Leer 2.0: ¿El futuro de la literatura?

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La principal experiencia que se puede esperar del libro electrónico, por muy obvio y de perogrullo que parezca, es la lectura. Y la experiencia, como lector, de un libro electrónico es interesante y placentera (Enrique Dans lo describe muy bien). Primera prueba, por tanto, superada.

Por José Antonio Rodríguez*

¿Qué más podemos, o podríamos hacer, con las posibilidades que nos abre este nuevo soporte?

Hoy podemos descargarnos nuevas obras, almacenarlas y clasificarlas, pero imaginemos que podemos hacer anotaciones a medida que avanzamos en la lectura…
Los comentarios y recomendaciones sobre los libros leídos son algo ya cotidiano. Amazon lo puso en práctica desde el principio y es una de las principales herramientas de prescripción y recomendación (también un excelente argumento de venta y de promoción) que, además, crea Comunidad entre los lectores.

Bien, pero ahora tenemos un dispositivo electrónico en nuestras manos capaz de conectarse y de convertirse en un elemento activo en la Red. Hoy podemos descargarnos nuevas obras, almacenarlas y clasificarlas, pero imaginemos que podemos hacer anotaciones a medida que avanzamos en la lectura (igual que escribimos a lápiz en los márgenes de libros de consulta, marcamos con rotulador fosforito y ponemos marcapáginas para señalar algo interesante), guardar esas anotaciones de manera que nuestro libro se personaliza y se convierte en un ejemplar único.

Vamos a imaginar que podemos compartir las anotaciones. Nuestro libro electrónico se puede asociar a nuestro perfil en Facebook, por ejemplo, y tenemos la opción de compartir en nuestro muro los comentarios y anotaciones que vamos haciendo. De la misma manera que, asociándolo a nuestro canal de Twitter, odemos twittear las anotaciones, los comentarios o las reflexiones sobre lo que leemos ligado al párrafo o frase objeto del comentario (que aparecería como una short URL en el tweet). Podemos enviarlas vía SMS o email…

Si tenemos la opción de identificar nuestro dispositivo como un elemento más de nuestra presencia 2.0, eligiendo preferencias, utilidades y niveles de privacidad y dándolo de alta en redes y canales, entonces podemos “socializar” nuestra lectura y las acciones que desarrollemos en torno a ella. Es posible crear grupos, comunidades y foros ligados a títulos, autores o temáticas, que serán tan dinámicas y participativas como lo sean los lectores.

Podemos elegir la opción no solamente de compartir información sobre qué libros estamos leyendo y los  comentarios que hacemos, también podemos elegir la opción de que nuestro libro nos avise de que en tal párrafo, capítulo o pasaje hay comentarios de otros lectores y que tendremos la opción de consultar antes, durante o después de haber leído el capítulo en cuestión.

También nos será muy útil la “gestión de citas textuales”. Nos encantan las citas, parafrasear a los clásicos, a los modernos y a los eternos. Puede que no hayamos leído las obras completas de Kierkegaard, pero seguro que alguna vez hemos utilizado una cita suya. Nuestro libro nos puede marcar e identificar las citas célebres de la obra que tenemos entre manos y podemos hacer lo que ya hemos comentado para las anotaciones y comentarios.

Hemos socializado la lectura y los lectores, pero socialicemos también a los autores

La Web Social es compartir, generar contenido y compartirlo con los demás convirtiendo el propio contenido en un medio y un canal de comunicación bidireccional, o mejor, multidireccional. Pero cuando pensamos en generar contenidos y compartirlos no estamos pensando en los libros y en los escritores como pensamos en los blogs y los bloggers. Hagámoslo.

El autor, el escritor, el Dan Brown (sin comentarios…) o el Cervantes (con respetos…) de turno deja de estar distante de la vida de su obra para convertirse en su tutor, su acompañante, su velador, incluso uno de sus personajes. El lector puede interactuar con el autor (siempre y cuando esté vivo y decida ser una figura accesible y activa).

El autor se involucra en la actividad, en la Gran Conversación que gira alrededor de su obra. Participa de los comentarios, opina sobre las anotaciones, explica las sensaciones que le llevaron a realizar tal descripción o a construir de tal manera personajes y situaciones…

Si a esto le añadimos la posibilidad de acceder a las fotografías etiquetadas en Flickr o Picasa con términos presentes en la obra, con videos relacionados en YouTube, con información sobre viajes en Wolpy o Dopplr, con acceso directo a la Wikipedia, diccionarios y traductores, con referencias en eBay, con noticias y reseñas en diarios y revistas, con comentarios en blogs, con webs seleccionadas en Delicio.us, con referencias a perfiles de LinkedIn, incluso con información que se esté difundiendo en tiempo real en Radios y Televisiones…

El libro cobra una dimensión social y relacional muy diferente a la que hasta ahora ha tenido, que no es poco. Pasa a ser un libro 2.0, y lo mismo sucede con el lector, el autor, el editor, el distribuidor…

Estamos en los albores de la aventura de leer 2.0.

El paradigma cambia. La experiencia cambia. El negocio en el que el libro se mueve cambia también, y mucho. Seguramente la mayoría de lo que a mí me sugiere este nuevo universo ya lo tienen preparado los chicos de Google, Facebook, Amazon y Microsoft, probablemente con la colaboración de Oracle, Sony, Barnes & Noble e Intel, pero no por eso dejaremos de sorprendernos en el futuro cercano. Un futuro cercano que ya está aquí y cuya presencia tenemos a nuestro alcance desde la Casa del Libro hasta Bubok.

La interactividad es un derecho no un deber.

Nada debe resultar intrusivo o invasivo. Podremos modular, activar y desactivar cuánto y cómo queremos compartir y conversar, de la misma manera que lo hacemos con nuestros perfiles, presencia y participación en las redes sociales de las que somos miembros.

El libro, por muy electrónico que sea y muy conectado que llegue a estar, no deja de ser un placer personal, individual e íntimo. Basta con no activar ninguna de las posibilidades de conectividad y tendremos un elegante dispositivo en una elegante funda de piel en el que disfrutar de las aventuras del Hidalgo desfacedor de entuertos, o de la Crítica de la Razón Pura, aislados del mundanal ruido y de la fragorosa conversación digital.

El lector elige. Eso es lo esencial, que el lector es siempre quien elige.

Yo, desde luego, aunque me sumergiré en cuantas posibilidades ponga ante mí el libro electrónico, seguiré teniendo mi casa llena de estanterías con libros, mi despacho poblado de estanterías llenas de libros y mi corazón rebosante de historias que emanan de los libros.

*José Antonio Rodríguez es director de Lewis&Carroll 

Larga vida al libro, sea cual sea su formato.

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