El pasado 19 de febrero, algunas socias de Paraíso Social Club, y en compañía de Mercedes Wullich, nos reunimos para celebrar la tertulia Lectomotora. El encuentro fue en la casa de Mónica Zgaib, quien supo crear un ambiente cálido para todas nosotras.
Este club de lectura, que coordino e imparto en distintos lugares, es un proyecto que tiene por objeto hacer de la lectura y su puesta en común algo enriquecedor para los participantes.
La lectura en solitario es un ejercicio siempre recomendable, pero el diálogo fomenta la práctica de la escucha activa, la apertura al otro, la posibilidad de expresarse y tener interlocutores que no solo ofrezcan respuestas, sino que formulen preguntas o enfoques que no tienen por qué coincidir con el nuestro.
Lectomotora, el club de lectura de Paraiso Social Club
La Lectomotora es una oportunidad única para practicar el respeto, para construir argumentaciones al fluir de la conversación con un buen té entre las manos, para crear lazos. Una alternativa a la pantalla, al bombardeo de mensajes instantáneos o al posteo compulsivo. No se trata de llegar a conclusiones definitivas, sino de regresar al lugar que nos pertenece y añorábamos, un espacio de verdadera comunicación, donde aprendemos y disfrutamos con aquellos escritores que nos siguen transmitiendo magia, fantasía o lucidez.
Como escritora y, sobre todo, lectora voraz, intento resucitar textos, rescatar de ellos lo mejor de su contenido, incido en la forma y en el fondo, transmito ese entusiasmo que siento por los libros y todo lo que ellos me supieron dar.
En este caso, el escritor que elegí fue el norteamericano John William Cheever (1912-1982). Específicamente, sus relatos «Clancy en la torre de Babel», y «El marido rural”. Este escritor, admirado por Ernest Hemingway, Vladimir Nabokov y Truman Capote, entre otros, inspira el cine de David Lynch o series como Mad Man. Es llamado “el Chéjov de los suburbios”.
Hablamos de esas zonas residenciales americanas, pilar de las clases medias, lugares imaginados, como Shady Hill (El marido rural). En los relatos de Cheever, una prosa muy fluida perfila personajes que se debaten entre la observancia de la vida rutinaria y las exigencias de su mundo interior, donde se producen encrucijadas vitales difíciles de abordar.
De pronto, “el aire huele a cambio”. Hay elementos disruptivos que amenazan la tranquilidad, circulan por Shady Hill en forma de perros libertinos y gatos disfrazados de mujer, de niñas extrañas a las que los vecinos recomiendan que se vuelvan a casa (“Vete a casa, Gertrude”) y dejen de incordiar. Desencantos sociales que reflejan vivencias del autor.
En este proceso, a veces, ocurren epifanías, revelaciones que no siempre son atendidas y todo regresa al momento inicial. O tal vez no. Se pregunta el lector ¿Qué fue de aquel impulso? ¿Hay un momento donde todo cambia, inevitablemente, aunque nada haya cambiado, en realidad? El autor introduce alusiones míticas, una épica de la melancolía, pero también una melancolía de la épica. Lo simbólico se trufa, con maestría, con lo más realista y literal produce resonancias inesperadas que nos pillan desprevenidos, como ese final maravilloso del relato «El marido rural«.
En «Clancy en la torre de Babel» un ascensorista irlandés, muy católico acude todos los días a un moderno rascacielos neoyorkino (la torre de Babel) donde se erige en guardián de la moralidad de sus vecinos, pero habrá sorpresas. ¡Vaya si las habrá…!
Todo esto, y mucho más, es lo que compartimos, comentamos, en esta Lectomotora de Mila Bueno, que se interna echando humo por las vías de la narrativa, ávida de descubrimientos y paisajes sorprendentes. ¡Súbete al tren!


