Mi madre, Serrat y yo, una pasión que tiene explicación

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¿Cómo explicar lo que Serrat representa para tantas generaciones? Una pasión que tiene lugar aquí y allá. Es el punto de partida de Mi madre, Serrat y yo. O la excusa para que una madre y una hija compartan aficiones, desencuentros y emociones. Partiendo de la idea de que Serrat habla como pocos del universo femenino, Marina Skell pone cuerpo y alma a un espectáculo que lleva 5 años en escena.

Skell, multifacética actriz argentina que además gestiona la sala Plot Point, es una madre desprejuiciada y de vuelta de muchas cosas que un día recibe a su hija con una problemática amorosa por la cual se alojará en la casa materna y vivirá el día a día entre debates, emociones, risas y canciones.

"Mi madre, Serrat y yo" aúna la realidad misma con algo de melancolía o tristeza y momentos desopilantes en los que las carcajadas no pueden evitarse.

Mi madre, Serrat y yo aúna la realidad misma con algo de melancolía o tristeza y momentos desopilantes en los que las carcajadas no pueden evitarse. Tampoco las lágrimas en algunos momentos en los que el diálogo se vuelve más intimista, y en algunas canciones que Laura Castrillón hace muy suyas sin decepcionar, porque no compite con el maestro: lo recrea.

El argumento

El hilo de la historia arranca cuando Lucía, la madre, conoce a Serrat en Buenos Aires y se vuelve su fan. Su hija Penélope, es profesora de canto y dirige un coro aunque su madre quisiera que fuera cantante como "el Nano". La hija culpa a su madre de gran parte de sus males, sin embargo a la par, se emociona recordando hasta qué punto fue Serrat un nexo entre ellas. Su madre ya no está en este mundo, y las vivencias que se producen en el escenario, no son sino recuerdos que sirven para reconstruir la historia.

Penélope, separada de su marido, vuelve a vivir con su madre y ese lapso de su vida es el que recordará por muchas razones: los momentos compartidos, las confesiones, las diferencias y las coincidencias. Una relación viva e intensa que dejará en evidencia el corazón de cada cual.  

El texto y la dirección son de Carlos De Matteis, pareja de Skell y creador y actor también de Mi padre, Sabina y yo, una de las tantas obras que se ofrecen en esta cálida sala.

 

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