Sin tiempo para nosotras

Las mujeres de sectores rurales empobrecidos trabajan muchas más horas que las que viven en sectores similares en la ciudad. También dedican menos tiempo al cuidado personal y al descanso. Estas conclusiones son parte de dos investigaciones sobre uso del tiempo hechas en la provincia de San Juan -una de ellas apoyada por el Observatorio de Género y Pobreza- y presentadas en el encuentro ‘Debates actuales en torno al tema de género y pobreza’.

Una de las investigaciones se realizó en el Gran San Juan y midió tanto a sectores medios como populares (Género y uso del tiempo en sectores populares del Gran San Juan, 2009), y la otra se concretó sobre las trabajadoras rurales empobrecidas de 9 de julio, una localidad semi rural de la misma provincia (Uso del tiempo en mujeres rurales del departamento de 9 de julio de la provincia de San Juan, 2009).

Los dos trabajos fueron presentados a fines del 2009 en el Encuentro ‘Debates Actuales en torno al tema de género y pobreza’, organizado por el Observatorio de Género y Pobreza, un proyecto de la Asociación Civil Nueva Ciudadanía, que en este caso contó con la colaboración de la Universidad Nacional de San Martín y del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).



Las dos investigaciones buscaron relevar el uso del tiempo y a la vez calificar a los sectores estudiados. Para eso, se trabajó recabando datos cuantitativos sobre la forma de repartir y utilizar las 24 hs del día e historias de vida de algunas de las personas entrevistadas.

En los sectores populares urbanos se observa una importante diferencia de roles entre mujeres y varones. Las mujeres trabajan poco para el mercado (2 horas con 47 minutos en comparación con las 7 horas de los varones), y se ocupan casi en exclusividad del trabajo doméstico y del cuidado de niñas y niños. Se emparejan en cambio en lo relacionado con el tiempo libre y el cuidado personal.

En los sectores populares, en cambio, las mujeres trabajan 7 horas y media, tienen menos acceso a planes y políticas sociales, y disponen de menos tiempo para el descanso y el cuidado personal. Esto se vincula a la cualidad de la tarea rural que implica una atención constante del predio y de los animales, además de las tareas domésticas al interior del hogar y del cuidado de niñas y niños.

Durante el encuentro, las autoras plantearon que ‘la situación de pobreza rural se sintetiza en las carencias materiales, culturales y simbólicas. Material, dado que viven en ranchos de adobe y barro o en barrios de condiciones mínimas, han roto el contacto con la tierra y la posibilidad de mantener su cultura y producción doméstica. Al mismo tiempo, este proceso de ‘globalización económica y cultural’ ha roto con la cultura tradicional del tejido, conservas, embutidos, dulces y salsas de la región. Simbólicamente,  el proceso de desposesión territorial de las fincas que han vivido, que los  lleva a usurpar terrenos fiscales para construir sus viviendas, más la ausencia de  contratos laborales formales, y la falta de representación gremial, los ha transformado en seres anónimos, mucho más invisibilizados que antes, carentes de representación y reconocimiento social’.

Otro de los hallazgos de la investigación se encontró al profundizar la comparación entre las trabajadoras urbanas con trabajos remunerados y las que no trabajan para el mercado. Entre estas últimas, encontraron mayor disponibilidad para el tiempo libre (tomar mate, conversar con la familia y ver televisión). ‘Esto es lo contrario a lo que esperábamos –señalaron durante el encuentro-. El sentido común dice que cuando hay más pobreza hay más tiempo de trabajo. Sin embargo, resulta que la pobreza es carencia de todo. Sobre todo es carencia cultural, ya que se rompen prácticas ancestrales o tradicionales, en las cuales las mujeres podían hacer trabajos artesanales como conservas, dulce de membrillo, etc. En consecuencia, la pobreza significa también pobreza de oportunidades, de desarrollo.’ 

Artículo anteriorIglesias y Giorgi: Asociación entre las Pymes españolas y argentinas
Artículo siguienteEl otro fuego