Las guardianas del planeta

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Vandana Shiva, Margarita Mbywangi o Ruth Muñiz son sólo algunas de las mujeres de cuya valentía y esfuerzo por proteger la naturaleza se han hecho eco en todo el mundo. Unas luchan contra el capitalismo, mientras otras defienden la riqueza de los bosques, la cultura indígena o los animales. Y es que la mujer siempre ha jugado un papel muy relevante en la conservación y uso sostenible de la biodiversidad. Repasamos la historia de seis naturalistas de diferentes culturas y su gran labor en la defensa del medio ambiente y los derechos humanos.

Defensora del ecofeminismo y la antiglobalización
Nacida al pie del Himalaya, en la ciudad india de Dehradun, Vandana Shiva es una mujer con las ideas muy claras. Científica, filósofa y escritora de una gran cantidad de obras, Shiva es una de las voces más críticas contra la globalización, los alimentos manipulados genéticamente y el control de la agricultura por las grandes multinacionales. Defensora del ecofeminismo, en los años 70 se unió al movimiento Chipko, que protegía los bosques con la táctica de abrazar los árboles para evitar su tala. "El ecofeminismo es ahora el desafío más básico contra las estructuras dominantes de todos los tiempos, que son el capitalismo racista, en el sentido de que domina el privilegio de las particularidades, y definitivamente patriarcal, porque asumimos que toda la humanidad, hombres y mujeres, ha de ser modelada según el hombre capitalista", cuenta Shiva en una entrevista.

Ganadora del Premio Right Livelihood (conocido como ‘Premio Nobel alternativo’) de 1993 por "situar a las mujeres y a la ecología en el corazón del discurso del desarrollo moderno", esta india de 56 años es fundadora y directora del ‘Research Fondation for Science, Technology and Natural Resource Policy’. Además, Shiva ha sido galardonada con el Global 500 de 1993 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y el premio internacional del Día de la Tierra, también de la ONU.

La primera ministra indígena de Paraguay
Margarita Mbywangi proviene de la comunidad indígena aché de Chupapou, situada en el Bosque de Mbaracayú. "Cuando tenía cuatro años, los blancos me raptaron en la selva y fui vendida varias veces a familias propietarias de haciendas. Me enviaron a la escuela, y allí puede aprender a leer y escribir", declara Mbywangi, que se convirtió en cacique de su comunidad, cosa que de por sí ya es extraordinaria, ya que no hay precedentes de mujeres caciques en Paraguay.

En las pasadas elecciones fue candidata a senadora por parte del movimiento Tekojoja, apoyando al por entonces aún candidato a presidente de la República del Paraguay, Fernando Lugo, que acabaría desbancando al Partido Colorado tras más de 60 años de Gobierno ininterrumpido. "Para los indígenas, el bosque es su madre, su vida, su presente y su futuro", y ésta es la razón de la lucha de Margarita. Logró escapar de su destino esclavo para volver a su comunidad y ahora trabaja por ellos tanto desde el Comité de Gestión de la Reserva Natural de Mbaracayú, como desde su puesto político en el Instituto Paraguayo del Indígena (INDI).

La niña que silenció al mundo
Así es como se conoce a Severn Suzuki, una canadiense que con tan sólo nueve años fundó la Organización Infantil del Medio Ambiente (Environmental Children’s Organization – ECO), formada por un grupo de niños que enseñaban a otros jóvenes la importancia de proteger el medio ambiente.

"Hola, soy Severn Suzuki y represento a ECO. Somos un grupo de niños de 12 y 13 años de Canadá intentando lograr un cambio: Vanessa Suttie, Morgan Geisler, Michelle Quigg y yo. Recaudamos nosotros mismos el dinero para venir aquí, a 5.000 millas, para decirles a ustedes, adultos, que deben cambiar su forma de actuar. Al venir aquí hoy, no tengo una agenda secreta. Lucho por mi futuro". Éste es el principio del discurso que dejó con la boca abierta a los representantes de la ONU en la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en 1992 en Rió de Janeiro (Brasil) (pincha para ver el discurso de Suzuki subtitulado en castellano). Suzuki habló de las cuestiones ambientales más importantes y dejó claro que ella y sus compañeros eran esas "futuras generaciones" por las que el desarrollo sostenible necesitaba ser hecho realidad. Hoy tiene 28 años, es licenciada en Biología evolutiva y Ecología por la Universidad de Yale (EEUU), ha ayudado a crear el ‘Skyfish Project’ y ha llegado a participar en la comisión asesora especial de Kofi Annan para cuestiones de medio ambiente.

Luchadoras por la biodiversidad y los derechos humanos en Papúa
Yosepha Alomang nació hace 59 años en Irian Jay (Papúa Occidental), una de las zonas con mayor biodiversidad del planeta y donde se asienta una de las mayores compañías mineras del mundo propiedad de Freeport McMoRan Copper & Gold (Louisiana). Durante 30.000 años las poblaciones indígenas han vivido de forma sostenible, pero en los últimos 30 años las prácticas mineras han destruido la naturaleza y ha forzado el desplazamiento de las comunidades. Mamá Yosepha, como también la conocen, organizó durante 20 años protestas pacíficas contra la mina, hasta que en 1994, el ejército indonesio la apresó y torturó durante semanas. Presidenta del Centro Mamá Yosepha, recibió en 2001 el premio Goldman Environmental. "Mucha gente habla de la libertad
, pero ¿qué es la libertad para los habitantes de Papúa? Libertad es poder recibir educación, dejar atrás la pobreza y el sufrimiento. Eso significa libertad en nuestra lengua"
, dice la declaración de Alomang.

En una lucha similar destaca otra mujer, Paula Makabory, quien por defender los derechos humanos y la naturaleza, se vio obligada a exiliar tras ser acusada de organizar fugas, o quizás por tratar de ampliar información relacionada con varios asesinatos cerca de la ciudad minera de Timika (donde se sitúa la mayor mina de oro del mundo) en 2002. Paula espera en Australia a que el Gobierno Indonesio garantice su seguridad para poder volver a su hogar y a su trabajo en el Instituto de Estudio y Defensa de los Derechos Humanos en Papúa Occidental (Elsham).

Protectora del Águila Harpía en Ecuador
Ruth Muñiz es gallega y una ornitóloga apasionada. Nacida en 1974 en Pontedeume, un pequeño pueblo costero de A Coruña, Ruth se mudó pronto a Andalucía y fue en la Universidad de Granada donde se convirtió en bióloga. Cuando su familia se trasladó al Estrecho de Gibraltar (Cádiz), las aves comenzaron a llamar su atención.

Esta gallega, que también reconoce sentirse andaluza y ecuatoriana, trabaja inmersa en las las selvas ecuatorianas con el firme propósito de proteger al águila harpía (Harpia harpyja). Esta rapaz es uno de los espíritus del bosque más importantes para las culturas indígenas de las junglas sudamericanas y el mayor depredador alado de estas selvas. Ruth, que lleva casi diez años en Ecuador, pasa días enteros en estos entornos tropicales para investigar y recoger datos sobre este gran ave junto a los indígenas. Además, promueve proyectos que toman como emblema a esta rapaz no sólo para evitar su extinción sino también, como explica ella misma, "para apoyar la supervivencia de los valores culturales indígenas del área vinculados a su relación con el bosque y revalorizar estas zonas ante la incursión de actividades extractivas".

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