Si tienes un problema sexual ¿con quién hablas?

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No todos los sexólogos son apropiados para el mismo caso. Hay diversas clases de terapeutas. Desconfía de los charlatanes, los intrusos y los licenciados sin especialización. El fácil acceso a Internet ha incrementado las consultas desde todos los países de habla hispana.

Hasta hace apenas 15 años, la incipiente sexología española la hemos constituido una red de profesionales que nos conocíamos personalmente a fuerza de coincidir reiteradamente en los distintos eventos nacionales de sexología (jornadas, congresos, talleres…) que unos y otros organizábamos. Incluso en el ámbito internacional —aún la red era abarcable a escala humana— manteniendo una estrecha relación personal con buena parte de los sexólogos de referencia de todo el mundo, alimentada sobre todo con nuestros mutuos encuentros en congresos internacionales de sexología. Así, era sencillo dar referencias de nuestros colegas cuando alguien nos consultaba al respecto.

A partir del año 1998, consecuencia del ‘efecto viagra’ —la comercialización de la famosa pastilla azul para el tratamiento de la disfunción eréctil—, se dispara la implicación de los médicos en el campo de la sexología clínica, con el consiguiente incremento de profesionales dedicados al tratamiento de los problemas sexuales. A fecha de hoy, es un hecho que no conocemos a la extensa cantidad de profesionales que se dedican completa o parcialmente a la terapia sexual.

La Asociación Mundial de Salud Sexual (WAS) precisamente va a someter para su aprobación en asamblea en el próximo congreso Mundial de Sexología en Gotemburgo, los próximos 21 al 25 de junio, los estándares que debe cumplir cada uno de los tres perfiles profesionales de especialización en sexología: orientación y psicoterapia sexuales, medicina sexual, y educación y promoción de la salud sexual. El primer grupo recoge a los profesionales, en su mayoría psicólogos, con una formación psicoterapéutica y sexológica; los segundos son los médicos con una especialización en sexología; y los educadores y promotores de salud sexual son profesionales diversos, desde psicólogos a médicos, pedagogos, trabajadores sociales, maestros… especializados en sexología, pero sin competencias en el área clínica. Así que, si buscas un profesional capacitado para tratar tus problemas sexuales, asegúrate de entrada de que vas a ver a un psicólogo o médico, y, a continuación, de que acredita una formación de postgrado en el área clínica de la sexología. Algunos postgrados de sexología, siendo universitarios, no ofrecen una capacitación para la terapia sexual.

Como lamentable daño colateral, también han proliferado entre nosotros charlatanes sin formación y profesionales no especializados en sexología. En cuanto a los primeros, basta con verificar si el ‘profesional’ tiene título (medicina o psicología), lo que se consulta con una simple llamada telefónica o visitando la web de los colegios profesionales. En España, únicamente estos profesionales están facultados por ley para trabajar en el área terapéutica.

No obstante, como ya advertía en un pionero artículo de 1974 la destacada y ya fallecida psiquiatra y sexóloga Helen Singer Kaplan, los más peligrosos son los profesionales con título. Va a ser más difícil acabar con esta forma de intrusismo, la de los médicos y psicólogos que, amparándose en sus títulos y sin formación sexológica, se ofrecen como expertos. Kaplan se preocupaba porque las carreras de medicina y psicología no incluyen la sexología clínica en sus programas. Descartar definitivamente esta última forma de intrusismo sólo será posible cuando el ministerio de Educación regule la figura del especialista en sexología clínica; y lo óptimo sería su regulación en el marco de la Unión Europea. Entre tanto, intente averiguar el curriculum en el campo de la sexología clínica del profesional al que piensa visitar.

En el caso de sentirse víctima de una mala praxis profesional, como en cualquier otro ámbito, queda el recurso de la denuncia. Es ésa la única vía hoy por hoy para depurar el campo profesional. En este sentido, ha sido destacable la sanción impuesta el pasado mes de mayo a una clínica médica sexológica en Argentina que prescribió a un paciente como primer tratamiento farmacológico para la eyaculación precoz la inyección en el pene (intracavernosa) de una sustancia que acabó provocándole un priapismo, es decir, una erección permanente y dolorosa que le dejó como secuela una disfunción eréctil. Confiemos en que cunda el ejemplo y, también en nuestro país, se eliminen este tipo de prácticas deontológicamente despreciables.

Por fortuna, la mayoría de profesionales especializados en sexología viene recibiendo una formación en cursos de postgrado universitarios y no universitarios que, en nuestro país, y siguiendo las directrices de la OMS (1975 y 2000), atienden los tres criterios generales que debe presidir la "instrucción y adiestramiento en cuestiones de sexualidad humana": el trabajo con las actitudes, la preparación teórica y la capacitación práctica.

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