¿Qué vemos estando ciegos?

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Siempre hay una historia o un personaje que por su fuerza o su singularidad nos deja huella. A mí me dejó huella la historia de Helen Keller, una niña que a la temprana edad de 19 meses se quedó ciega y sorda perdiendo la capacidad para comunicarse con el exterior. Sin embargo pese a su traumática situación, gracias a la voluntad y a la constancia que sólo nace del coraje, consiguió hablar, escribió libros y dio conferencias por todo el mundo.

Si perdiéramos la visión nuestra escala de valores cambiaría, disfrutaríamos con las mejores cosas de la vida, con la belleza desnuda de las cosas que ni se ven ni se tocan, tan sólo se sienten…Desde su lectura no he parado de pensar lo terrible y lo frustrante que debe ser la pérdida de la visión. La sensación de aislamiento, de incomunicación y de soledad debe resultar asfixiante. No ver una puesta de sol en el mar, no ver la sonrisa de complicidad de un amigo, o no ver el brillo en los ojos de la gente que quieres…

Y sin embargo ella nunca se rindió ¿Por qué contentarnos con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar? Esto es lo que decía en su biografía y esto es lo que hizo… consiguió volar…

En el mundo actual, era de las comunicaciones, revistas on line, semáforos, señales de tráfico, donde lo que importa es la imagen, la apariencia, lo que vemos, donde la percepción del mundo nos llega por el exterior… juzgamos a la gente a primera vista, nos enamoramos por flechazos, analizamos a las personas por su físico (qué guapa, qué tipazo, qué estilo o qué bien viste)…

Los poderosos y acomodados ciudadanos acostumbrados a tenerlo todo ¿tendrían problemas de adaptación? y los que están acostumbrados a la adversidad ¿conservarían la fuerza y lograrían el liderazgo?¿Que pasaría si perdiéramos la visión? ¿Cómo juzgaríamos la belleza, el estilo o la elegancia? ¿Nos resultarían atractivas las mismas personas? ¿Percibiríamos igual que antes a la gente? ¿Nos atraerían las mismas cualidades?… ¡¡Seguro que no!! Nuestra escala de valores cambiaría, disfrutaríamos con las mejores cosas de la vida, con la belleza desnuda de las cosas que ni se ven ni se tocan, tan sólo se sienten…

El mundo es un sistema en equilibrio, hasta que algo lo rompe y entonces la inseguridad y el miedo nos enseñan el verdadero color del alma humana. Esta es la idea que me transmitió la película “A ciegas” basada en la novela de José Saramago.

Imaginaros que una epidemia asola la tierra y la consecuencia es que poco a poco todos los ciudadanos van perdiendo la vista… ¿Cómo reaccionaríamos ante una perdida tan brutal? ¿Nos convertiríamos en algo que no somos? ¿Afloraría entonces lo mejor de nosotros mismos o afloraría mucho de lo peor que llevamos dentro? ¿Cambiarían los roles de la sociedad?

Los poderosos y acomodados ciudadanos acostumbrados a tenerlo todo ¿tendrían problemas de adaptación? y los que están acostumbrados a la adversidad ¿conservarían la fuerza y lograrían el liderazgo?

¿Sería una propuesta de valores alternativos a nuestra sociedad? La feminidad y la vejez frente a la supuesta fortaleza de la masculinidad tradicional…Curiosamente en la película son las mujeres y los ancianos los personajes más fuertes, los que se hacen cargo de la situación y sirven de apoyo y guía a los hombres…. ¿Sería una propuesta de valores alternativos a nuestra sociedad? La feminidad y la vejez frente a la supuesta fortaleza de la masculinidad tradicional…

Dicen que el peor ciego es el que no quiere ver… creo que muchos de nosotros ya estamos ciegos aunque veamos. Tenemos una ceguera que nos permite ser indiferentes ante la realidad que pasa por nuestros ojos, ciegos ante las injusticias, los abusos a los débiles y las faltas de respeto. Aunque podemos mirar no vemos… ni lo que es importante, ni lo que realmente merece la pena, ni vemos el valor de lo que tenemos.

Tengo una pareja de amigos excepcionales, ella perdió la visión por desprendimiento de retina y él por accidente de tráfico. Siempre me ha llamado la atención que pese a toda la adversidad, para ella lo peor no fue quedarse ciega sino separarse de su familia en Cádiz para incorporarse al colegio de la Once en Madrid. Y para él, lo peor no fue quedarse ciego sino la monotonía que le suponía el caer de los días, de lunes a domingo, todos iguales. Es curioso pero la pérdida de las cosas que no valoramos a veces nos causa más dolor que el de aquellas que nos parecen imprescindibles.

“Recorremos el presente con los ojos vendados… Tan sólo más adelante, cuando la venda cae y examinamos el pasado, nos damos cuenta de lo que hemos vivido y comprendemos su significado”Siempre me gusto la frase de Milán Kundera:
“Recorremos el presente con los ojos vendados… Tan sólo más adelante, cuando la venda cae y examinamos el pasado, nos damos cuenta de lo que hemos vivido y comprendemos su significado”

¿Por qué no nos quitamos ya la venda de los ojos? Es fácil… sólo depende de la actitud que tengamos cada uno de nosotros hacia los problemas que nos rodean y como decía Helen Keller… del anhelo que tengamos de volar.

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