¿Se cumplen los sueños más osados?

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El curso político de la semana pasa por un trascendente Debate sobre el Estado de la Nación que viene acompañado por la peor crisis global desde 1929, aderezado con la recesión más grave en España de las últimas cuatro décadas y rematado por unas cifras de paro estratosféricas.

El padre de todos los debates, el de la Nación, suele quedarse en mucho ruido y pocas nueces – esto es, mucha palabrería partidista y pocas medidas reales – y en sesiones soporíferas para los de a pie. Zapatero y Rajoy se batirán en duelo por enésima vez y ninguno de los dos pegará una paliza considerable al otro ni entusiasmará a las masas. El líder de la oposición es buen parlamentario y el Presidente domina el discurso vacío aunque ilusionante, pero no destacan por ser oradores galácticos ni líderes carismáticos.

En lo que llevamos de legislatura los rifirrafes más sonados del hemiciclo tienen nombre de mujer: Mª Teresa Fernández de la Vega frente a Soraya Sáez de Santamaría. Ante este panorama tan poco atractivo, he visualizado como sería un Debate sobre el Estado de la Nación en clave femenina y no me ha costado mucho hacerlo. En lo que llevamos de legislatura los rifirrafes más sonados del hemiciclo tienen nombre de mujer: Mª Teresa Fernández de la Vega frente a Soraya Sáez de Santamaría.

Ambas han puesto este año la sal y la pimienta de las previsibles sesiones de control – hay que subir el nivel del debate político de este país urgentemente – con intervenciones animadas y unos careos que despiertan expectación mediática. Según bancada – popular o socialista – escucharás que es la Vicepresidenta quién se zampa con patatas a la Portavoz pepera o viceversa. Lo relevante es que las féminas son las estrellas parlamentarias de esta legislatura.

El nombramiento de Soraya fue doliente y sangrante para el “Club de los Diputados Pata Negra” – una mujer demasiado joven, poco curtida en combates políticos de nivel y sin apenas autoridad – pero su caché se ha revalorizado a través de un sólido trabajo parlamentario y guerreando cada miércoles con una Vicepresidenta que se encuentra menos segura y más nerviosas que antaño. Ahora la réplica se la da una mujer joven y preparada a la que no puede acusar de carca, misógina o machista como solía con sus predecesores.

Desde la perspectiva del análisis profesional, Soraya carece de naturalidad – recita, me atrevo a afirmar que memoriza sus intervenciones – la Vicepresidenta no va sobrada de frescura – improvisa poco y lee mucho – pero es innegable que en sus batallas dialécticas en el Congreso se crecen y nos ofrecen un espectáculo hasta ahora insólito pero gratificante: Un duelo de damas en la política española de altos vuelos.

En sus batallas dialécticas en el Congreso se crecen y nos ofrecen un espectáculo hasta ahora insólito pero gratificante: un duelo de damas en la política española de altos vuelos.Hace pocos días debatía con uno de los mejores políticos del país – sino el mejor, aunque para gustos los colores – acerca de Obama. Yo defendía mi postura de que hubiese preferido a Hillary en la Casa Blanca porque considero más necesario una mujer presidiendo el país más poderoso del planeta. Él intentaba convencerme de que era grandioso que un representante de una minoría étnica vilipendiada durante siglos ocupase el sillón más poderoso del mundo conocido.

– Tú lo has dicho – repliqué. Una minoría étnica frente a la mitad de la población mundial: las mujeres.

– Una minoría étnica que hace apenas un siglo se liberó de la esclavitud. Eso es la grandeza de la lucha humana, el simbolismo del triunfo del débil frente al poderoso, la fortaleza de la ilusión por encima del desánimo, la constatación de que con perseverancia los sueños más osados se cumplen.

– Eso cuéntaselo a las niñas chinas abortadas por no ser varón, a las mujeres musulmanas que no pueden salir de casa sin un hombre de su familia, a las africanas que son mutiladas sexualmente, a las que son lapidadas tras sufrir una violación o cometer adulterio, a las que en idéntico puesto de trabajo e iguales méritos y formación sufren discriminación salarial, a las que no acceden a lo más alto por el infranqueable techo de cristal perfectamente alicatado por los que ven peligrar su supremacía.

Él calló. Y créanme si les digo que dejar a ese hombre sin palabras es casi imposible.

Sí constituirá un triunfo justo, necesario y legendario un “mujer contra mujer” en el Debate sobre el Estado de la Nación y una fémina sentada en el Despacho Oval.

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