Madre sola: no te rindas

148

No eres perfecta. No, no lo eres. Ni puedes abarcarlo todo. Mejor aceptarlo desde el principio. Tranquiliza mucho y como punto de partida no está mal.

Ser madre sola supone para muchas mujeres una larga travesía de presente inestable y futuro incierto. Pero no hay que rendirse. Hay que tener la mente abierta y el alma bien dispuesta.

¿Las razones para seguir adelante?
Puede haber muchas, pero puestos a priorizar, sólo hay dos: sobrevivir y garantizar la supervivencia de la prole. En cada lugar, a su modo. Por aquí podemos decir que sin una buena formación, no queda más que emplearse en el oficio que se presente. Ocupaciones que, tal y como están las cosas, dan para escasas holguras, en la mayoría de los casos. El apoyo familiar no siempre existe.

Contra el miedo, esperanza y alegría de vivir. Contra el miedo desarrollar el arte de hacer de uno, cuatro. Sin olvidar que el tener una excelente formación tampoco es garantía de excelente/buena/mediana posición profesional y, en consecuencia, ingresos. Ante este panorama es fácil que aparezca el fantasma del miedo. Ese que todo lo paraliza.

¿Cómo aparcar el miedo?
Al miedo, cuando se es madre, se le planta cara. No queda otra. De lo contrario conviertes la infancia de los pequeños en un mal recuerdo. Y esa es una muy mala baza para el futuro. El de ellos y el tuyo.

Contra el miedo, esperanza y alegría de vivir. Contra el miedo desarrollar el arte de hacer de uno, cuatro. Contra el miedo no hay orgullo que valga. Contra el miedo, autocontrol, serenidad y silencio. Cuidar lo que se tiene, si se tiene. Amigos, contactos, trabajo. Y si falta, a construirlo. Imaginación, creatividad, alto rendimiento y orientación a objetivos. Sin más. Te salvarán tu inteligencia, energía y conocimientos. Tendrás que saber claramente lo que quieres.

¡Menuda escuela! Un baile en soledad del que tienes que salir transformada y totalmente fortalecida.

¿Qué hacer con la soledad?
Reconvertirla. ¡No queda otra!. Lo primero aprender a estar bien contigo misma. Quizá sería bueno que te permitieras descubrir que un buen libro es un buen amigo; o dejar de mirar y empezar a observar; regalarte pequeños tiempos para ti y solo para ti; ejercitarte en reaprender a emocionarte como cuando eras una niña. ¿Qué tal vamos por ahí?. Dedica tiempo a cuidar tu cuerpo y mejorarás tu alma. Empléate en cosas que estén a tu alcance. No quieras ir más allá cuando te atan demasiadas preocupaciones. Al final, si no las logras, te frustras, ¡y es mucho peor!.

¿Qué hacer con las soledad? Reconvertirla. ¡No queda otra!. Lo primero aprender a estar bien contigo misma. ¿Qué habilidades ilusionantes te has dejado en el tintero?. No pierdas la esperanza, podrás desarrollarlas algún día.
Luego tendrás que dedicar tiempo a tus relaciones sociales. Pequeñas pizcas que robarás muy de tarde en tarde tu verás de dónde, pero que también son necesarias.

Guía inteligente
Por si todo lo dicho anteriormente fuera poco, al reto personal de lograr subsistir dignamente a pesar de las circunstancias, le tienes que sumar lo que yo llamo ser guía inteligente.

Los niños vienen sin manual. No sabes, cuando asumes la responsabilidad de ser madre, lo que te espera. Identificarás rápidamente las necesidades físicas y las resolverás, eso es lo más sencillo. Pero la necesidad emocional básica de cualquier ser humano es el amor. Tu hijo necesita desde que lo tienes dentro sentir que le amas. Y ahí no puedes equivocarte, pues de eso dependerá todo lo que viene después. El futuro incierto al que me refería al principio. Incierto porque corres el riesgo de que, cuando tu hijo entre en “contacto con el mundo”, se te vaya de las manos.

Ser guía inteligente supone un gran reto y una enorme responsabilidad. Debe ser un viaje honesto y sincero hacia tu yo profundo que empieza con el acto de la concepción. En él tienes que renovarte emocionalmente. Hacer limpieza. Poner orden. Aprender. Encontrarte. El reto de la maternidad no entiende de errores en este aspecto. Tus hijos no pueden heredar tus males. De tu sabiduría dependerá su punto de partida para la vida y su buena construcción interior.

¿Quién dijo que esto era fácil?. Es agotador, pero no te puedes rendir. No, no eres perfecta. ¡Pero casi!.

Otros artículos de la columnista…

Artículo anteriorContaminar es cada vez más barato
Artículo siguienteEspinete no existe