`Mediocracia´

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Tengo la costumbre de asistir a determinadas tertulias, en las que participan profesionales de los sectores que me son afines. Recientemente el tema a debate fue la "marca" España y su percepción. Supongo que a nadie extrañará que, de los atributos que dicha marca sugería a los participantes, hubiera unanimidad en uno de ellos: "corrupción".

Nos guste o no, la percepción de España se está degradando. No era lo mejor que España se identificase con juerga, siesta, toros y flamenco, como ha venido ocurriendo. Hay otros valores en diversos ámbitos donde lo español ha resaltado. Entre los españoles y españolas hay excelentes profesionales, buenos gestores, deportistas de élite, y, por supuesto, gente honrada. Sin embargo no es eso lo que se transmite. No son las buenas cualidades las que están conformando la opinión sobre nuestro país.

La economía productiva, base del progreso y la riqueza, que premiaba el esfuerzo y la valía se sustituye por una economía especulativa, donde se mueven a sus anchas especuladores y traficantes de influencias.Asistimos a una crisis de valores donde todo vale si el objetivo es enriquecerse. La sociedad y sus instituciones parecen estar inmersas en un proceso de degradación imparable, cuyas consecuencias finales no apuntan a nada bueno. La cultura del esfuerzo y la excelencia ha quedado relegada a manos del clientelismo y la mediocridad. La economía productiva, base del progreso y la riqueza, que premiaba el esfuerzo y la valía se sustituye por una economía especulativa, donde se mueven a sus anchas especuladores y traficantes de influencias. Mientras, excelentes profesionales y  la generación mejor preparada de la historia, no encuentran su sitio en el mercado laboral.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo se ha dilapidado en tan poco tiempo un patrimonio de riqueza y derechos que, con su esfuerzo construyeron quienes nos precedieron? La respuesta es evidente: por haber puesto su gestión en manos inapropiadas, por haber permitido alcanzar posiciones de poder a mediocres y a presuntos corruptos. Salvando las distancias, es lo mismo que ocurre cuando un próspero negocio familiar, levantado con esfuerzo por padres y abuelos, cae en manos del hijo más irresponsable y peor preparado; lo lleva a la ruina.

La mediocridad se ha impuesto. Las personas excelentes, perfectamente preparadas, respetables y honradas, con el sistema establecido actualmente, tienen harto difícil llegar a ostentar una posición dirigente. Gestionar un país no es tema un baladí y deberían ser los mejores quienes fueran elegidos para ello y debería elegirlos el pueblo. ¿Pero hasta que punto el pueblo elige si las opciones entre las que puede optar son limitadas y cerradas?

La filosofía de una democracia implica que el poder emana del pueblo, que por un mecanismo u otro debe ser quien gobierne. A todas luces el mecanismo actual no es el más adecuado, porque en nuestra democracia el único poder del pueblo es votar periódicamente, entre unas opciones limitadas impuestas por el sistema. Y el criterio para ser incluido en esas opciones no suele ser la valía, la preparación profesional o la experiencia.

Como resultado nos encontramos con que la mediocridad escala posiciones. El mediocre que accede a una posición de poder, desconfía de la excelencia, se siente inseguro y tiende a rodearse de gente todavía más gris. En ese entorno se siente cómodo y se crece hasta llegar al punto de olvidarse de su mediocridad y despreciar a todo el que no le adule o quien disienta de su pensamiento. Mejor un asesor de confianza que un reputado profesional o funcionario de carrera, porque un mediocre está más cómodo entre estómagos agradecidos que entre trabajadores cualificados e independientes.

¿Por qué lo llaman Democracia cuando deberían decir "Mediocracia"?

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