Menos discursos y más diálogos

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¿No estamos desperdiciando demasiado tiempo, dinero y esfuerzo en tanta formación, tantas conferencias? ¿Realmente se produce aprendizaje en estos encuentros en los que sólo uno habla y los demás escuchan? ¿Cuándo va a dejar de ser importante una afirmación o una idea dependiendo de quién la diga, de si quien la dice cobra más por decirla, atrae a más masas o sale más en los medios de comunicación?

¿No deberían ser las ideas buenas o malas por su contenido, su trascendencia, su capacidad de mejorar las cosas, independientemente de dónde se formulen o quién las formule?

Propongo recuperar los grupos de discusión, los debates, los diálogos socráticos como fuente de un aprendizaje social en el que unos aprendemos de otros…Cualquier persona es una fuente de aprendizaje para los demás, lo que convierte en un verdadero despilfarro que en una reunión de varias personas -un curso, una conferencia- sea la que transmite, cuando podrían estar unas aprendiendo de otras, mediante la participación de distintas opiniones, la observación del lenguaje no verbal, la escucha, la formulación de preguntas y la transferencia de distintas experiencias.

Propongo recuperar los grupos de discusión, los debates, los diálogos socráticos como fuente de un aprendizaje social en el que unos aprendemos de otros. Sentarnos alrededor de una mesa para intercambiar ideas sobre gestión empresarial por ejemplo. Eso sí, nuestra deshabituación al diálogo nos va a exigir un/a buen/a conductor/a de reuniones y moderador/a, para evitar que nos pisemos, que hablemos todos a la vez, que el diálogo se vaya por otros derroteros, que participe todo el mundo y nadie monopolice. Cuanto más diverso sea el grupo más fructífera será la reunión.

Esto me hace recordar la Mayéutica que tenía olvidada desde mis tiempos de estudiante y que un día rescaté mientras leía "Liderando en tiempos difíciles”. Curiosamente, este libro propugna un Líder que no se ve mucho por ahí, uno que pregunta y escucha más que habla.

La mayéutica consiste en utilizar el diálogo para llegar al conocimiento. Entiende que las personas somos capaces de generar conocimiento porque lo tenemos dentro -el famoso potencial o talento- y que sólo hace falta estimularlo, removerlo, avivarlo, para que salga. El instrumento utilizado para ello es la palabra, en su formato de pregunta.

Estos grupos de discusión son la vertiente formal del aprendizaje social, pero hay vertientes informales altamente aceleradoras del aprendizaje…Los diálogos socráticos comenzaban con una cuestión del tipo ¿qué es la felicidad? Hoy el moderador podría preguntar ¿es bueno guiarse por la intuición para contratar al personal? y a partir de aquí se genera la discusión entre el resto de participantes del grupo: cada uno responde dando su opinión y el moderador, resume, recapitula, reformula la pregunta, profundiza, elimina lo superfluo, desmonta creencias negativas, pide ejemplos, contradice… Todo ello para llegar al estado de confusión desde donde empezamos a cuestionarnos si nuestros postulados son correctos o están bien fundamentados.

Ese momento de confusión e incomodidad -por no ver claro algo que antes del diálogo se creía saber perfectamente- es condición necesaria para el aprendizaje, porque a partir de aquí podemos dar opiniones e ideas cada vez más definidas y precisas de la cuestión que se discute.

El conocimiento que surge no es la idea u opinión individual de alguno de los componentes del grupo, es un conocimiento o sabiduría grupal construida con todas las ideas, las aceptadas y las rechazadas, porque al rechazar hemos argumentado y hemos convencido y consensuado.

Estos grupos de discusión son la vertiente formal del aprendizaje social, pero hay vertientes informales altamente aceleradoras del aprendizaje. Quizás el aprendizaje social sea la fuente más importante de desarrollo de la intuición, a la que hoy se le da la importancia que merece, hasta el punto de que algunos autores como José Enebral y Beatriz Valderrama "La intuición en la empresa" hablan de una Inteligencia Intuitiva.

En unos tiempos en los que todo cambia tan deprisa y estamos apremiados por el tiempo, la intuición va a ser una competencia clave, lo que significa que tenemos que empezar a cambiar los discursos por diálogos, la sabiduría individual por la colectiva y darle a la pregunta y a la observación un mayor protagonismo.

Mi experiencia como mentora me ha revelado que a la inteligencia es más fácil descubrirla y medirla por las preguntas que por las respuestas. Por otra parte, incluso las empresas tendrán que empezar a dialogar con el mercado, más que a lanzar maravillosas acciones de marketing, pues como sostienen los autores de El Manifiesto Cluetrain, los mercados son conversaciones y las empresas deben encontrar el modo de participar de dichas conversaciones, para poder así comunicarse de forma personal y directa con sus consumidores. Y las campañas de marketing tradicionales no son, huelga decirlo, el mejor modo para hablar de tú a tú con los clientes.

*Mª Luisa de Miguel es Consultora de Empresas, Formadora en habilidades directivas y experta en Mentoring – Council-Consultores. www.council-consultores.com

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