¿Puede ser Hillary la esperanza?

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El sonido de los bombardeos aéreos y los disparos en Gaza choca frontalmente con el silencio que guarda el futuro Gobierno de EEUU sobre el asunto. Barack Obama ha evitado hacer declaraciones sobre el tema que centra la atención del mundo en los últimos días al igual que la que será jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton. El conflicto en la Franja será la primera prueba de fuego para la senadora pero ¿qué se puede esperar de la mediación de Clinton en la difícil situación de Oriente Próximo? 

¿Qué habrá aprendido Hillary de Bill Clinton?

A Hillary Clinton le pesa el apellido en esto de la política internacional. Su experiencia es más bien limitada -a pesar de que durante la campaña se empeñara en demostrar que no es nueva en estos lares y recordara su ‘peligrosa’ visita a Bosnia– y Bill Clinton fue muy activo durante su mandato. El ex presidente presenció el apretón de manos entre Isaac Rabin y Yasser Arafat que sellaba los Acuerdos de Oslo, en 1993. También fue el artífice de lo que se conoce como Acuerdo de Taba (o de Oslo II), en 1995, e impulsor de las fallidas negociaciones en Camp David de 2000 entre Ehud Barak y Arafat.

Por eso, existe la esperanza de que Hillary haya ‘heredado’ algo de su marido y mantenga una actitud conciliadora como secretaria de Estado de EEUU, apartándose de la postura proisraelí que ha imperado en la administración Bush. En principio, parte de una posición favorable por ser un personaje respetado por las dos partes a pesar de que, con el paso de los años, su discurso se haya ido transformando y acercándose más a las posturas favorables a Israel.

Pero la futura secretaria de Estado cae en gracia a los palestinos por méritos propios. Ya en 1998 apoyó públicamente la creación de un estado palestino cuando era primera dama y la Casa Blanca tuvo que desmarcarse de sus declaraciones. Al año siguiente, volvió a protagonizar una polémica situación: presenció unas incendiarias declaraciones de Suha Arafat (esposa del líder palestino) en las que acusaba a Israel de envenenar a los palestinos con gas tóxico y se despidió de ella con un beso. El gesto enfureció a los judíos estadounidenses y Hillary tuvo que disculparse, alegando que la traducción instantánea había suavizado las declaraciones de Arafat.

Sin embargo, esta actitud cercana a la causa palestina fue desapareciendo cuando Clinton quiso ser senadora por Nueva York. Primero tuvo que ganarse al electorado judío y más tarde mantenerlo. Como senadora, ha realizado varios viajes a Israel y en uno de ellos visitó el muro de Cisjordania del que dijo: "Este muro no va contra el pueblo palestino, va contra los terroristas". Además, ha hecho numerosas declaraciones sobre la amistad que une a Israel y EEUU y no dudó en asegurar en una entrevista para televisión que si Irán atacaba Israel, Estados Unidos podría "arrasarlo totalmente".

La postura de Obama

Gaza será su primer desafío como secretaria de Estado. A pesar de que Clinton sea la jefa de la diplomacia estadounidense, no hay que olvidar que desarrollará su puesto como parte del equipo de Barack Obama. El presidente electo guarda silencio respecto a la invasión de Gaza y ya han aparecido voces pidiendo que tome partido. Sin embargo, Obama se excusa en que, por el momento, George Bush sigue siendo el comandante en jefe.

Ese silencio ha provocado el miedo a que se trate más de una manera de ‘escurrir el bulto’ que de una postura cauta. El próximo presidente de EEUU siempre ha mostrado una actitud cercana con la causa palestina y durante la campaña se desataron los rumores sobre si practicaba el Islam pero, al igual que le ocurrió a Hillary Clinton, su discurso ha ido escorándose con el paso del tiempo. El punto de inflexión fue el discurso que proclamó en junio ante el Comité Americano para los Asuntos Públicos de Israel (AIPAC). En él aseguró que "los lazos entre Israel y EEUU son indestructibles, hoy, mañana y para siempre" y apostó por Jerusalén como "capital indivisible de Israel".

Aunque Obama y Clinton opten por el momento por el silencio, en tan sólo dos semanas tendrán que descubrir sus cartas y decidir hasta qué punto están dispuestos a presionar a Israel y a negociar con Hamás para conseguir el equilibrio en Oriente Próximo. Será el primer paso para demostrar si, realmente, el relevo en la Casa Blanca traerá tantos cambios como se ha prometido o si el nuevo Gobierno seguirá la senda marcada por el gabinete de Bush.

Por Mariluz Peinado

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