¿Sabías que el buen humor se aprende?

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Dice Begoña Carbelo que siempre ha mantenido el buen humor aunque en el ámbito académico haya tenido que pelear para que la tomaran en serio. Tiene la certeza de que apostar por la sonrisa y el optimismo trae beneficios terapéuticos y mejora de la calidad de vida. Esta investigadora y profesora -Universidad de Alcalá de Henares- cree que es urgente incorporar estos preceptos a la atención médica.

¿Cuál es la relación entre la salud y el humor?
Desde el punto de vista emocional es casi todo para el profesional de la salud, que tiene que cuidarse emocionalmente para atender en las mejores circunstancias; y en el paciente, porque el enfoque de determinados estados de ánimo con mejor predisposición permitirá que se encaje mejor la situación. La experiencia que tenemos sobre la evolución de ciertas enfermedades crónicas y graves como el cáncer es que es mejor cuando se cuida el ánimo, cuando uno se da cuenta de lo importante que es cuidarlo. Suena tan chocante que parece imposible. Pero no se necesitan saber grandes cosas, se necesita tener un enfoque mental, no dejar que te inunde la situación porque entonces te paraliza.

La experiencia que tenemos sobre la evolución de ciertas enfermedades crónicas y graves como el cáncer es que es mejor cuando se cuida el ánimo, cuando uno se da cuenta de lo importante que es cuidarlo.¿Se puede enseñar el buen humor?
Claro que sí, se puede enseñar y se puede aprender. Hay gente que llega a los cursos con muy mal humor y te dicen desde el principio: "yo tengo un humor de perros" y lo hacen muy serios. Recuerdo un curso con un grupo de empresarios. Decían que estaban muy estresados, con sus corbatas, sus trajes, muy rígidos, y acabaron todos con narices de payasos, saltando…

¿Qué significado tiene la capacidad de reírse de uno mismo?
Es fundamental. Lo primero que haces para un ejercicio es ponerte la nariz y buscar un defecto tuyo que no aceptas y magnificarlo. Al final acaba siendo tan exagerado que te ríes.

¿Pero eso funciona siempre?
En el 100% de los casos no funciona. En unas personas funcionan unos ejercicios y en otras funcionan otros. Unas terapeutas ocupacionales a las que impartimos un curso vinieron al día siguiente y contaron que habían repartido los zumos de la noche disfrazadas con turbantes que se habían hecho con bolsas de plástico…y contaban que las personas mayores se habían reído muchísimo y habían dormido muy bien esa noche. Fíjate qué tontería, pero qué tontería tan importante. Todos los días igual no funcionaría bien, porque ya sería rutina, pero si sorprendes las cosas funcionan. Y para ello hay que estar muy ágil porque requiere esfuerzo. Yo ya lo advierto: esto no es fácil, es un reto que hay que querer hacerlo y en el que se requiere un gran trabajo personal todos los días.

Yo ya lo advierto: esto no es fácil, es un reto que hay que querer hacerlo y en el que se requiere un gran trabajo personal todos los días.Si las emociones positivas dan tanto y facilitan tanto la vida a las personas que no lo tienen nada fácil, ¿por qué no se lleva más a la práctica?
Porque no nos enseñan. Victoria Camps escribió en un libro hace ya unos años que a los niños hay que enseñarles amabilidad y buen humor. A mí no me lo han enseñado nunca y a mis hijos, que son más modernos, tampoco.

Esta práctica sería muy útil en la adolescencia.
Desde luego. Pero en la adolescencia, donde se instala una especie de enfado permanente, no se utiliza. El problema es que en la universidad somos pocos los que estamos concienciados así. Muy pocos. No obstante, algunas cosas se empiezan a hacer.

¿Se puede estar siempre de buen humor?
Ni se puede ni se debe estar siempre de buen humor. El miedo, la tristeza, el enfado…todo eso es información. Algo me han dicho, me han pisado mis barreras, mis límites, me han puesto en evidencia y eso me enfada. Pero la forma en la que yo pueda responder a eso es mío, es una opción que yo me doy. Y si lo asumes, la vida funciona de otra forma.

El buen humor mejora la calidad de vida, pero ¿la alarga?
A mí me gustaría poder afirmar esto, pero no lo puedo hacer si quiero ser coherente con una línea científica. Hay un trabajo publicado en la revista de la Clínica Mayo en la que se ha podido estudiar a más de 800 monjas. Las monjas que afrontaban de forma optimista las situaciones habían vivido más. Yo, desde luego, espero que el humor me alargue la vida porque espero vivir muchos años.

"Evitar la tristeza no es bueno, porque se obvia la valiosa información que trae esa emoción"

¿Cuántas veces se ríe al día?
Bueno, yo cuando veo que ha pasado mucho tiempo y no me río, me río sola. Pero yo me río mucho.

¿Y se ríe más desde que estudia la relación entre el humor y la salud?
Tú conectas con aquello que conecta contigo, o sea que tú previamente tienes algo. Pero también he visto a personas que buscan la risa porque lo detectan como una necesidad.

Usted aboga por introducir el humor y las emociones positivas entre personal médico, sanitario y pacientes. Pero los hospitales no son precisamente lugares donde abunde la risa.
No, pero debería fomentarse y trasladar a las personas que más allá de lo que les suceda deberían cuidar el buen humor como una parte importante para recuperarse. Y si los profesionales de la salud transmitiéramos a pacientes y familiares lo importante que es, esto mejoraría mucho.
Las personas, más allá de lo que les suceda, deberían cuidar el buen humor como una parte importante para recuperarse. Y los profesionales de la salud deberiamos transmitir a pacientes y familiares lo importante que es.
¿Le hacen caso?
A mí me llaman para dar clases a profesionales, a sociedades de discapacitados, a cuidadores de personas con problemas muy graves… Recuerdo un caso de hace poco tiempo en el que le preguntaba a una persona qué necesitaba y decía que era irse a Galicia, a su tierra, porque hacía 10 años que no iba y no podía porque estaba cuidando a una persona. Y yo le decía: "¿seguro que no?" Y en el grupo surgieron alternativas: "yo podría ir el sábado", "yo pue
do ir a hacer la comida" y así se hizo. Y esa persona ya sonríe después de esto.

¿Y cuánto dura esa sonrisa?
Hay personas a las que les dura más y otras menos, por lo que necesitan hacer más cosas. Es como si tuvieras una herida que hay que curar todos los días. Si no lo haces se infecta y duele. Lo mismo sucede con las heridas emocionales, son muy parecidas a las físicas: supuran, duelen, están encarnadas, hinchadas.

*Extracto de la entrevista publicada en Consumer

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