Sobre los flecos de Davos, la ausencia de mujeres y los hombres necesarios

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La realidad nacional sigue calentando los días y por una vez las mujeres son, en proporción, gran parte de las voces y portavoces de las cosas que hay que decir y ya nadie tiene humor para escuchar. Mientras, los números indican que a nivel del poder institucional y empresarial las cosas están menos que boyantes. Davos pasó sin pena ni gloria en medio del desaguisado general y Merkel sigue siendo la gran protagonista femenina del poder global. ¿Pero y las demás?

Angela Merkel y Christine Lagarde, fueron precisamente las caras femeninas más visibles en el último Davos, pero el World Economic Forum sigue siendo aún un asunto de varones. Me impactó cuando en 2011, el encuentro cumbre de la economía mundial apelara a las cuotas: uno de cada cinco pases entregados a las empresas debía ser para una mujer. La medida duplicó el porcentaje de mujeres pero no lo suficiente.

¿Debería haber aumentado? Depende. La lógica indica que sí. Pero la lógica no parece ser la tónica predominante en la participación de las mujeres en los foros. En todo caso, me dirán que lo que sucede en Davos tiene bastante relación con lo que sucede en el mundo empresarial.

Me dice una amiga que acaba de aterrizar en Francia en busca de nuevos horizontes que allí las cuotas funcionan. ¿Cómo si no, el número de mujeres en los consejos de administración de las principales habría crecido del 12 al 25%?

Pero ¿quiénes deciden quién  va a Davos? Si el rasero en la selección sigue pautado por los mismos, difícilmente cambie el ratio de participación femenina y las líderes deban seguir esperando el sueño de los justos. El efecto «tribu» es más fuerte. Somos los que estamos, nos reconocemos, nos parecemos, nos seguimos pasando la pelota y el que no está se embroma. Ni la crisis ni la necesidad de talento diverso, ni siquiera los estudios y estadísticas sobre los beneficios y resultados de la diversidad de género en las empresas, son suficientes. Total, el crecimiento, la transparencia, la sostenibilidad, la responsabilidad social, pueden esperar ante lo confuso que está el patio.

La madre del borrego

Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Viviane Reding, comisaria de Justicia europea y férrea defensora de las cuotas y  Drew Gilpin Faust, presidenta de la Universidad de Harvard, debatieron sobre la presencia de la mujer en la toma de decisiones y concluyeron en que es mucho lo que falta por hacer. Sheryl Sandberg, miembro del consejo de administración de Facebook, hizo hincapié en la importancia de la escuela y la familia en el principio de esta brecha. Y hay datos que exponen claramente de qué hablamos. Si el 60% de quienes se gradúan en la universidad son mujeres y en esa proporción ingresan al mercado laboral ¿Por qué cuanto más se asciende en la pirámide del poder o de las jerarquías dentro de una empresa la presencia de mujeres disminuye?

Es el mismo argumento por el que Reding insiste en que a igual talento e igual competencia, debe elegirse a una mujer hasta que se cumpla la cuota. Si las escuelas de negocios tienen más de 80 mil currículos de mujeres formadas en los mejores MBA con los máximos promedios ¿por qué ese talento se queda por el camino?

El efecto «tribu» es más fuerte. Somos los que estamos, nos reconocemos, nos parecemos, nos seguimos pasando la pelota y el que no está se embroma.

Cansa hablar del tema pero más cansa ver que la realidad del poder se divorcia de las oportunidades y del talento. Para cerrar el año que pasó, el periódico español Expansión, lanzó un especial que anunció con bombos y platillos: 75 líderes empresariales son consultados para hablar de la crisis y dar su perspectiva sobre el camino a seguir. Por mérito propio estaban allí Rosa García, Siemens, Belén Frau, Ikea, Patricia Abril, McDonald´s, Helena Herrero, HP y Maite Ballester, 3i España. ¡Pero 5 entre 75!

No me extraña que la comisaria europea de justicia, que introdujo la normativa para asegurar la presencia del 40% de mujeres en los consejos de administración europeos, diga que sin cuotas alcanzaríamos la paridad en 2060. Cuando dice que la ley es necesaria para que el aumento se produzca realmente «porque de lo contrario estamos dejando a las mujeres en las esquinas, sin aprovechar su preparación ni su talento» no hace más que decir lo que gran parte de las mujeres piensan y sienten. Y es tan palmario que hasta las que hasta ahora han sido contrarias a las cuotas están viendo el carácter «correctivo» del tema.

Me dice una amiga que acaba de aterrizar en Francia en busca de nuevos horizontes que allí las cuotas funcionan. ¿Cómo si no, el número de mujeres en los consejos de administración de las principales habría crecido del 12 al 25%?

Coincido en que necesitamos hombres que nos ayuden con esto. Hay que movilizar, enganchar, involucrar y comprometer a los directivos de las mayores compañías y que se sumen a esta campaña para cambiar las cosas. Si ellos son los que todavía tienen la voz y el poder, contar con ellos puede ser la manera más racional de acortar el camino.

Y como el camino se ha vuelto cuesta arriba, está empedrado y con fango, puede ser que la reflexión que se imponga, involucre la manera en la que se han venido haciendo las cosas. Contar con las mujeres sería una manera innovadora de barajar y dar de nuevo.