Sobre el Género Humano (o las heridas por cuestiones de género)

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Mal que le pese a muchos y muchas, debo decir que muchos enfoques de la cuestión de género han generado daño, miedo y desconfianza porque paradójicamente han abierto más las heridas, saltado ampollas y provocado defensas irreconciliables, de un lado y del otro. Lo sé por testimonios de hombres y mujeres en mi consulta. Sin embargo el otro día asistí a la presentación del libro de Alicia Kauffmann, “Changing Female Identities”, donde en ningún momento sentí una lucha de géneros, sino una preocupación auténtica y legítima por cuidar de los propios, sin oposición a nadie, sin lucha, sin vejación del otro… Maravilloso.

La propia mesa de presentación del libro tenía dos hombres y dos mujeres, y todos remaban en la misma dirección, la de apoyar y propulsar el empoderamiento del “género humano”, que ese día era de la mujer, en la casa de un hombre, Ortega y Gasset.

A nadie del público nos pareció mal que la mujer quiera recuperar poder, todo lo contrario. Las mujeres lo apoyaban, evidentemente, y los hombres que allí estábamos, también, entendiéndolo perfectamente porque también esas mismas mujeres, Alicia y mi mujer, Silvia Leal, como ponentes, apoyan y valoran otras actitudes y posicionamientos vitales para los hombres, donde puedan a su vez  recuperar su poder, que perdieron por el camino.

Hoy desde aquí quiero hacer lo propio, agradeciendo el apoyo y reconocimiento que esas mujeres profesionales, como mi mujer, nos dan a lo que hacemos los hombres que no implica ganar más dinero. Como el Taoísmo nos indica, todo son movimientos entre polaridades, y si el hombre se empoderó durante años por la fuerza y la dureza, ahora necesita empoderarse en otras áreas, como la escucha, sensibilidad y conciencia, para poder progresar. Igual ocurre con la mujer, que acostumbrada a ser más sensible y consciente, ahora requiere ganar fuerza y presencia, en un mundo hecho para los hombres.

Quien se sienta amenazado que se lo trabaje, le vendrá bien, porque trascendiendo el miedo se encuentran lugares distintos muy interesantes para ambos sexos, donde la colaboración y el permiso pueden y deber originar pactos donde todos ganan.

En generaciones anteriores, muchos hombres trabajaron como burros, ostentaron el poder económico de las familias pero sufrieron la carga de la responsabilidad económica en soledad, sin darse muchos permisos, a pesar de que sus mujeres, sensibles y conscientes de su sufrimiento, les invitaran a aliviar la carga, sin darse cuenta de que al no respaldar las palabras con dinero, ellos no podían ni escuchar sus invitaciones.

Hoy si la unidad familiar se lo puede permitir, evidentemente, un hombre como yo puede bajar su carga de trabajo de acuerdo con su mujer, también trabajadora, para por ejemplo, tomar un año sabático para estudiar, escribir un libro, dedicarse más a los niños, o ir a clases de pintura o tai chi. Si el hombre no se siente amenazado porque su mujer gane igual o más dinero, podrá descansar esa responsabilidad, compartirla, intercambiarla, etc.

Paso fundamental para este proceso que se abre tan humanizador y bonito, es que unos y otros valoren y apoyen lo que el otro desea y aporta. En la mencionada presentación, se explicitó y agradeció el apoyo que algunos hombres, como yo, damos a nuestras mujeres, grandes profesionales. Hoy desde aquí quiero hacer lo propio, agradeciendo el apoyo y reconocimiento que esas mujeres profesionales, como mi mujer, nos dan a lo que hacemos los hombres que no implica ganar más dinero. Sin su apoyo y reconocimiento verdadero, tan solo nos sentiríamos peleles más o menos mantenidos, minusvalorados o incluso despreciados.

Con el apoyo mutuo se cierra un círculo perfecto, donde lo yin y yang de la pareja y de cada uno se mueve, coloca  y descoloca constantemente, en pleno proceso natural, sin interferencias, y sí con apoyo del otro. No olvidemos que dentro de lo negro del citado símbolo hay un punto blanco, y dentro de lo blanco hay un punto negro, y que tanto una ola como la otra descansan sobre la contraria.

Quiero matizar que aquí hablo todo el tiempo de hombre y mujer, como si las parejas y unidades familiares solo constaran de esa combinación, y lo hago por un tema de claridad en la exposición, pero el planteamiento me parecería igual entre dos hombres o dos mujeres. Ambos deben estar vigilantes a no valorar y otorgar poder solo a lo económico, y apoyar y reconocer a sus parejas en lo que necesitan y desean. De otra manera volvemos a lo mismo, planteamientos empobrecedores machistas entre hombres o entre mujeres.

Ambos deben estar vigilantes a no valorar y otorgar poder solo a lo económico, y apoyar y reconocer a sus parejas en lo que necesitan y desean.Evidentemente, no todo el mundo está preparado para esto, es más la excepción que la norma, tanto por el lado masculino, como por el femenino, pero abre una puerta muy interesante para que todos ganemos. Es evidente que muchos hombres todavía no están preparados, y muchas mujeres tampoco, muestra de ello, un antigua paciente encantada con nuestro trabajo juntos, se borró indignada de mi mailing al saber que convocaba a los hombres en mis grupos de masculinidad al “reempoderamiento con conciencia y sensibilidad”.

Las heridas por cuestiones de género existen, no solo no lo niego sino que ayudo a diario a sanarlas en la consulta a hombres y mujeres, madres y padres, hijos e hijas. El dolor existe, pero no justifica una nueva agresión, para eso existen otros espacios, seguros, terapéuticos. Si queremos crecer todos, personas, parejas y familias, debemos recordar que la rivalidad en temas de empoderamiento, es un palo grande en las ruedas de la autorrealización de todos. Cuanto antes nos demos cuenta y lo integremos mejor para todos.

*Jorge Urrea Filgueira es Psicoterapeuta, Body Coach y Experto en Técnicas de Meditación, Tai Chi, Chi Kong y Movimiento Expresivo.

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