¿Nuevo contrato sociosexual?

Hombre proveedor, mujer en la casa, familias con roles rígidos… Los modelos cambian y si las mujeres comparten con los hombres el papel de proveer ingresos ¿por qué no asumen los hombres la corresponsabilidad de tareas domésticas y el cuidado de hijo/as y mayores? Lo que hace falta, dice nuestra columnista, es un nuevo contrato sociosexual.

Por Luciana Manni*

Mientras predominaba el modelo familiar de hombre proveedor y mujer ama de casa, las familias se organizaban en torno a una rígida división de roles y funciones entre sus miembros adultos. En la actualidad, las mujeres comparten con los hombres el papel de proveer ingresos, lo que marca un cambio drástico con el modelo familiar tradicional.

Los hombres no han asumido de manera equivalente la corresponsabilidad de las tareas domésticas y del cuidado de hijos/as y adultos/as mayores.Sin embargo, sigue pendiente el correlato de ese proceso: los hombres no han asumido de manera equivalente la corresponsabilidad de las tareas domésticas y del cuidado de hijos/as y adultos/as mayores. A pesar de su mayor participación en el trabajo remunerado, las mujeres siguen dedicando más horas que sus cónyuges a las labores dentro del hogar.

El funcionamiento de nuestra sociedad aún supone que hay una persona -una mujer- dentro del hogar dedicada completa y exclusivamente al cuidado de la familia y la satisfacción de todas sus necesidades. Por ejemplo, los horarios de los servicios públicos, y muchas veces los mismos horarios escolares, no son compatibles con los de una familia en que todas las personas adultas trabajan remuneradamente. Paralelamente, no se ha generado un aumento suficiente en la provisión de infraestructura y servicios de apoyo para cubrir las necesidades de niños, niñas y otras personas dependientes.

En medio de tales condiciones, el análisis debe penetrar en entramados, también complejos y profundos del ser social, para poder ver los nuevos valores que disputan a otros valores su primacía y lo que suponen y significan para las relaciones entre hombres y mujeres, sus respectivas identidades y las propias sociedades.

El costo que asumen las mujeres
A pesar del extendido discurso igualitario, en la práctica, se exime a los hombres de la mayoría de las tareas domésticas y de la crianza de los hijos, tradicionalmente adjudicados a los roles femeninos. Y esa es una de las principales desventajas a las que una mujer profesional debe enfrentarse respecto a sus pares hombres; la compatibilización de su carrera con la vida familiar, y especialmente con el cuidado y crianza de los hijos. Parafraseando a Weber, insistimos en esta forma particular de desigualdad; la desigualdad de oportunidades vitales entre dos personas adultas. 

¿Cómo puede una mujer desarrollar una carrera profesional, con alta dedicación, sin renunciar a experiencias de madre y/o esposa, si así lo desea?El problema más recurrente de las mujeres en el mercado laboral estaría dado de acuerdo a esta idea por el mero hecho de ser mujeres, aumentando sus posibilidades de ser explotadas, excluidas o discriminadas. Asimismo, este concepto podría aplicarse a las relaciones de género en la esfera doméstica. Lo que sucede en una familia es que cada vez que hace falta sacrificar el tiempo, las oportunidades o las mismas condiciones laborales en pos del bienestar familiar, se sacrificará el de la mujer adulta.

Una de las cuestiones primordiales que se debieran debatir sería entonces cómo puede una mujer desarrollar una carrera profesional, con alta dedicación, sin renunciar a experiencias de madre y/o esposa, si así lo desea. Ya que para los hombres en ningún momento significa algún obstáculo en su carrera profesional, desear tener hijos o convertirse en "marido de". Así, surge una y otra vez la referencia a la responsabilidad doméstica de las mujeres en su formato ahistórico y esencializado, en donde el ingreso de ellas en el trabajo remunerado requiere adecuarse a "sus" responsabilidades domésticas.

La conciliación existe… ¿para quién?
Ciertos autores afirman que en realidad la conciliación de la vida laboral y familiar no existe y las mujeres terminan recurriendo a otra mujer para lograr algún arreglo, que en general, además de ser poco satisfactorio, nunca es suficiente. Por otra parte tampoco se trata de conciliar las esferas con el fin de que las mujeres sigan haciéndose cargo de todo, sino que se trata de comprometer a los varones a que asuman el cuidado de niños/as y mayores así como el trabajo doméstico, como una responsabilidad pero, particularmente como una obligación conjunta de los miembros adultos de una familia. Es decir, re-pensar cómo se distribuye equitativamente el trabajo, el tiempo y las responsabilidades de hombres y mujeres.

Mientras las políticas tendientes a la conciliación de responsabilidades familiares y laborales se enfoquen únicamente y de forma prioritaria en las mujeres, difícilmente permitirán un avance sustantivo en la transformación de las desigualdades de género. Por esto muchos de los movimientos feministas reclaman y proponen actualmente la formulación de políticas públicas que vinculen más activamente a los hombres en el continuum productivo-reproductivo, apuntando a la construcción de un nuevo "contrato sociosexual".

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