochados. Ayudamos a vivir con naturalidad y alegría lo que es natural».

Aunque sus clientas son de todas las edades -«esta semana -comenta Dina- tengo una reunión en Barcelona con mujeres que están en la sesentena»-, las usuarias de «La maleta roja» tienen mayoritariamente entre 30 y 45 años. «Casadas muchas de ellas, con hijos, trabajadoras, con cierta independencia económica y que buscan nuevos caminos y retos en la sexualidad».

Juguetes eróticos menos sofisticados, eso sí, pero igual de eficaces, que el consolador de oro y diamantes que el ex «galáctico» David Beckham regaló a su esposa Victoria en uno de sus últimos cumpleaños, y que, según se publicitó y nadie desmintió, costó nada más y nada menos que dos millones de euros.

«Me reí mucho, pero también aprendí mucho», confiesa Carmen V., una funcionaria que a sus 40 años acaba de asistir, invitada por unas amigas, a su primera reunión de Tuppersex, celebrada en la casa de una de ellas entre risas, confidencias, tazas de café y chupitos de orujo.

«Se habla con mucha naturalidad de todo y se experimenta todo con la misma naturalidad», añade quien pronto repetirá la experiencia en su propia casa, con otras amigas y compañeras de trabajo.

Un catálogo de «juguetes» muy amplio

Del amplísimo catálogo de «juguetes» que llevan en sus maletas, los que más éxito tienen, según Hornecke, son las bolas chinas, de gheisa, que además de dar «gustirrinín» fortalecen el suelo pélvico, y los geles que, al provocar frío o calor en lugar tan sensible, estimulan el clítoris.

«Una a una (y eran más de diez) fuimos pasando por el cuarto de baño para probarlo. A unas les pareció maravilloso y otras ni nos enteramos», confiesa Carmen V. al recordar su primera experiencia Tuppersex. Ella finalmente se decidió por una colonia con feromonas «para atraer al macho».

Para Hornecke el Tuppersex está contribuyendo «a mejorar la salud sexual» de las españolas. «Somos un impulso. No hacemos magia.

Simplemente queremos quitar el corsé a algo que hasta ahora se vivía de manera muy encorsetada, y casi casi en secreto. Sentimos lo que estamos haciendo, y creemos en ello».

«¿Y para cuándo «asesores» varones?», pregunta el periodista. «Estamos en ello, estamos en ello», responde con una sonrisa.

Carlos San Martín
, sexólogo, ve «muy positivas» iniciativas como ésta, en la que un grupo de mujeres se reúne para hablar sin pelos en la lengua de sexo. «Que tenga ese ingrediente lúdico, que desdramaticemos el sexo, supone un avance importantísimo. Y que sean mujeres las que lo hacen, ellas que han sufrido los mayores tabúes sociales y sexuales, mucho más».

«Disfrutar del otro, buscar placer físico y afectivo, liberando tabúes tradicionales, es muy satisfactorio», destaca el doctor San Martín, quien apunta como otro aspecto positivo del Tuppersex la posibilidad de elegir, «de tener una sexualidad más buscada y menos rutinaria, no conformándose con lo que propone la pareja».

Es un síntoma más, opina, de la revolución sexual que las españolas protagonizan desde hace tiempo -«se han producido cambios muy importantes en la vivencia de su sexualidad»-. Y no habla exclusivamente de las más jóvenes. «Las que tienen entre 45 y 55 años -apunta- también buscan experiencias nuevas, sienten una gran curiosidad por lo diferente».

«Los hombres -reflexiona- tenemos aún pendiente esa misma revolución. Seguimos creyendo que nuestra autoestima está en la entrepierna. Deberíamos vivir la sexualidad con tranquilidad».

Lucía Martín, periodista y autora del libro «El negocio del sexo», tiene muy claro que el éxito del Tuppersex se explica porque «la mujer es hoy mucho más osada que el hombre» en cuestiones de cama. «Siempre está dispuesta a innovar», asegura.

«Cuando entran en un sex shop se sienten acosadas. Todo -el ambiente, la luz, la decoración…- les conduce a pensar que es un lugar sólo para hombres. En cambio, en una reunión de Tuppersex se encuentran entre iguales, con las mismas ganas de divertirse y aprender», comenta Lucía Martín.