Mamá a los 40

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Tienes treinta y muchos. O cuarenta. O más. Y te has quedado embarazada. Puede que lo hayas buscado con intensidad o que sea fruto de un «accidente», pero has decidido que es una gran noticia, aunque al mismo tiempo estás asustada. Vas a ser mamá primeriza (o no) a la edad en que muchas fueron abuelas y te preguntas si eso es correcto, si estás preparada y si van a aceptar la noticia en tu entorno más cercano.

Puedes estar tranquila. No eres un caso único. Cada vez son más las mamás primerizas a los treinta y muchos o a los cuarenta, y está demostrado que pueden ser buenas madres.

Por supuesto que no es ninguna garantía de nada, pero fíjate en el baby boom que ha vivido Hollywood en los últimos años. Es un reflejo de lo que pasa en todo el primer mundo. ¿O es que tú no conoces casos de mamás primerizas de casi cuarenta años o más que son capaces de conciliar esa experiencia con su trabajo? Si has esperado tanto tiempo para ser madre, no desesperes ahora. Eso sí, ten en cuenta cómo va a cambiar tu cuerpo durante nueve meses y tu vida para siempre. Felicidades, mamá.

No eran los mejillones
Creía que sufría un empacho de mejillones y acudió al médico para descubrir que a sus cuarenta años y con un largo historial ginecológico que casi lo impedía –la regla se le retiró a los diecisiete–, estaba esperando su primer hijo, o mejor dicho, hija. El caso de esa mujer es insólito pero no único.

En el caso de las mujeres de hasta treinta y cinco años hay que darse como mínimo un año de tiempo antes de lograr un embarazo planificad.Ella, que ya tiene a su hija bien crecida, no se sorprende cuando escucha historias parecidas. Como la de otra mujer que a los cuarenta, al no ver cumplido su deseo de ser madre, decidió adoptar unos gemelos rusos. A la vuelta del duro viaje de recogida en Rusia, supo que estaba embarazada… ¡de gemelos! O el de una que, tras siete tratamientos de fertilidad, tuvo trillizos y al año completaba la familia con un cuarto hijo concebido de forma natural.

O el caso de aquella que dejó la relación con su marido después de varios años de buscar el embarazo sin éxito y al medio año supo que él esperaba un hijo con su nueva novia mientras que ella debutaba en el papel de mamá un año más tarde. Otra cuarentona recién separada que, después de intentarlo con la pareja de toda la vida y decidir que ya no quería pasar por la experiencia de la maternidad, tuvo un lío de una sola noche con un amigo de la adolescencia.

Al cabo de un par de meses, convencida de que sufría algún desarreglo hormonal previo a la menopausia, acudió al ginecólogo, quien le dijo que no tenía ningún problema hormonal, sino que estaba esperando un bebé. Y ya, en el extremo de los extremos, el supertelevisado caso de una madrileña de treinta y nueve años que acudió al médico porque ya no podía soportar más los dolores que ella asociaba con una menopausia precoz, y al día siguiente estaba de parto. O, en el otro extremo, el de una feliz cuarentona que desde hacía años llevaba un DIU para evitar el embarazo y a pesar de todo no pudo impedirlo: hoy, pasados los cuarenta, está más que feliz con su hija de tres añitos.

Las gestantes de más de cuarenta años tienen un embarazo de riesgo medio y, por ello, son un grupo más controlado.Son historias cada vez más frecuentes. Casos que probablemente habrían causado escándalo en la época de nuestras abuelas, cuando tener un hijo a partir de los treinta era toda una rareza. Y si ocurría a esas edades normalmente era por descuidos ocasionales.

El director de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), el profesor José Bajo Arenas, reconoce sin escandalizarse que cada vez son y serán más las primerizas a partir de los cuarenta: «Hay que entender que no es una cuestión programable; una es madre cuando puede». Sea como sea, el número de embarazos a partir de los cuarenta está aumentando a pasos agigantados en nuestro país. La cifra crece a un ritmo del 10 por ciento anual. Y además, muchas son primerizas aunque para ello hayan necesitado recurrir a la reproducción asistida. Según datos del año 2004, en nuestro país se produjeron 447.784 partos. De ellos, 6.239 correspondieron a mamás de cuarenta años; 7.092 a mujeres de entre cuarenta y uno y cuarenta y tres; y en 38 casos, las madres superaban los cincuenta años de edad.

Las gestantes de más de cuarenta años tienen un embarazo de riesgo medio y, por ello, son un grupo más controlado:

• Se descarta la diabetes gestacional en cada trimestre y se ejerce un mayor control sobre la tensión arterial.
• El control de flujo de arterias uterinas se realiza en toda la población, no sólo en las madres de más de cuarenta años, aunque éstas tienen un mayor riesgo de presentar flujos alterados y, por tanto, más posibilidad de sufrir una presión arterial alta (preeclampsia).
• No es obligatorio someterse a la amniocentesis, aunque la edad implica un riesgo mayor de anomalías cromosómicas. Por tanto, la probabilidad de que las pruebas del primer trimestre muestren un resultado alterado aumenta, y también aumenta la probabilidad de precisar una técnica invasiva como la amniocentesis o la biopsia corial.
• Siempre debe realizarse la amniocentesis o la biopsia corial cuanto antes. Disponer de los resultados precozmente ayuda a pacientes y médicos.

Quedarse embarazada a la primera es posible. Muchas mujeres lo consiguen. Pero según los médicos, en el caso de las mujeres de hasta treinta y cinco años hay que darse como mínimo un año de tiempo antes de lograr un embarazo planificado. A partir de esa edad, la fertilidad cae en picado. Aun así, entre el grupo de mujeres primerizas de más de cuarenta años, el 40 por ciento se quedan embarazadas de forma espontánea o natural y el 60 por ciento, gracias a algún tipo de tratamiento de fertilidad.

Editorial: Esfera 

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